Regional Surrealism Regional Surrealism

Álbumes

Konx-om-Pax Konx-om-PaxRegional Surrealism

7.1 / 10

El mundo de Tom Scholefield es ante todo visual, y su música, aunque creada en noches de aburrimiento y cansancio “como una forma de automedicación para relajarme”, en sus propias palabras, sugiere más imágenes perfiladas que ideas abstractas. En su currículum como realizador de videoclips encontramos piezas como “Rano Pano” (Mogwai) y “Joy Fantastic” (Hudson Mohawke) –la conexión escocesa no es casualidad; todos son de Glasgow–, además de echarle un cable a Errors, Capracara y Jamie Lidell, y de entre las portadas que ha diseñado en su estudio para otros artistas la más emblemática es la que hizo para “Rifts”, el 2xCD que reunía tres álbumes previamente editados en vinilo de Oneohtrix Point Never. Es, por lo tanto, un personaje que siempre había estado pululando por el terreno menos explorado del underground, y que ahora da el salto a la música, algo por sorpresa y sin aviso previo, pero tampoco era necesario, porque “Regional Surrealism” no deja de ser una extensión de un mundo creativo que no se divide en departamentos estancos, sino que funciona como un todo multidisciplinar. Como son sus diseños y sus vídeos –futuristas, ricos en formas geométricas, ángulos que dan una sensación de 3D casero, barniz indeterminado entre lo analógico primitivo y lo digital kitsch–, así es también su música, que parte del soundtrack para entrar en lugares de aislamiento de la realidad.

Si se escucha el disco de Konx-om-Pax sin tener idea de quién hay detrás, la primera idea que puede venir a la cabeza es que su autor se inspira de manera decisiva en el Aphex Twin de “Selected Ambient Works II”, o si se prefiere tomar algún referente más cercano en el tiempo, en la nueva generación de adictos al sintetizador –de Lunar Miasmah a John Elliott, y por supuesto Oneohtrix Point Never– que conciben el teclado no para construir notas rectas y planeadoras, sino acordes esféricos que parecen saltar y curvarse delante de tus oídos. El primer ejemplo que puede servir para precisar esta idea es “Glacier Mountain Descent”, que ya de por sí tiene título de pieza dentro de una banda sonora –imaginemos un héroe de acción haciendo precisamente eso, bajando por un glaciar, jugándose el pellejo–, y que tiene el encanto de un rescate casual de un viejo vinilo de library music, firmado a finales de los 60s por un oscuro compositor con bagaje en el BBC Radiophonic Workshop (a lo que el propio Scholefield inyecta su sentido melódico juguetón). Aunque por momentos se interne en espacios misteriosos ( “Lagoon Leisure”, por ejemplo, es una réplica de la primera música electroacústica, un ejercicio de estilo que lleva desde Stockhausen a un final menos alienígena que, aquí sí, retoma la inspiración en la música cósmica alemana), “Regional Surrealism” no pretende brillar por su nivel de erudición y de hermetismo. A diferencia de otros pretorianos de la computer music y el ocultismo analógico –sobre todo la gente que operaba hace unos meses en el sello Spectrum Spools–, Konx-om-Pax no quiere marginar de entrada al oyente, aunque tampoco quiere hacer pasar su disco por un producto trivial.

Encontrar ese equilibrio es el cometido más difícil del álbum, y en muchos momentos lo consigue. No al final, donde se acumulan algunos de los minutos más ásperos de todo el recorrido ( “Hurt Face” es space music con alta concentración de metales pesados, como un ambient envenenado por mercurio, y la pequeña miniatura “Chambers” vuelve a sacar a la luz la conexión con el Aphex Twin más autista; como contrapartida está “Silent Reading”, pieza que Werner Herzog no habría dudado en incluir en el montaje musical de “Aguirre, La Cólera de Dios”); pero entre las 14 piezas finales y los 46 minutos de duración, el álbum tiene suficientes argumentos para destacarse como valioso por su apuesta estética bien formada. Se nota que no hay un esfuerzo desmedido por tomarse en serio –esto sí pasa en Oneohtrix Point Never–, y es cierto que todo se hizo como un juego: “Let’s Go Swimming” suena a Isao Tomita; “Zang-Tumb”, donde Stuart Braithwhite (Mogwai) toca la guitarra, a alguna cosa rara de Ash Ra Tempel; y “Pillars Of Creation” es como una apuesta consigo mismo en la que el objetivo es sonar a Popol Vuh más que los propios Popol Vuh. Después de tantos años de sobreexplotar la estética vintage de la música con sintetizador desde Mego, Ghost Box y pequeños sellos como Wagon, Aguirre o Ruralfaune, lo cierto es que “Regional Surrealism” no viene a sorprender. Pero pruébese a escuchar en una noche sin estrellas, a buen volumen, en ese momento en el que la mente empieza a desgajarse del cuerpo: la sensación alucinógena es poderosa, y su intención de revival, aunque diáfana, no es tan obvia (tan obscena) como la de tantos otros de sus pares.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar