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Álbumes

Henry Saiz Henry SaizReality Is For Those Who Are Not Strong Enough To Confront Their Dreams

8.8 / 10

Hacia el final de “Ed Wood”, de Tim Burton, el personaje de Bela Lugosi pide un instante de descanso para detenerse al borde de un jardín y oler las rosas. Pero en este tiempo nuestro, por desgracia, cada vez hay menos momentos para arrimar el hocico a las flores y disfrutar de un instante detenido que pueda procesarse como una sensación verdadera: todo va rápido, hay que condensar los mensajes en 140 caracteres, hay que reaccionar al instante, llevar una doble (o triple vida) en el mundo real y el virtual. No hay tiempo para la pausa. Henry Saiz también vive al límite y su agenda profesional se ha convertido en una sucesión infernal de vuelos internacionales (y transatlánticos también) para ir a pinchar allí donde se le reclame, siempre a destajo para no perder el momentum que se ha ganado con tesón gracias a su material editado, durante cerca de diez años, en diferentes sellos, algunos con tanto poderío económico como Bedrock o el extinto y luego resucitado Renaissance. Y como le ha ocurrido a lo largo de los años a tantos artistas de su perfil que un día estuvieron atrapados en la maquinaria inclemente del house global –ese abanico de ídolos que va de Sasha a James Holden–, él también decidió un día que había que romper el bucle de alguna forma y disfrutar del jardín de rosas.

Durante un tiempo de su carrera fue un empleado de una discográfica poderosa que le anulaba la creatividad; la apertura de su sello Natura Sonoris fue para encontrar una vía de escape a la rutina del ‘progressive’ –una etiqueta con la que se le emparentó de refilón y que hoy, por suerte para él y para los demás, ya no se maneja ni para hacer chistes–, una plataforma de expresión personal al margen de modas y requerimientos del mercado. Y ese espacio de libertad, que poco a poco se ha ido ampliando, ha sido en el que, también con paciencia –la paciencia es la clave, dejar que el tipo pase despacio, saboreándolo, trabajando con amor–, ha ido urdiendo este disco de debut que no tiene un título larguísimo por casualidad ni su mensaje [‘La realidad es para aquellos que no son lo suficientemente fuertes para enfrentarse a sus sueños’] es caprichoso. Un título largo para tiempos que exigen concisión, y una renuncia a la realidad más prosaica en beneficio de la poesía de los sueños. Este es un disco electrónico que persigue eso último: lirismo y otro plano de realidad. No es música para los clubes con reservados VIP en los que él pasa tantas noches. Es Henry Saiz negando su vida real para refugiarse en su realidad ideal.

“Reality Is For Those Who Are Not Strong Enough To Confront Their Dreams” fue, en su origen, un disco pretendido por varios sellos importantes. Iba a ser su álbum de debut y era un selling point importante, pero finalmente aparece en Natura Sonoris porque guardárselo para sí mismo era la única garantía que tenía Henry Saiz para que nadie interfiriera en su idea creativa, que es personal, retorcida, ambiciosa y muy alejada de la idea que se tiene de él como animador de fiestas high-class en clubes rusos con mafiosos y modelos. Aunque le ha sonreído el éxito en una escena caracterizada por el alto standing, Henry Saiz es un creador con su punto torturado: le gusta la música compleja y envolvente, le pirran los desvaríos cósmicos y los sintes antiguos, devora libros de mil páginas, tiene un sentido del humor que hoy caracterizaríamos como post-humor, alimenta un montón de gatos; no es precisamente mainstream, aunque su escena sí lo sea. El punto de partida para el disco fue el proyecto We Are Henry Saiz, un llamamiento en la red que consistía en animar a sus fans a enviarle muestras sonoras de todo tipo que irían a incorporarse a la música durante el proceso de producción. Le llegaron fragmentos dispares: llamadas telefónicas, instantes robados a la naturaleza, voces, secuencias completas de música alienígena, y aunque de entrada pueda parecer que este material facilitaba el trabajo, es muy probable que tuviera el efecto contrario, porque cuando se abre el campo de acción y se multiplican las opciones cuesta mucho concretar, y esto en alguien de discurso tan excesivo como el madrileño puede ser un arma de doble filo. Finalmente, “Reality Is For Those...” se ha convertido en un doble CD (y triple vinilo, y una cassete C-90) con 17 temas de longitud extensa situados en las antípodas del minimalismo: ni escuchándolo cien veces sería posible llegar a percibir la totalidad de lo aquí contenido. Hay registros vocales variados, trabajados con un pitch muy agudo que en una primera escucha suena forzado ( “All The Evil Of This World”), pero que rápidamente se asimila a la tesitura alta del conjunto de sonidos; incluso las frecuencias graves tienen un resplandor particular. Además hay cambios de ritmo permanentes, segundas y terceras capas de textura, microsamples y detalles anecdóticos. Si este disco fuera sólido, sería como la arena de la orilla del mar.

