Return II Space Return II Space

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Digital Mystikz Digital MystikzReturn II Space

8.3 / 10

Digital Mystikz Return II Space DMZ

El dubstep ha dejado de ser dubstep para pasar a ser otra cosa. Al utilizar la etiqueta hay que andarse con cuidado, porque se puede significar con ella algo que realmente no es lo que se desea señalar: hablar de “post-dubstep” es una trampa, un galimatías, porque el post-dubstep no deja de ser la evolución del género a partir de su enriquecimiento por el aporte de otras fuentes –garage, techno líquido, chiptune, percusión funky, procesos psicodélicos, new age, whatever– sin que en ningún momento se diluya la base. Como esas pizzas de masa fina, que no haya apenas pan y sí mucho queso o pepperoni no quiere decir que el pan no sea imprescindible. El dubstep, por tanto, se ha convertido en esa figura literaria que conocemos como sinécdoque: una parte para significar el todo. Es un sonido bastardo, contaminado, desplazado de su propio eje en busca de una nueva órbita, y sólo en ocasiones muy concretas se puede hablar de él sin perífrasis, sin tener que dar un rodeo semántico. Como cuando se habla de Digital Mystikz, con quienes se puede tener la seguridad de que la palabra dubstep cobra un sentido puro, como la droga sin cortar.

En estos últimos tres años ha sucedido que la mayoría de productores ha trabajado duro para expandir sus límites –y, como un globo o un universo en expansión, han acabado por deformarse y alejarse del punto de origen–, y sólo unos pocos han querido ir en la dirección contraria: expandirse hacia dentro, indagar en los vericuetos del sonido, forzar los límites bajo la tiranía de unas reglas rígidas e inquebrantables. Entre ellos, Mark Lawrence, alias Mala, el auténtico conservador del espíritu dubstep tal como se concibió en el South London: asfixiante, ese sonido que parece envolver pero que en realidad aprieta como una pitón, comandado por un bajo marcial y rodeado de un eco terrorífico, como un agujero negro que tuviera su vórtex en la misma entrada de tu oído. No iremos ahora a repasar su currículum, porque tanto el club DMZ –luego bifurcado en sello, este sello–, como su alianza con Coki en Digital Mystikz y luego su dirección en solitario del sello Deep Medi darían para un libro, no para un párrafo. Pero sí es importante indicar aquí que todo ese currículum escrito con letras de oro no se ha estancado como el agua en un charco, y que “Return II Space” es uno de los capítulos más brillantes de la última música de club londinense, pues es la demostración de que el dubstep –en su acepción más intransigente, sin alteraciones de su código genético– todavía es un sonido capaz de echarle un pulso al futuro. Es cierto que la escena, lo que queda de ella (y localizable en lanzamientos puntuales de Punch Drunk, Tectonic o Dub Police) ya no da para mucho más, que su ciclo está agotado, pero ese es un axioma que Mala no acepta porque sabe que todavía tiene cartas que jugar en esta partida.

Los seis temas de “Return II Space” –publicados exclusivamente en plástico, en un triple vinilo de gramaje espectacular: la carpeta, cuando la abres, te muestra una fotografía del amplio espacio sideral– son los seis mejores cortes que ha dado el dubstep desde que éste empezó a transformarse como el Gregor Samsa de Kafka en “La metamorfosis”, y quién sabe si serán los últimos temas, el fin de la historia. Eso no lo sabemos, pero el final abierto deja a este objeto –que inunda el espacio al contacto con la aguja como la explosión de una supernova– como el perfecto cierre de un ciclo o como un último acto heroico en los últimos instantes de una batalla fratricida y a muerte. Hay depuración, precisión, perspectiva y fidelidad a los recursos de siempre: la cadencia filojamaicana en “Unexpected”, el arpegio insistente y el detalle cósmico en la extraordinaria “Pop Pop Epic”, el trasfondo tóxico en “Mountain Dread March”, la colisión de líneas de bajo enfurecidas y breaks mansos –como partículas subatómicas en el acelerador del CERN– para liberar la energía de “Eyez”, el descanso downtempo de “Livin’ Different”, el arreón final de bajos como fieras y nerviosismo sin domesticar de “Return II Space”. Ahora que incluso Skream se ha decantado hacia el pop en un dudoso crossover comercial, un disco como éste –que encadena las referencias 15, 16 y 17 de DMZ en un mismo pack– es absolutamente necesario, pues demuestra que no todo vale y que incluso ideas aparentemente superadas todavía pueden desencadenar un big bang. Javier Blánquez

"Return II Space"

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