Rekids Revolution Rekids Revolution

Álbumes

Varios VariosRekids Revolution

8.1 / 10

Varios  Rekids Revolution REKIDS

Rekids es al techno moderno lo que la flexión del brazo para marcar bíceps es al cachas de gimnasio, un acto de afirmación –aunque sea únicamente cosmética– de fuerza y poderío, también equiparable a la meada del perro por esquinas, contenedores y bordes de acera para marcar su hediondo y agrio territorio. Nos gustó mucho el sello de Matt Edwards –o sea, Radio Slave– cuando empezó a publicar sus primeros maxis alla por 2006 con “My Bleep” porque, en el contexto en el que se enmarcaba, era un soplido de aire fresco entre tanta gelatinosa inconcisión del minimal berlinés, por entonces muy organizado alrededor de Minus y la liturgia de los amaneceres ibicencos con un par de líneas de ketamina en el body. Y lo que más se le pudiera parecer en intenciones, es decir, la verbena de Cocoon, también estaba ahí pero a modo de representación frívola de ese techno gordo, frío, serio sólo en la fachada, que finalmente nos lo trajo sin adulterar Rekids, también a modo de síntoma del resurgir de la electrónica de club sucio y serio made in UK. Radio Slave, por aquella época, ya estaba deshechando los últimos restos de su etapa electrohouse, y se le notaba más en sintonía con el techno geométrico y pulimentado de Sleeparchive y del sonido peak time de clubes como Berghain en Berlín: yendo al grano y al hueso, con una postproducción pensada para tronar en grandes equipos de sonido a la vez que pulida con áspera lija, y por tanto con preeminencia de un bajo rugiente –por entonces se llevaba mucho el bajo-pedo, que hacía pfff y escampaba rápido, inodoro–, unas cajas/charles afiladísimas y un bombo que pegaba como el puño de Ruiz Mateos cuando le atizó a Boyer en las gafas, como sin querer pero con toda la intención de dar.

No hará ni dos años que Rekids puso orden en la empresa con “One”, un recopilatorio en CD doble que recopilaba lo mejor de las primeras diez referencias con una ristra de buenos pepinos de club como aquellos “Next Stop Chicago” (REKID) o el metálico “E.C.G.’ed” de Mr. G, más su equivalente en remixes en el otro disco, con incursiones muy bien escogidas de Quiet Village –trazando levemente la conexión con el emergente cosmic disco, por si las moscas–, Partial Arts, Claude VonStroke y Jesse Rose. No fue hasta el año pasado cuando Ostgut Ton tomó el relevo de Rekids como el sello techno que unía prestigio entre DJs y éxito pavloviano entre los clubbers que llenan la negra madrugada de las grandes ciudades como rebaños químicos, pero 2006 le perteneció en exclusiva a la casa de Radio Slave, que ya en pleno momento de decalage y sorpasso intenta mantener el tipo con entereza y sacando pecho como un diestro galardonado con oreja y rabo en Las Ventas. “Rekids Revolution” es otra recopilación, esta vez en triple CD –la misma estructura del anterior, más un tercer volumen mezclado por Spencer Parker– que reúne la última cosecha. En realidad, no sería correcto decir que Rekids ha bajado el nivel como plataforma de techno jarto, con sus subgraves atómicos y sus bleeps apocalípticos y sus filigranas psicodélicas de mal viaje mental: tan solo han asentado el estilo, lo han patentado en paralelo a los alemanes de mandíbula de plomo y rictus grave –se recupera el tremendo remix de Marcel Dettmann de “U Askin” para Mr. G–, lo han extendido entre ciertos productores desorientados que ahora han-visto-por-fin-la-luz –remezclas de Cristian Vogel para Jjak Hogan ( “Devo”), de Slam para Radio Slave ( “Bell Clap Dance”), de Wink también para Radio Slave ( “Screaming Hands”) y, sobre todo, la hecatombe de stadium minimal del apoteósico vuelta-y-media que le da Dubfire al “Grindhouse” de Radio Slave con Danton Eeprom– y, en suma, han creado un catálogo sin altibajos que da algo muy necesario en estos tiempos: techno elástico, duro y fuerte, pero a la vez sin velocidad extrema ni alienación del personal, que haga de conexión entre el minimal blandengue de última hora y el chute oscuro –ahora, los nengs vuelven a decir ‘oscuro’ después de muchos años de pronunciar ‘ojcuro’, porque la oscuridad de este techno de Rekids y cía es otra– de vitaminas de la hora punta, con solvencia y sin trampas. Se percibe que a Rekids se le empieza a escurrir vagamente el zeitgeist del techno entre los dedos, pero esta mastodóntica recopilación, además de poner buen orden en un total de treinta engranajes de perfecta relojería post-bleep, demuestra que aún queda mucho vigor en el cuenco de sus manos, que aún no procede ir a hacerse ese reglamentario cambio de sangre, preferiblemente sin ir a Suiza, que eso es un nido de minimaleros extremadamente delgados. Larga vida a Rekids y su techno-bíceps, y si es haciendo bum-bleep-cronch, mejor.

Javier Blánquez

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar