Real Life Is No Cool Real Life Is No Cool

Álbumes

Prins Thomas Prins ThomasReal Life Is No Cool

7.5 / 10

Lindstrøm & Christabelle  Real Life Is No Cool

FEEDELITY - SMALLTOWN SUPERSOUND

La relación entre Hans-Peter Lindstrøm e Isabelle Haarseth Sandoo, que es quien se hace llamar Christabelle, como si fuera la protagonista de un cuento de Andersen, viene de lejos. En 2003, cuando el sello Feedelity daba sus primeros y torpes pasos, ella ya le había puesto la voz calentorra a “Music (In My Mind)”, referencia de estreno de la casa –o no, que había habido antes una referencia numerada con el cero– y que situaba a Lindstrøm como un extraterrestre que componía disco-funk de altos vuelos. Eran aquellos tiempos en los que los sonidos cósmicos no le importaban un pito a nadie y el animal noruego confesaba que inició la andadura de Feedelity porque nadie ahí fuera se veía con estómago para sacarle un maxi. Luego Christabelle se apartó, Hans-Peter pegó la gran campanada con “I Feel Space” –kilómetro cero del boom comercial del revival cosmic– y ella no reapareció hasta 2007, escondida como Solale en el maxi “Let’s Practise”. Así pues, que Lindstrøm grabe ahora un disco con una cantante no tiene por qué extrañar a nadie: esa cantante ya estaba en su obra antes de que tú llegaras a ella.

¿Estaba también en su vida? Ayer, como era jueves, salieron a la venta las revistas del corazón y en ninguna de ellas se hablaba de una petición de mano, o de un divorcio, ni de unas vacaciones en la playa en las que a ella le hubieran sacado un robado haciendo topless. En definitiva, que nos la suda sin son pareja, amigos o se conocieron por ahí y quedan a veces en un restaurante para hablar tranquilamente y comentar discos. Pero sí es verdad que este “Real Life Is No Cool” transmite afecto: Lindstrøm lo ha trabajado con cuidado, acariciando cada sonido para que suene bien en la canción, ya sean unas palmas o unas notas navideñas con pico de brillo ( “Keep It Up”). Este disco está hecho para ella, y sólo con ella sería posible: sin la voz, las producciones quedan desnudas, inútiles, como una mala copia de sí mismo. Pero con la voz de Christabelle, que es cálida aunque poco expresiva y versátil, las texturas de Lindstrøm avanzan hacia el envidiable terreno baleárico de las noches estrelladas y las tardes de relax con puesta de sol, y sólo con eso el expediente queda cubierto.

De todos modos, un disco de Lindstrøm no se puede medir con la misma vara que el de cualquier otro. Lo que él haga se tiene que observar con una lupa distinta a la que usaríamos si el nombre fuera In Flagranti, Todd Terje o John Talabot. Aún hay ligas. Éste es el ser sobrehumano que grabó “Where You Go I Go Too” (Smalltown Supersound, 2007), que escribió “La Odisea” en cosmic y se quedó tan ancho. Y si éste es el nuevo álbum de Lindstrøm, está claro que nos tiene que saber a poco: aunque hecho con mimo y cautela, está también hecho para complacer y amoldarse a una voz que planea pizpireta y liviana entre bajos funk extragruesos ( “Baby Can’t Stop”), secuenciadores que hacen palpitar los arpegios de unos sintetizadores sin resuello ( “Let’s Practise”) o de un pop con bases pre-house que incluso se pasa de antiguo ( “So Much Fun”). Parece el tipo de ideas que ocurren a la ligera, entre café y café o entre polvo y polvo, más de sacarlas porque pasaben por ahí y ha coincidido que la inspiración se ha despertado, que no de estrujarse mucho el coco e hincar el codamen. El álbum suena bien porque hay talento. Pero podría sonar mejor si Lindstrøm se lo hubiera tomado con mayor ambición, cosa que no se percibe. Si lo hubiera hecho, habría competido en pulso, encanto y vigor armónico y melódico con Sally Shapiro (producida por Johan Agebjörn) y la otra excelente princesa del sonido post-disco/italo/balearic a la que conocemos como Kathy Diamond (producida por Maurice Fulton) Podría haber sido la remezcla de “Paris” (Friendly Fires) que entregaron Aeroplane. Podría haber sido la leche, aunque ciertos momentos abstractos y/o kitsch que están desperdigados por aquí y allá tienen su intríngulis.

En su edición básica, “Real Life Is No Cool” sólo se recomienda encarecidamente a completistas del noruego: es un disco que cumple, pero que no satisface el deseo de otro tour de force individual y sideral como aquel que empezaba con un tema de treinta minutos –en ese caso, quizá prefiramos el maxi último, “Leftovers Ep”–. Pero claro, si se es completista del noruego, entonces es cuando se compra la edición especial con dos CDs –que incluye remezclas cosmic de lo más recomendables a cargo de Aeroplane (“Baby, Can’t Stop”: bien y con citas a Kraftwerk y Grandmaster Flash), Prins Thomas (un poco menos bien; difuso), Dølle Jølle (muy bien y tribaloide), Sally Shapiro (requetebién, con los sintes galopando), Idjut Boys (bien, pero en más house) y Fan Death (casi skweee)– o, si se maneja dinero y no se le teme al correo certificado, entonces la exclusiva con tres CDs que se sirve desde las tiendas Rough Trade de Londres y que viene completada por la versión de cuarenta minutos que del villancico por excelencia, “El Tamborilero” ( “Little Drummer Boy”), hace el hombre, esta vez sí en su línea excesiva, saciante y con un final brutal en el que se desmadra durante medio minuto aunque antes suene durante media hora larga como aquella versión que hicieron del “Bolero” de Ravel Carl Craig y Moritz Von Oswald –y, personalmente, donde suelta la melodía tan de pesebre, “el camiiiiinoooo que lleeeva a Beleeeeén”, servidor habría puesto un sample de Raphael–. En cualquier caso, este último detalle navideño deja al villancico de Nathan Fake, aquel “Silent Night” con horchata en el Logic, a la altura del fango. Lindstrøm, eres un máquina.

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