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Heatsick HeatsickRe-Engineering

8.1 / 10

Los orígenes del actual sonido de Heatsick habría que ir a buscarlos a “Intersex” (2011), aquel álbum con el que ingresó en el sello PAN y en el que empezaban a coagularse los ritmos -más cercanos al dub que al techno- dentro de su propuesta de electrónica amorfa, escurridiza, deliberadamente experimental. Pero las verdaderas raíces de “Re-Engineering”, posiblemente la última gran joya de la música sintética en 2013 (a la espera, lógicamente, del nuevo EP de Burial), hay que ir a buscarlas a su maxi del año pasado, “Déviations EP”, donde el lenguaje de Steven Warwick se adaptaba finalmente a una forma house. Decimos ‘forma’ porque en el fondo era otra cosa: un ejercicio de improvisación líquida con conexiones diversas, de la música electroacústica al ruido, y de la inspiración clubber a la filosofía moderna. En definitiva, su evolución semejaba muy parecida a la de otro gran intelectual del house como es DJ Sprinkles, el alter ego clubber de Terre Thaemlitz: ese tipo de música que mueve pies, pero que sobre todo alborota neuronas.

“Re-Engineering” es un álbum poderoso porque prolonga la línea de acción de “Déviations” y lo hace sin ninguna timidez. No es exactamente material de club, porque no todas las piezas responden al patrón house – “Mimosa”, por ejemplo, es una especie de samba-jazz adornada con voces parecidas a las que aportaba Anne-James Chaton en algunos discos de Alva Noto; “Watermark” es una mezcla entre flamenco y 2step condensada en uno de esos minuto y medio que te dejan el culo torcido, y “U1” no deja de ser un brevísimo interludio para cerrar la cara A, al estilo de las grabaciones de campo en un entorno urbano, en este caso en una estación de metro de Londres–. Pero el músculo está bien tensado y trabajado a lo largo de todo el recorrido, y tanto “Clear Chanel” –que suena a vieja grabación de techno-dub berlinés, pero con aliento fresco, oliéndole a menta– como el trallazo ácido “Emerge” casi al final dan la medida de las posibilidades de Heatsick como productor de baile, e incluso rebozándose en el hard house al estilo de Dave Clarke o Cajmere en “Après Moi, La Déluge!” y “Dial Again”: él es capaz de llegar un paso más lejos de donde se quedan los miembros de la familia 100% Silk. Incluso a reactivar el jazz-house con solo de saxo ( “Speculative”) sin pudor.

Más allá de las formas, empero, está el fondo: “Re-Engineering” es un disco reflexivo que plantea debates sobre la vida contemporánea. Es una música impregnada de filosofía, de una cierta desazón o inseguridad, en la que el componente textual no es arbitrario: ni es una simple colección de fonemas para adornar ni una concesión poética, sino una serie de impresiones sobre lo que es la ciudad en el siglo XXI, con sus pros y sus contras ( “modern rubbish is still life”, se escucha en la primera pieza del vinilo, quizá jugando con el título de aquel álbum de Blur, o con el neo-refranero contemporáneo). Y en ese sentido, es un buen contrapeso para con tanto disco catastrofista que se ha ido publicando en estos meses: mientras otros hablan del declive de la civilización occidental, Heatsick propone ideas sobre cómo enderezarla. No habla de utopías, sino de arquitectura, comenzando por su propia música, construida de manera asombrosa, con materiales diversos y formas nuevas. Una vía abierta que conduce al futuro. Sorprendentemente, todavía hay.

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