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Lone LoneReality Testing

7.6 / 10

El que es fan de Lone, es muy fan. Y no va a dejar de serlo con este disco. Y el que no es fan de Lone tiene dos opciones: salir de esta URL o empezar desde cero con el inglés por este álbum. Yo soy del primer grupo. Qué arbitrario, ¿verdad? Mire usted, yo lo siento por la objetividad, pero la carrera de Matt Cutler es de enmarcar. Y en Reality Testing no se ha superado, precisamente, pero tampoco ha bajado la guardia.

Lo que tampoco ha hecho -ni en este álbum ni en anteriores- es venderse a la moda, renunciar a su idiosincrasia sonora. Basta una primera escucha rápida, moviendo el cursor hacia delante, oteando los 11 cortes con nerviosismo y expectación, para reconocer al autor. La euforia rítmica y juguetona, los pianos buenrollistas, la sensación de estar en un paraíso natural, pero que es artificial, creado con nanotecnología y células madre, continúa presente en Reality Testing. De hecho, la primera escucha de este disco puede hacer saltar el resorte de la memoria, obligándote a volver a aquellas canciones de Lone que ya te habían hecho tilín en el pasado. Aquellos temas duermen en formol, apenas han envejecido.

Tras esa primera toma de contacto y su consiguiente vuelta atrás en la discografía de Lone, uno ya empieza a verle las orejas al lobo. Lemurian y Ecstasy & Friends -los dos primeros trabajos del británico- bebían a morro del hip hop y la tradición beatmaker. Pero, una vez aterrizado en R&S, Cutler comenzó a rendir pleitesía al rave old school y a ponerse trotón y a tejer sus particulares caprichos uptempo perlados de melodías cándidas. En este trabajo, Cutler retoma precisamente sus orígenes y se deja llevar por las maneras del hip hop en la contemplativa Meeker Warm Energy o en 2 Is 8, que es puro candor hecho ritmo.

Y, de la misma manera que el hip hop y el house compartían trazas de ADN hace tres generaciones, los cortes más pisteros de este álbum también guardan en su código interior la huella de los beats. Lone ha cambiado el hardcore y el viejo techno por la sampledelia sublime, como ocurre en el tema titular, y sin sacrificar otros elementos que hacen inconfundible su música. En Reality Testing son las percusiones pizpiretas; en Begin To Begin son esas texturas que, desde la frialdad digital, evocan lo orgánico; en Vengeance Video son las melodías churriguerescas y fantasiosas. Si en su anterior trabajo Cutler nos llevaba de fiesta a una dimensión galáctica, utópica y a la velocidad de la luz, en éste el viaje es un crucero, a velocidad ídem, surcando las Nueva York, Detroit y Chicago de hace 30 años. Sube, que te lleva.

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