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Álbumes

Cupp Cave Cupp CaveRetina Waves

7.6 / 10

Funk, deep house, disco, ambient, hip hop y jazz en estado líquido burbujeando en un jacuzzi de psicodelia futurista. Invocaciones esotéricas que llegan desde los confines del espacio profundo. Ecos lejanos de sonidos mercuriales que describen parábolas imposibles en los cascos. Cupp Cave ha creado un mundo y eso, con el planeta del beat lisérgico a punto de consumir sus recursos naturales, es un mérito que hay que resaltar a golpe de fanfarria.

Las abundantes comparaciones con Flying Lotus y Andy Stott que se encuentran en la red son bastante acertadas. Hay en la música narcótica del belga lo mejor de ambas heráldicas, pero el material resultante es tan vaporoso y está cocinado a tan altas temperaturas que se muestra en forma de un extraño plasma. Plasma que irradia un calor especial e hipnotiza con movimientos ondulatorios, creando extrañas dunas de electrónica avanzada para amantes del cubismo y los desafíos estéticos.

A pesar de tener en el mercado un disco de instrumentales cortas llamado “Garbage Pail Beats” y algunos 12”s en Thin Consolidation o Vek, el nombre de Cupp Cave comenzó a sonar con fuerza a raíz del EP “Dice Pool”, editado el año pasado. Se dice que los mandamases de Ramp Recordings quedaron tan impresionados con aquello que no dudaron en convertir al chaval en uno de los fichajes estrella de la escudería. Hicieron bien. “Retina Waves” es un disco enorme que vive del error. Del desajuste. Franz Baker coge esqueletos rítmicos propios del house, el minimal y la música disco y los somete a un castigo durísimo, deformando por completo su fisonomía, saturándolos hasta ahogarlos, convirtiéndolos en última instancia en extrañas masas rítmicas que parecen asimétricas, se pisan entre ellas y avanzan a trompicones. Todo parece fuera de lugar pero acaba encajando en un inabarcable mantel de melancolía, ambient brumoso y electrónica para noches solitarias. Esta magia de trasmutación la dominan muy pocos productores, y la elegancia y fluidez con que el tipo ejecuta sus trucos es más rara de ver que un unicornio con la voz de Eddie Murphy. De ahí la excitación.

Porque lo que hace Baker es algo único y precioso. “Airlining” transforma la psicodelia californiana más alucinógena en una misa druídica de disco goth, espolvoreada con melodías espirituales. “Tigepath” es inquietud en estado puro: el sonido está saturado a conciencia, una guitarra deformada repite un rugoso punteado hasta la extenuación, el track se desliza trabajosamente sobre un fondo house acolchado bajo incontables capas de espuma. “White Out” es una dulce pesadilla con sintetizadores hipnagógicos, cánticos chamánicos en reverb y muros de sonatas glitcheadas; hay que escucharla para sentirla. “Kid’s A Loner” se revela como un híbrido entre J Dilla, Dimlite y Salem. “Bed Slap” recuerda a los devaneos indochinos de Shigeto, pero termina siendo una balada de house invisible con claps y bombos ocasionales que apenas se perciben, pero están ahí, como los fantasmas del Museo del Prado. Hasta los patrones más ortodoxos, como el deep house robótico de “Mouth Rip” mantienen el pedigrí de la originalidad intacto. Aquí hay talento. Un mundo nuevo a descubrir. Porque así se hacen los grandes discos: con alevosía y mucha nocturnidad.

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