Dicho esto, los detalles particulares son los que dan forma a un álbum que derrocha carácter. La primera apariencia es la que ya conocemos de la música de Henry Saiz: maximalista, melódica, trabajada con esmero, con ese punto acaramelado que se corta justo cuando parece que va a entrar irremisiblemente en territorio ñoño. Pero comparado con el material que plancha en maxi –y sobre todo si es para un sello inglés por encargo– este nuevo material suena más lento y amplio, como si se hubieran fusionado para la ocasión su reciente alias para aventuras espaciales (Hal Incandenza) con su yo más rutinario. “Reality Is For Those...” es un viaje mental de una densidad de contenido altísimo, pero mantiene esos dos aspectos ya comentados –el tempo, nunca disparado hacia arriba, y el gusto melódico / melancólico– como pilares de una expresión que bordea esa zonas liminales en las que fantasía y realidad, verdad y sueño, baile y levitación, se mezclan de manera imprecisa (haced el favor de escuchar “Hymn To Nowhere”, es el resumen).

Si no, se puede empezar por el principio, por “Moonlight Wolf” –que debe ser ese lobo que preside la portada–: un largo sonido sintético como de disco planeador de los 70, una voz susurrada que habla sobre la noche, los recuerdos y los pájaros de la mente, luego un beat amortiguado y trotón, un acompañamiento rítmico tribal, la voz que crece, arpegios que elevan la pieza hasta llevarla a lo más alto: se mezclan Enigma y Leama & Moor, Brian Eno y Nathan Fake, y también (barriendo para casa) Marc Marzenit y bRUNA. En “Sleepwalk” asoman saxos ochenteros y samples vocales con subida de pitch al estilo de Burial, más arpegios, más hipnosis que entra en contacto con uno de los primeros momentos uptempo (junto con “Of Muses And Slaves”), aquí con voz masculina melosilla – “Love Mythology”–, y donde confirmamos, por si no había quedado claro, que a Henry, en efecto, le gusta Jean-Michel Jarre y toda aquella música de los setenta más que a un tonto un lápiz. Confirmamos, en definitiva, que, como fan de la narrativa post-moderna que es ha hecho un disco a partir de retazos de otros discos.

Pero el resultado no es ningún pegote, sino todo lo contrario. La habilidad de Henry Saiz está en sintetizar un universo amplísimo donde caben krautrock, sonido analógico primitivo, new age (esos aullidos a la luna y esas ocarinas en “Rave Flute”, tan Sacred Spirit), synth-pop, italo y bandas sonoras de los 80 ( “Take Me Home” es muy “Top Gun”, no homo, aunque el verdadero momento lacrimógeno-hortera del pack está en el final de “Fill Me Up”, que es el típico tema que da vergüenza decir que te gusta pero al que te tienes que rendir sin remisión). También deep house y, como un ingrediente más de la mezcla, trance y progressive, más en espíritu expansivo que con ánimo de hacer caja. Cualquier ingrediente por separado se puede identificar con músicas conocidas y muy asimiladas, pero todo junto sólo suena a Henry Saiz: es un magma sideral en ebullición, un chup chup emo-cósmico excesivo que, paradójicamente, suena contenido y bajo control. Una de las virtudes de Henry Saiz siempre ha sido saber dónde cortar la progresión que le lleva hacia la épica desatada y al mal gusto para quedarse en un punto justo de pasión, kitsch, virtuosismo y emoción. Aquí, a pesar de su hora y media de música, del derroche de ideas y de los momentos que parecen querer escaparse hacia el infinito, sabe cómo sujetarlo todo, tenerlo confinado en un marco con unas reglas propias y exprimirlo al máximo. Habrá quien rechace este tipo de música con tendencia a lo lacrimógeno, lo efectista y construida de tal modo que sobrepasa lo barroco –o sea, que se vuelve churrigueresca–, y tiene todo el derecho a hacerlo. Pero a quien le guste este tipo de electrónica laberíntica, luminosa y encajada en una gigantesca esfera de sonido, “Reality Is For Those...” es como que te regalen las llaves del paraíso. Lo único que puedes hacer es fregar las babas del suelo, entrar, y ahí te quedas para siempre.

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