Restless Idylls Restless Idylls

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Tropic Of Cancer Tropic Of CancerRestless Idylls

7.6 / 10

En la crítica que publicamos de uno de sus últimos EPs, “Permissions Of Love”, para el sello italiano Mannequin Records nos preguntábamos qué podía ocurrir con Tropic Of Cancer. Este grupo, que se dio a conocer en 2009 de la mano de Downwards, estaba formado por Juan Mendez (también conocido como Silent Servant) y la vocalista Camella Lobo. Por aquel entonces, todo parecía indicar que era un proyecto del primero con la colaboración de la segunda. Pero algo ha cambiado en los últimos meses. Tras publicar una serie de EPs y singles en mil y una plataformas, el dúo se separó con la marcha de Mendez, y todo hacía pensar que ese álbum de debut que nos debían desde hace mucho a los acólitos de la oscuridad jamás llegaría. Pero nada más lejos de la realidad, la angelina Lobo prosiguió su labor al frente del proyecto y empezó a grabar las canciones de su estreno en largo para Blackest Ever Black, quienes en el pasado ya confiaron en ellos en un soberbio maxi que destacamos de entre lo mejor de 2011. Así se puso a trabajar entre Nueva York y Londres con la ayuda de Karl O’Connor (el sargento Regis) a la producción para dar forma a “Restless Idylls”.

Lo que más sorprende de este álbum en una escucha superficial es que el hecho de que ahora lidere el proyecto una vocalista no significa ni mucho menos que se haya optado por una estructura de canción más tradicional, más, digamos, pop. En este sentido, cuesta encontrar en este “Restless Idylls” hits post-punk tan efectivos e inmediatos como “A Color”. Al contrario, Camella Lobo y Karl O’Connor han apostado por hacer de estos temas mucho más densos y que la voz aparezca, sí, pero siempre con ese tono espectral y monótono que ya había empleado en el pasado. En resumidas cuentas, no es éste un trabajo de fácil escucha y para adentrarse como el de arriba manda en su universo musical se requieren varias escuchas concienzudas. Con todo, esto no significa ni mucho menos que se hayan distanciado del discurso habitual de Tropic Of Cancer; simplemente han acentuado según qué aspectos. Por ejemplo, ahora las atmósferas están mucho más cuidadas, como puede observarse en la introductoria “Plant Lilies At My Head”. Siguen también insistiendo en los ritmos lentos tal y como puede comprobarse en la pesada “Court Of Devotion”, primer momento donde aparece una sección rítmica adormilada y descrita como una canción de amor (no olvidemos que la temática de este trabajo es la habitual: el romance, la devoción, el dolor y la impotencia).

Lo que resulta extraño es que Lobo ha descrito este álbum como una manera de alejarse de las temáticas “depresivas y tristes” de anteriores lanzamientos y que de alguna manera, estas ocho canciones –completamente nuevas, por cierto– tienen el objetivo de “enfatizar la luz” en su música. Pero eso es algo difícil de creer escuchando “Restless Idylls”, un trabajo psicológicamente retorcido, con poco espacio para la luz. No hay más que catar “Hardest Day”, que es algo así como si a Raime les encargasen la banda sonora de “Drive”. Hay más paralelismos con el misterioso dúo británico que hacen que este disco funcione tan bien en un sello como Blackest Ever Black. “Wake The Night” tiene esa misma percusión comatosa, esos aires siniestros, opresivos y de película de terror psicólogo. Pero quizá más por costumbre que otra cosa, parece que este tipo de música tan dependiente de las atmósferas funcione mejor sin voz. La presencia de Camella Lobo queda, pues, más justificada en números más ensoñadores y hasta cierto punto amables como “Children Of A Lesser God”. Aunque todo hay que decirlo, sus más de siete minutos se hacen un poco repetitivos llegados a cierto punto. Algo que no ocurre en uno de los puntos álgidos del LP, “More Alone”, la canción con la que lo presentaron. Post-punk metronómico de ultratumba en la que vemos a una Lobo más entregada que nunca. Lo más cercano a un hit que hay aquí.

“Restless Idylls” es un álbum que funciona en todas las facetas que ha/n mostrado Tropic Of Cancer en los últimos años y se beneficia por completo de la producción de Karl O’Connor, quien consigue que temas tan genialmente titulados como “The Seasons Won’t Change (And Neither Will You)”, tan impregnados de ese sonido del pasado, suenen a la vez rabiosamente modernos. Se ha hecho esperar, pero este disco es todo lo que podíamos esperar de un estreno en largo del proyecto angelino. Cuando se anunció la marcha de Juan Mendez todos temíamos que esto ya no volvería a ser lo mismo, pero su ausencia no se echa en falta en ningún momento, y eso es mucho decir.

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