Rebirth Of Detroit Rebirth Of Detroit

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J Dilla J DillaRebirth Of Detroit

5.9 / 10

Más allá del juicio moral que conlleva toda explotación comercial post-mórtem, incluso cuando es la propia madre del artista fallecido quien autoriza y tiene la iniciativa, “Rebirth Of Detroit” incomoda e inquieta porque artísticamente es un claro paso hacia atrás en el currículo del fallecido, no sÓlo no suma sino que incluso resta. Aunque J Dilla era un productor adicto al trabajo que invertía más de quince horas al día grabando beats, extrayendo samples y materializando ideas sin parar, su legado es el que es y no hay mucho más margen del que se pueda seguir extrayendo jugo y petróleo. No miente el sello discográfico Ruff Draft Records al afirmar que el material incluido en este álbum es inédito: en efecto, los beats incluidos en el proyecto no fueron publicados en ninguno de los discos en solitario que lanzó el beatmaker de Detroit ni tampoco formaron parte de su elenco de producciones de encargo para otros MCs que vieron la luz de forma oficial. Pero sí recoge muchos beats que ya habían circulado ampliamente en beat tapes de Dilla y que no por casualidad quedaron fuera del exigente filtro del extinto artista.

En ese sentido, “Rebirth Of Detroit” es endeble, engañoso y, sobre todo, traicionero. Traicionero con la esencia creativa de un personaje que, precisamente, siempre se caracterizó por su rigurosidad y sentido de la autocrítica, que le impedía vender o editar producciones sin lustre. J Dilla, estoy seguro de ello, jamás hubiera autorizado la aparición de un título como éste, en buena parte porque no se ciñe a su idea de lo que debía ser un álbum en estudio. Claro que encontramos beats válidos y potentes que dejan en evidencia a muchos de sus imitadores actuales, pero son grabaciones descartadas que nunca pasaron el propio corte del autor, consciente de que su potencial y talento exigía más brillo. Pero es que el proyecto enseña más problemas que ese: para empezar, el hecho de que al tratarse de un cajón de sastre de material desperdigado no existe coherencia sonora alguna, se mezclan etapas, experimentos, derivaciones e inquietudes en un listado sin criterio ni orden aparente. En segundo lugar, la sensación de pegote: las mejores grabaciones que se recuerdan de J Dilla son aquellas en las que existía implicación e interacción entre la figura del productor y del MC –Slum Village, Common, Phat Kat…–, algo que aquí, por motivos obvios, no se produce.

Y tercero: si el concepto de “Rebirth Of Detroit” es el de rendir tributo a Dilla pero, sobre todo, a la escena de Detroit, ¿dónde diablos están Slum Village, Black Milk o Royce Da 5’9” y tantos otros representantes indispensables para comprender la evolución del rap underground en la Ciudad del Motor? ¿No fueron invitados o rechazaron formar parte de esta idea poco convincente? Cualquiera de las dos opciones debería servirnos para entender el carácter dudoso y poco fiable de un proyecto más destinado a recaudar fondos –objetivo lícito teniendo en cuenta que es su propia madre la que anda detrás– que a reivindicar escenas o reactivar legados que ya estaban muy bien como estaban. Musicalmente este disco huye del batacazo porque incluso en sus descartes J Dilla sabía dejar posos incontestables de talento y seriedad, pero como nueva maniobra de necrofilia musical deja mucho que desear.

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