Retrospective Retrospective

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Bizzy B Bizzy BRetrospective

8.3 / 10

Bizzy B  Retrospective PLANET MU

Salvando excepciones como Breakage, Equinox o Lynx + Kemo –y alguna más, pero la lista es forzosamente corta–, esta década para el drum’n’bass no ha sido buena. Eso no quiere decir que haya sido mala: lo que ha sido es cansina, repetitiva, exhausta de ideas, con leves avances que, en comparación con la velocidad supersónica que alcanzó en el decenio anterior, cuando cada mes aparecía una mutación fascinante, ha acabado resultando claramente insatisfactoria. Buscar las causas de ese estancamiento ahora mismo no nos corresponde porque el análisis merecería otra ocasión y otro espacio, pero que el garage y el dubstep le hayan comido el terreno creativo y el espacio mediático tiene mucho que ver, con el agravante extra de que, una vez recluido y fortificado en el underground entre sus fieles, el drum’n’bass no ha sabido reconvertirse, renovarse alejado de la presión de los focos. Lo que sí hizo fue agudizar su instinto de supervivencia y conservación radicalizándose hacia adentro, manteniendo las pautas existentes en lugar de crear nuevas. Diagnóstico: el paciente sigue grave.

Lo que sí se ha dado en los últimos años son las condiciones para que se exhume como dios manda el cadáver del antiguo hardcore, se le hagan tributos y antologías, e incluso salgan nuevos productores que, partiendo del sonido anciano, salgan con su versión contemporánea del asunto, algo así como lo que fueron Miss Kittin & The Hacker al sonido hi-NRG de Bobby O. ¿Es el proto-jungle el nuevo electroclash en materia de revival que lo devorará todo? No iremos tan lejos asegurando algo harto improbable, pero con gente como Burial insistiendo en que su adeene musical hay que buscarlo en los viejos maxis de Rufige Kru, Photek o Dillinja, con muchos productores dubstep –hablamos de Boxcutter y Sully, fundamentalmente– moldeando los breaks con la amplitud de campo con la que los esculpían artesanos del hardcore como Acen, Omni Trio o el Bizzy B que nos ocupa, y con sellos revival como Hate –sucursal del más technoide Modern Love en el campo de batalla del jungle– incidiendo en ese rescate del pasado, en algún momento tendrá que llegar la fiebre de la polirrítmia, la bocina, el sample de película de terror y la sábana de sintetizador espacioso. Nota: ¿por qué precisamente ahora mezcla un nuevo volumen de Fabric ese LTJ Bukem al que dábamos por enterrado?

Si hubo un sello que se preocupó por el hardcore-breakbeat cuando este género no le importaba a nadie, ese es Planet Mu: se publicaron nuevos maxis de un Bizzy B que parecía jubilado, se editó una antología de otro ilustre olvidado del primer jungle (o sea, Remarc), y ahora aparece el disco que hace tiempo que tendría que haberse planchado pero que se habrá aplazado porque capturar buenos masters y licenciar material fechado entre los años 1992 y 1994 no debe ser fácil. “Retrospective” es una manera elegante de zanjar una deuda pendiente con uno de los productores más oscuros, recónditos y menos publicitados de la época en que la música rave inglesa entraba en el largo, oscuro túnel de velocidad, drogas chungas y fiestas peligrosas, del que le costó dos años salir y que dejó por el camino una sensación de paranoia, insania y desesperación que hacen de esta música un momento único en la historia, no ya de la electrónica, sino de los sonidos fuera de este mundo. Muchos estamos con Simon Reynolds en que si ha existido un momento irrepetible e inapelablemente futurista entre los ritmos de baile, es ese darkcore hiperveloz y angustioso de los tiempos de Reinforced, los primeros maxis de Production House y los rarísimos white labels que se planchaban con el nombre de Bizzy B en la galleta a rotulador: Brain, White House y One Nation.

Bizzy B no quedó como nombre carismático porque, entonces, la estrella no existía: lo que había era un chorro de material semi-anónimo que los DJs utilizaban, exprimían y desechaban en cuestión de pocas semanas. Bizzy B era un adolescente absorbido por el torbellino de locura y novedad que con sus máquinas –y todavía no se sabe cómo coño hacían todo aquello– le sacaba todo el jugo al amen break, la estructura rítmica fundamental del primer jungle, un tipo de patrón quebrado imposible de describir y cuya sensación más cercana sería la de dejarse atropellar por el ejército de Atila, todo ello saturado de riffs agudos, voces ragga, sonidos acelerados al máximo y roto con breves ráfagas de ambient celestial que creaban la ilusión de estar flotando entre el cielo y el infierno, como un alma en pena –que más o menos eso eran los pobres que sobrevivían a una rave en un descampado inglés tras doce horas de politoxicomanía, luces estroboscópicas y música más rápida que el Talgo.

Conclusión: después de los “Science EP” –cuatro entregas y un CD, todo ello material nuevo–, por fin Planet Mu saca a la calle una selección de 14 temas originales de Bizzy B de la época, un festín de amen, de cajas a toda leche, de pequeños grillos que perforan tu cráneo, te cosquillean la parte parietal del cerebro, y te obligan a plantearte por qué la música no fue durante un poco tiempo más así, y cuándo se producirá un estudio arqueológico y actualizado serio al respecto. Este podría ser el comienzo. Y si no lo es, recopilación de toma pan y moja que nos queda. De aquí no se puede sacar ninguna lectura mala.

Javier Blánquez

*Escucha el disco completo aquí

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