Resurrection Resurrection

Álbumes

Virgo Four Virgo FourResurrection

8 / 10

Virgo Four  Resurrection

RUSH HOUR

Lo que ocurrió con Virgo no fue un hecho aislado. La historia entera del house en la ventosa Chicago, al menos en la primera fase de su desarrollo, es la de una tremenda decepción con los dueños de los sellos discográficos y las tiendas. Eric Lewis y Merwyn Sanders llegaron a publicar algunos de sus 12” de house primigenio en el sello Trax de Larry Sherman, que si bien impulsó el acid y el house jazz local hacia la hambrienta Europa –propiciando así el boom mundial juntamente con el sonido hermano de Detroit–, no se distinguió por tratar bien a los artistas, chuleando pagos y escatimando en los contratos –si es que había contratos–. Muchos productores se retiraron del juego pronto, desencantados; otros prefirieron buscarse la vida por otro lado, los hubo que hibernaron y, de este modo, la historia del house en sus primeros años permanece incompleta porque mucha música potencial nunca se grabó y mucha música que acabó en cinta nunca llegó a escucharse. Es el caso exacto de este material que, tras meses de meticulosa reconstrucción arqueológica, rescata Rush Hour: un puñado de inéditos de Virgo Four fechados entre 1984 y 1990 que podrían haberse perdido para siempre. Por suerte, aquí están.

Ya el año pasado, el único álbum editado por la pareja de Chicago se pudo recuperar del olvido también gracias a Rush Hour. Publicado por Radical Records en 1989, daba la medida exacta del house excelente de entonces: burbujeante en la línea Phuture, melódico y sinuoso como el de Larry Heard, en tensión como los tracks de Marshall Jefferson. El nombre de Virgo sólo lo manejaban los muy expertos en Chicago o los muy veteranos en esta guerra, y para los diggers de Rush Hour ir más allá de la reedición se convirtió en una cuestión imperiosa. Las conversaciones con Lewis y Sanders fueron amenas, el trato correcto, y al saberse que había archivos vírgenes la confianza de unos en los otros hizo el resto. Lo demás fue pasar el trapo, limpiar polvo y ruidos, y extraer el tesoro: la edición en CD incluye sólo 15 cortes; el vinilo –dividido en cinco placas–, más del doble. Y la magia del viejo house vuelve a materializarse como si fuera ayer.

Este hallazgo no reescribe la historia, ni tampoco la modifica excesivamente. El fechado de varios cortes en 1984, cuanto menos, añade a Virgo Four al exclusivo elenco de pioneros del house junto a Jefferson, Jesse Saunders, Farley Jackmaster Funk y demás, y refuerza la nomenclatura que identifica este sonido más como home-made –el estudio de Virgo era precario y casero; todo lo que aquí se descubre fue grabado en esas pobres condiciones– que club-oriented para que Frankie Knuckles lo pinchara en Warehouse. Pero esto son teorías, únicamente. La verdadera certeza es que durante más de 20 años hemos permanecido ajenos a joyas de tirante musculatura y nerviosa abstracción. No asoma por aquí ningún “Acid Trax”, ni un “Washing Machine”, tampoco ningún “Promised Land”; ningún tema se advierte con potencial de clásico oculto –en la mayoría de los casos son jams caseras, experimentos con las máquinas y el ritmo, que en ocasiones se deberían desestimar como terminados a juicio de sus autores–, pero hay muchas otras cosas, desde pistas ardientes como “Moscaw”, “The Mop” y “Crayon Box”, que prefiguran la curvatura lisérgica de la 303, a excursiones deep en la línea de Mr. Fingers ( “In The Valley”, “Let The Music Play”), valiosas aportaciones a la raíz del garage vocal ( “Sex”, “Lost Inside Of You”) y primeras aproximaciones al hard house de mediados de los 90 al que se apuntarían Green Velvet y los Daft Punk del primer single ( “Sexual Behaviour”).

Cada uno de los fragmentos recuperados por Virgo tiene su intríngulis, conservan un linaje y añaden matices a la interpretación de los hechos acaecidos en Chicago en un momento, a mediados de los 80, en el que la música estaba cambiando y haciendo historia. La preciosa edición en vinilo, el material abundante y la pureza de la música quizá anime a considerar estas rarezas de Virgo Four con un valor mayor al real –de haberse editado en su momento, el house que conocemos no habría cambiado en lo esencial–, pero nada debe ocultar el motivo por el que hay que hacerse con ella: porque aquí hay, como si fuera nueva, una sobredosis de dance music como la que ya no se hará nunca más en la vida.

Javier Blánquez

Virgo Four - Boing

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar