Ready For The Weekend Ready For The Weekend

Álbumes

Calvin Harris Calvin HarrisReady For The Weekend

6.5 / 10

Calvin Harris  Ready For The Weekend COLUMBIA / SONY BMG

El nombre de Calvin Harris, en nuestro país, a la gran mayoría le suena a chino. Pero no se sientan culpables, Spain is different. Eso sí, el jovenzuelo se está pegando una sobredosis de elogios en su Inglaterra natal que ya les gustaría a muchos de esos productos prefabricados que semana tras semana el NME nos intenta encasquetar a cascoporro. Teniendo en cuenta que las letras de sus canciones pueden despertar vergüenza ajena y nos invitan a sacar la vena literaria que todos llevamos dentro (con el objetivo de superarle o resultar mínimamente más trascendentes, lo cual no supone un reto que digamos), el secreto de su fórmula radica en esos temas a caballo entre el dance noventas, el house y el electro de factura afrancesada enfocada a masas con ansías de pegarse unos buenos bailoteos y alzar los brazos en esos manidos subidones que, confesémonos, nos encantan en esos momentos de desfase macarrónico con los que de vez en cuando uno se pega el gustazo choni.

Cuando hace un par de semanas a un buen amigo que había desembarcado de tierras inglesas le sonó el “I’m not alone” de politono, empecé a preguntarme muchas cosas. Quizá demasiadas. Aquí tenemos al impresentable de Pit Bull (que alguien me explique qué demonios hacía en la gala de los MTV Video Music Awards), y allí, por muy horteras que sean y se empeñen en corearnos su patriotismo por las Ramblas de Barcelona a intempestivas horas de la madrugada, no le hacen ascos al pop electrónico facilón, pero efectista al fin y al cabo. Madonna (más lista que el hambre y con varios jeringazos faciales de regalo) le ha sampleado en la versión bakala que estos últimos meses se ha marcado de “Frozen”, mientras que Kylie, a las puertas de su cacareado posible paso por el altar, le reclamó sus servicios para su último largo, “X”. Aunque mención aparte merece ese futurible rompepistas pseudo-trancero, “Holiday”, que le ha producido a Dizzee Rascal y que se me antoja como el mejor tema que ha parido en su vida. ¿Nos encontramos ante el nuevo Stuart Price del pop mainstream?

“I Created Disco”, hace dos años, nos dejó perlas de la talla de “The Girls” (y, consecuentemente, el “The Boys” que le dedicaron Dragonette) o “Acceptable In The 80’s”, regodeándose en Felix Da Housecat, el símbolo retorcido llamado Prince y demás nombres inimaginables del universo pop. Para esta ocasión, como era de esperar, su formula no se ha visto alterada, pero el bueno de Calvin sigue empeñado en su dance stadium (tal como él ha bautizado el término), tras los sucios pasos de Fatboy Slim y demás gurús de la festividad hedonista. Quizás lo consiga, no voy a ser yo quien lo ponga en tela de juicio, pero un buen empujón de su discográfica le iría que ni pintado para que su nombre sonará con algo más de fuerza fuera de los mercados de habla british.

Calvin mola, es irremediable, pero el pobre vuelve a caer en el mayor hándicap de su debut. ¿Por qué se empeña en concentrar todos sus singles potenciales en la primera parte del álbum para que la mediocridad acaba por apoderarse del conjunto (a excepción de la canción del verano del pasado año, “Dance Wiv Me”, con la ayuda del citado Rascal)? Hasta que no se precipita el drama a partir del octavo tema, el disco nos deaj al menos un buen puñado de himnos que, a fe sonarán –si no lo están haciendo ya– en los todos los pajareos, carpas y otras propuestas de ocio desnortado. He aquí la grandeza de las masas, gracias a temas como “The Rain” (que tanto nos puede hacer echar la vista atrás a los acompañamientos trompeteros de ABC como recordarnos vagamente al infalibre “Groove Is In The Heart” de Dee-Lite) o su single de presentación, “I’m Not Alone”, bakalismo a raudales en un refrito de Faithless con Tiësto capaz de despertarnos una sonrisa bobalicona entre luces de neón. Lo cual es todo un logro. Nos encontrarnos con pegadizas melodías como “You Used To Hold Me”, carne de recopilatorio poligonero dance (pero con algo más de clase, por supuesto) o ese “Flashback” tan noventas (al cual David Guetta no le haría ascos), y todo eso supone un triunfo, al fin y al cabo, por mucho que Harris se empeñe en vocodearse cual castratto (o peor aún, a lo Pharrell Williams) en la poco inspirada “Yeah Yeah Yeah La La La”, o nos amargue el día con “Worst day”, o, lo que es peor, intente dárselas de geniecillo de la programación innecesariamente en “5iliconeator”.No ha inventado nada. Las cosas por su nombre. Sus canciones podrían haber llevado la firma de cualquier otro artista durante los pasados veinte años. Pero el escocés ha conseguido acercar la electrónica pop a todo tipo de públicos gracias a melodías tarareables que no pretenden verse salpicadas de experimentaciones o baladas soporíferas de prima donna (si no, que se lo pregunten a Frankmusik), a pesar de que el fuelle tristemente se ve ralentizado con el paso de los minutos. Señoras y señores, nobody’s perfect.

Sergio del Amo

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