Reconstructed: The Best Of DJ Shadow Reconstructed: The Best Of DJ Shadow

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DJ Shadow DJ ShadowReconstructed: The Best Of DJ Shadow

6.9 / 10

Este es el relato de siempre. El de un enorme talento que se va a la mierda sin que nadie lo entienda. Lo hemos visto en incontables fábulas de terror modernas. Algunos, como Ronaldinho o Amy Winehouse, se han perdido porque han antepuesto el porrón al triunfo. Otros, como Josh Davis, se han aplicado un incomprensible hara-kiri creativo y, de la noche a la mañana han pasado de ser la panacea con cebolla al hazmerreír de la música moderna. Y es que el declive de DJ Shadow es una de esas lecciones que el destino tiene reservadas para los que siguen creyendo que la realidad NO supera la ficción. Porque ni en sus fabulaciones más imaginativas uno habría dicho, después de escuchar el histórico “Endtroducing…”, que un genio tan rutilante se hundiría de forma tan estrepitosa a cada nuevo lanzamiento.

Lo cierto es que 16 años después de su debut en álbum –sin discusión alguna uno de los discos más importantes de la historia de la música electrónica–, DJ Shadow es una escudería que sigue viviendo de las rentas de su primer coche. Sí, de acuerdo, todavía es un espectáculo orgiástico en directo, ya sea pinchando plástico o golpeando el MPC, pero su trayectoria discográfica ha descrito una de las curvas descendentes más vertiginosas que servidor recuerda en mucho tiempo. Si con “Endtroducing…” Davis nos mostró que el sampling y el hip hop instrumental podían ser un jodido arte (que no un arte jodido), con sus álbumes posteriores él solito se encargó de que le tomáramos por el pito del sereno. Aunque “The Private Press” todavía presentaba algunas pinceladas de inspiración, toda su producción posterior ha sido un cúmulo de despropósitos que ha pasado con más pena que gloria por el pop, el soul, el rock, el blues, el crunk o el trip hop para anuncios de compresas. En ningún momento se ha apreciado en el modus operandi de Shadow el menor atisbo de reconocer el error y volver a los orígenes, a los purés de samples ultradensos, a las melodías nocturnas, a la sencillez de piezas legendarias como “Organ Donor” –¡todavía se pincha en incontables clubs!– o “The Number Song”, temazo incomprensiblemente eliminado en esta compilación. Una compilación, a todo esto, que viene a celebrar los 20 años de trabajo ininterrumpido del productor.

Esa tozudez por demostrar que sabe tocar todos los palos, que es un artista sensible, etc., esa confianza absurda en sus últimos discos lastra enormemente la selección. A mi modo de ver, los momentos de la era “Endtroducing…” / “The Private Press” deberían ser el espinazo de este doble CD, pero el recuento final no es el que un fan como yo habría deseado. De su primer álbum, sólo se detectan los hits más reconocibles (hay ausencias de bulto como “Changeling” o “Mutual Slump”) y de su segundo disco se olvida de temarrales como “Fixed Income”, “Giving Up The Ghost” o “Walkie Talkie” –otros descartes que claman al cielo–. Los cortes de “The Outsider” y “The Less You Know The Better”, que deberían haberse reducido a la mínima expresión, llenan demasiados minutos. Mucha basura. Ni siquiera los tracks inéditos, el insulso “Listen” con Terry Reid y el aburrido “Won’t You Be”, consiguen pasar el corte. Lo único que hacen, de hecho, es recordarnos que el beatmaker californiano ya no está por la labor de forjar instrumentales asesinas. “Doctor, lo hemos perdido”, y tal.

Así pues, poca cosa, desequilibrio: temazos y coñazos. Solo las canciones de sus dos primeros álbumes y cortes disidentes como “Lonely Souls”, “Lost & Found”, la instrumental de “Hardcore Hiphop” o la soberbia y tarantiniana “Dark Days” terminan salvando un grandes éxitos que no es tan grande ni tiene tantos éxitos. El fiel reflejo de la carrera del Shadow: obras maestras y mierda pura en el mismo Tupperware. Habrá que comerse esto con cubiertos de plástico.

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