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7.2 / 10

Aquel fenomenal "Hardcore Will Never Die, But You Will" (2011) fue como escuchar a alguien toser sólo para aclararse la voz y poder hablar más claro. Y fue lo más parecido a una reformulación del lenguaje de las guitarras que veremos en Mogwai, y mira que les ha costado moverse, aunque de ahí a esperar de los escoceses algo radical a estas alturas es como seguir pensando que el post-rock tiene que ver con la música experimental. Y no: hace mucho tiempo que esto de crear paisajes sonoros para luego prenderles fuego y disfrutar del espectáculo no va de experimentar con estructuras, con reventar los cánones ni con llevar el rock al infinito y más allá, sino con dar de comer a sus propios demonios y jugar sus cartas con algo de dignidad, que ya es suficiente. Y claro que el público conecta: es lo que tienen los incendios, que son temibles y bellos a la vez, que hipnotizan. Que Stereolab tirasen de krautrock a principios de los noventa pudo ser visto entonces como una señal de experimentación en el rock, algo que recibir con los brazos abiertos, pero que Mogwai hiciera lo propio en su anterior disco, ya en la segunda década del siglo XXI, o que recurra cada vez más a los sintetizadores para ampliar su paleta sonora, no tiene mucho de aventura, es más bien un paso natural, coherente, una forma más de no salirse de los márgenes su propia tradición musical.

Bienvenidos a 2014. Vivimos tiempos polarizados y cualquier filigrana va a hacer que te ganes una pedrada por ser AOR. Y Mogwai son lo que son: unos supervivientes. Son lo más parecido que tenemos a los dinosaurios de cierta parte de la escena rock de los noventa, responsables en gran medida de la popularización de un sonido instrumental de largo aliento que exige paciencia y atención en el oyente, capaz de ser citados como influencia por bandas de metal o de electrónica y de inspirar a clones allá donde toquen, en Madrid o en Japón. Son objeto de reediciones (según Stuart Braithwaite, están ya metidos con la de "Come On Die Young", que debería lanzarse este 2014, 15 años después del original) y, vayan preparándose, porque en breve estaremos aquí celebrando su vigésimo aniversario. Es lo que hay, y no es necesariamente algo malo: ¿se les ocurre algún otro grupo de la época con un estatus similar? ¿Algún otro grupo de post-rock cuyo mensaje pudiera ser fusilado por el Community Manager de unos grandes almacenes para hacerse el enrollao ante sus seguidores en Twitter? Pues eso.

Hoy se impone que usemos un nuevo punto de corte a la hora de analizar sus nuevos trabajos. No tiene sentido seguir usando como vara de medir "Young Team" (1997) o "Rock Action" (2001) ni cagarnos en la madre que les parió por hacer cosas tan feas y aburridas como "The Hawk is Hawling" (2008), un disco que resume muy bien todo lo que está mal. Y juro que me meto un tiro antes de volver a hablar de las transiciones ruido-calma. Por el contrario, el bien ajustado y, a su manera humilde "Hardcore Will Never Die…" es el punto de partida necesario para entrar en "Rave Tapes". Como en aquel, hay aquí algo de back to basics que no es un paso atrás ni hacia adelante, sino a un lado. Y larga vida al bueno de Paul Savage por controlar al grupo y mantenerlo alejado de las tormentas: la preciosa "No Medicine For Regreat" suena a material hecho por una banda casi en plena forma, suena a los buenos Mogwai, sin que ello signifique que el oyente tenga que volver a pasar por algo que ya ha escuchado mil veces antes. Siguen sabiendo cómo y dónde tocarte. Ahí, justo ahí abajo. "Rave Tapes" no es un disco en el que el grupo se ande por las ramas ni en el que la música se pierda en su propia frondosidad, es una colección de temas directos y el resultado es igualmente compacto.

En concreto: en "Rave Tapes" (otro título irónico, y van…) se mantienen aquellos viejos-pero-nuevos elementos que ya subrayamos como aciertos en "Hardcore Will Never Die…". Uno es la incorporación de sintetizadores a su lenguaje, algo que sólo podemos saludar como una victoria y que supone llevarse las guitarras a un segundo plano ( "Remurdered", "Simon Ferocious", "Deesh"). Y esto último no es una derrota: es lo más valiente que ha hecho el grupo en años. A pesar de que este disco suena bastante menos kraut que el anterior, hay también en él puntuales visitas al rock alemán aunque sea sólo para reelaborarlo a su manera (porque "Remurdered" es eso: una autobahn imaginaria que conecta Düsseldorf con Glasgow). Y también asistimos a la constatación ¡por fin! de que para introducir voces en un discurso instrumental no hace falta matarnos de pena a golpe de sadcore (a pesar del bajón que supone en el tracklist un tema como "Blues Hour"), más bien al contrario: Mogwai siempre han tenido a mano el spoken word ácido a lo Arab Strap ( "Repelish" es otro de los mejores momentos) y con un vocoder hasta un himno de iglesia suena un poco más sexy ( "The Lord is Out of Control", que sigue el camino abierto por la fabulosa "Mexican Grand Prix"). Y ojo, porque el uso de un vocoder tras el empacho de Daft Punk también puede hacer que te ganes otra pedrada.

Pero, sobre todo, "Rave Tapes" ahonda en aquella apuesta por la sensibilidad pop en lugar de en intentar alimentar desesperadamente una hoguera ya extinguida. ¿Sensibilidad pop, digo? A ver: una apuesta por estructuras más simples (en "Heard About You Last Night" parecen una versión minimalista de Mogwai), por los ganchos directos, por la calidez instrumental y por la emoción melódica. Todo esto, paradójicamente, para muchos fans no ha supuesto sino un alejamiento sentimental de su grupo favorito y un enfriamiento desde aquellos primitivos incendios. Ya saben, la calefacción nunca está a gusto de todos.

Según decía Barry Burns en una entrevista, tras el exigente trabajo realizado por el grupo con el soundtrack de "Les Revenants" (2013) y su no menos meticulosa gira, lo que ha venido después ha sido casi como una resaca. Y algo de resaca hay en las imágenes que ofrecen "Hexon Bogon" y la floja "Master Card", los temas más conservadores del disco. El post-rock debería considerarse un género cinematográfico más que uno musical, y como hijo autista del rock progresivo parece pensado para ser escuchado con ayuda de la imaginación, que es una muleta fantástica. Es fácil utilizar etiquetas y palabras-clave para archivar sus contenidos: narración, paisajismo, banda sonora, espectacularidad, belleza, épica, virtuosismo. No sé. Les diría que "Rave Tapes" sólo puede llevarles hasta donde ustedes estén dispuestos, ni más lejos ni más cerca, ni más alto ni más bajo. Pero eso, hablando de lo que hablamos aquí, de música en general, de algo que tiene más poder de evocación que las palabras y bla, bla, bla, y de un grupo como Mogwai en particular, es de Perogrullo.

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