Revolutions Per Minute Revolutions Per Minute

Álbumes

Reflection Eternal Reflection EternalRevolutions Per Minute

7.5 / 10

Reflection Eternal  Revolutions Per Minute WARNER BROS

En los ocho años que separan al primer disco de Reflection Eternal, proyecto a dúo de Talib Kweli y el productor Hi-Tek, de “Revolutions Per Minute” se puede decir que ha cambiado casi todo en el discurso y la propuesta artística de sus dos protagonistas, pero sobre todo en la visión y la idea que ambos tenían y tienen del hip hop, notoriamente distinta y evolucionada en esta década de lapso. El rapper se ha mantenido a flote, seguro y cómodo, en un estatus intermedio, ni mainstream ni underground, gracias a un par de álbumes, los que siguieron al excelente “Quality”, editado pocos meses después de “Reflection Eternal”, que perseguían con cierto ahínco una idea de hip hop total, punto de encuentro de singles eficientes, concesiones coyunturales, esencia soulful, lírica conscious y guiños street. Su sonido se ha comercializado en este tiempo, abriendo su paleta estética, melódica y rítmica a las corrientes que han imperado desde entonces, dejando de lado la vertiente más ortodoxa de sus inicios –recuperada con su álbum conjunto con Madlib, más anecdótico que revulsivo– para centrarse en un concepto más conciliador. Su habilidad para no traspasar nunca ciertos límites ni para entrar en territorio crossover con pies de elefante le ha servido para conservar el respeto de buena parte de sus seguidores, sobre todo porque su apuesta expansiva siempre se ha llevado a cabo con gusto, criterio, tacto y coherencia, con mejores resultados en “Eardrum” que en “The Beautiful Struggle”, a día de hoy su grabación más discutible.

Hi-Tek, por su parte, ha protagonizado una maduración mayor si cabe. Si comparamos alguna de las canciones que legó para el catálogo de Rawkus en los años dorados del sello, o incluso sus colaboraciones con Mood, con cualquier aportación de su tríptico “Hi-Teknology”, sobre todo el tercero, apreciaremos con rapidez la reformulación de sus propios patrones expresivos. Su experimentación y crecimiento han coincidido con la adopción de un sonido más melódico, ecléctico y universal. Queda claro, pues, que ninguno de los dos es el mismo de 2002 y que, por una cuestión lógica y natural, el retorno de Reflection Eternal no podía seguir la estela de su predecesor. No hubiera tenido mucho sentido proponer una suerte de recreación de aquél en tiempo presente, sobre todo porque ninguno de los dos se siente cercano ni ligado a ese pasado. La suya no es la arquetípica reunión de dos viejos amigos que retoman su camino conjunto para recrear sus vivencias, rememorar batallitas y acabar sentenciando aquello de cualquier tiempo pretérito fue mejor, sino más bien para ponerse al día y ahuyentar el fantasma de la nostalgia o el acomodo. Y esa idea, a mi modo de ver valiente, lógica y totalmente necesaria, se acaba convirtiendo en virtud y problema al mismo tiempo.

Entra las virtudes de esta huida hacia delante destaca la madurez que desprenden las canciones. Éstas tienen poso adulto y el sonido baja las revoluciones, pisa el freno, suaviza las formas y añade calidez y sensualidad a su apuesta. Propone algo distinto y diferente. Establece firmes y melódicas conexiones con el nu soul y, en líneas generales, con una intensidad más downtempo acorde a estos casi nueve años de distancia entre éste y el primer episodio. Kweli apenas modifica sus hilos argumentales, todavía hoy centrados en asuntos políticos, emoción urbana y deje conscious de manual, aunque su lírica sigue mostrando síntomas de crecimiento y desarrollo, afinando bien en los momentos de mayor ambición temática y rebajando su propio halo trascendente en los instantes más desenfadados. Y además redondean el proyecto con espléndidas colaboraciones de Bun B, Jay Electronica, J. Cole, Mos Def, Estelle o Bilal, entre otros, que vienen a confirmar el buen criterio y gusto con el que ambos siempre han elegido a sus aliados. Pocas objeciones, la verdad. En líneas generales, “Revolutions Per Minute” es un buen disco, más accesible que comercial, más estilizado que refinado, más sexy que metrosexual, y definitivamente funciona mejor como reflejo de lo que han pretendido, y han conseguido, convertirse ambos artistas con el paso del tiempo que como reunión de dos personalidades bien complementadas en el estudio que legaron un debut conjunto histórico. Efectivamente: ahí encontramos el principal inconveniente de este retorno.

El problema es que la comparativa con su predecesor no le beneficia ni le ayuda. “Revolutions Per Minute” es peor álbum que aquél, y eso más o menos lo sabíamos y lo esperábamos, contábamos con ello. El contratiempo es que la pareja ha perdido intensidad, feeling, ambición y dinamismo en su propia interacción creativa y expresiva. Los dos ya no son nuevos gatos con hambre de lobo que se vacían por dentro para firmar cada lanzamiento, no les va la vida en ello, y ese fulgor, que parecía multiplicarse cuando trabajaban juntos, yace ensombrecido por la acción de una actitud más acomodada y apalancada que influye en algunos pasajes del recorrido. El disco pasa por diversas fases anticlimáticas de cierto aburrimiento y sosería que impiden la excelencia e incluso el notable alto y que contrastan con los grandes logros, que también los hay, de un regreso que, pese a esos detalles, cumple su misión con creces y sin dificultades: la exposición fiel y honesta, con sus pros y contras, de lo que es Reflection Eternal a mediados de 2010.

David Broc

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