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Oneohtrix Point Never Oneohtrix Point NeverReplica

9.1 / 10

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A pesar de que el anterior disco de Oneohtrix Point Never ofrecía la versión más depurada de su música hasta entonces, y planteaba algunos caminos nuevos en la emocionante “Ouroboros” y en la revisión del concepto musical Fourth World desarrollado en los ochenta por Jon Hassell, así como la corriente estética del biomorfismo en “Preyouandi”, existían ciertas dudas sobre sus pasos posteriores, que tenían que ver precisamente con la idea de que aquel disco representaba los límites estéticos de su propuesta. Lo que Daniel Lopatin ha publicado entre “Returnal” y este “Replica” no ayudó tampoco a resolver las dudas: en el interesante EP de Games la opción era salirse por la tangente y meterse de lleno en el terreno del pop mainstream y el italodisco de los 80s, aunque más tarde, en el LP de Ford & Lopatin no terminase de redondear la propuesta por falta de canciones pop efectivas. Su otro disco de este año pertenece a la serie FRWKYS y le presentaba colaborando con otros ases del pop hipnagógico como James Ferraro o Laurel Halo, un disco inspirado, aunque en él tampoco se podían atisbar los nuevos territorios por los que se adentraría en un futuro.

Llegamos así a la publicación de “Replica”, con el que Lopatin se sacude cualquier posibilidad de estancamiento en su propuesta y ofrece una reinvención de su sonido. La emoción apuntada en los breves dos minutos de “Ouroboros” del anterior disco se convierte aquí en omnipresente. Así, el disco arranca con la calidez ambient –sí, también cercana a la new age– de “Andro” y demostrando una vez más su capacidad para crear paisajes sonoros capaces de evocar con fuerza paisajes geográficos, en este caso glaciales, desolados, en una suerte de revisión hipnagógica del romanticismo. Sobre estas placas de sonido helado planean los sintes y otros sonidos que hemos aprendido a asociar con Oneohtrix Point Never. Tras la calma inicial, el fondo sonoro empieza a agitarse con ruidos de diversa procedencia, hasta desembocar en una amalgama de ruido y percusión que enlaza a la perfección con el punto en el que lo había dejado al final de “Returnal”.

“Power Of Persuasion” introduce otro de los elementos más distintivos de este disco: el piano, que aquí tiene ecos minimalistas, también presentes en el modo de samplear la voz humana –con efectos rítmicos, en una técnica bautizada como Echo Jam por el propio Lopatin– en cortes como “Sleep Dealer” o “Nassau”. A la altura de “Power of Persuasion” ya se puede constatar que la apuesta más importante de Lopatin es por la emoción. Así, canciones como ésta hacen pensar en torch songs para replicantes y en esa misma búsqueda de la humanidad en un entorno futurista deshumanizado. En este sentido, la torch song más clara, y la cima emocional hasta el momento en la carrera de Lopatin es “Replica”, un tema que roza la perfección con su breve melodía de piano repetida hasta el hipnotismo, sobre un fondo en el que Lopatin despliega ruidos, referencias orientales y sintes.

Técnicamente también es evidente que ha habido un giro, abandonando casi por completo los drones en favor de una estética más fragmentada, en la que el sample también se convierte en un elemento primordial. De manera similar a como VHS Head busca sus sonidos en oscuros trailers de cintas de VHS en los 80s, Lopatin explica en entrevistas recientes cómo algunos de los sonidos de este disco han sido extraídos de un DVD con anuncios de los ochenta, sacando emociones genuinas de sonidos creados inicialmente para promover el afán consumista.

Otro aspecto relevante a lo largo de todo el disco es cómo no suena recargado en ningún momento. Más bien al contrario, la mayor parte del disco es escueto y conciso, explorando a fondo las posibilidades de una serie de elementos básicos: el piano, los sintes, acercándose incluso a lo que podría entenderse como su propia –y muy esquiva– aproximación a la canción pop, con resultados mucho más interesantes que los obtenidos en el proyecto Ford & Lopatin. Esto es algo que hace que el disco suene depurado y también coherente de principio a fin.

El último tema de “Replica” vuelve a dejar el nivel bien alto, demostrando además la capacidad de Lopatin para integrar instrumentos digitales y analógicos –en este caso el bajo– durante seis minutos de ingravidez cósmica con un ligero pero inconfundible acento de jazz setentero. De hecho, buena parte del impacto del disco proviene de la sensación de estar escuchando una banda futurista perfectamente integrada, quizás en parte como consecuencia de la colaboración en el disco de Joel Ford y Al Carson, el primero su pareja en el proyecto Ford & Lopatin, y el segundo el productor residente de su propio sello, Mexican Summer.

“Replica” es el reflejo fragmentado y re-ensamblado de una sociedad dominada por la tecnología y las grandes corporaciones, un tema clásico de la ciencia ficción que también intenta resaltar los resquicios por los que se cuelan sentimientos más humanos. Aunque su fuente sonora siga siendo los 80s, Oneohtrix Point Never cada vez debe menos musicalmente a esa década, y su música se confirma cada vez más como una de las más estimulantes a la hora de reflejar nuestro presente y nuestro incierto futuro. Más inconfundible que nunca, “Replica” es otro triunfo en la carrera de Daniel Lopatin.

Iván Conte

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