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Actress ActressR.I.P.

9 / 10

Actress ha conseguido algo que en estos tiempos resulta francamente difícil: construirse un mundo. No ya sólo una burbuja de aislamiento en la que funcionar al margen de su entorno sin ser molestado, sino modelar alrededor de ese espacio una estética particular, una estirpe y hasta una mitología. Es más o menos fácil señalar de dónde viene el sonido de Actress –hay una parte de intelligent techno inglés de la mejor época Black Dog Productions / AFX, y luego está todo el substrato reciente de las mutaciones bass–, pero lo más fascinante es seguir hasta dónde llega el rastro de su influencia. Darren J. Cunningham no es de los que siguen corrientes, sino de los que señalan el camino para que los demás le sigan. Con su primer álbum, Hazyville (Werk Discs, 2009), se intuían algunos movimientos de futuro. Todo ahí era brumoso –como sugería el título–, deshilachado, como un deep house empapado de lejía y lavado a la piedra, e incluso se alejaba de su huella más dubstep, la de los primeros maxis, para entrar en territorio desconocido, y con la edición de su segundo largo, Splazsh (Honest Jon’s, 2010), Actress había conseguido completar esa metamorfosis, pasar de larva a mariposa, y mostrar cuáles eran las posibilidades abiertas para el techno desde entonces y hasta ahora. Nadie más que él, a excepción de Burial en los últimos años, ha desarrollado un discurso tan influyente y propio. A partir de “Splazsh” aparecieron los tremendos maxis de T++ y Andy Stott en Honest Jon’s y Modern Love, respectivamente, señalados por esa abstracción tan rigurosa, por esa levedad atmosférica y una cierta poesía futurista; música lenta, suspendida en el vacío, curvada y desconectada de los ritmos y patrones habituales. Con Actress el techno se olvidaba de la pista de baile, pero se reencontraba con un proyecto de futuro que ya parecía perdido.

“R.I.P.” no es un disco que lo tenga fácil, porque necesariamente se tiene que juzgar en comparación con “Splazsh”, y aquello no fue un título o un simple trozo de plástico y cartón, sino un punto de inflexión. El que fuera mejor álbum de 2010 –lo dijo The Wire y lo subscribe, humildemente, un servidor– sigue intimidando en la distancia, separando con su vara el buen techno del mal techno, y sobre todo el techno rutinario del techno que intenta ir más allá. Actress, de todas maneras, está en un momento dulce y “R.I.P.” suena a la altura de lo esperado. Sólo podía conseguirlo siendo él mismo y no traicionándose, y si “Splazsh” se distinguía por una serie de rasgos estéticos férreos –piezas que parecían esbozos más que tracks, disolución del bombo, maximización de una atmósfera entre onírica y drogada, destellos de old school en las fases más galácticas y detroitianas, pero también un degradado del color, la textura e incluso la forma–, su continuación propone algo muy parecido. En propias palabras de Actress, éste no será su único álbum en 2012, habrá otro que no se sabe si será extensión, complemento o compensación de contrarios, y si ese es su plan, evidentemente había que empezar por el trabajo más continuista.

Los cortes que incluye “R.I.P.” son 15, y en su modo de hacer sigue pesando la idea primera antes que el desarrollo completo. Es un álbum básicamente abocetado, donde muchas de las piezas pasan a duras penas del minuto o los dos minutos, y que en caso de que se alarguen más –ocasionalmente hasta los seis– es en detrimento de una narrativa musical basada en los recursos normales de cambios de ritmo, entrada y salida de los elementos –cajas, bombos, sintes–, y que fundamentalmente se fortifica en un tipo de sonido-nube que apenas cambia y que gira y se refleja en sí mismo. Incluso en “Splazsh” se escuchaban más cortes con beat; aquí, salvando “Marble Plexus”, “IWAAD” o “The Lord’s Graffiti”, casi como excepción, no hay una base rígida y dominante que articule el viaje, sino que todo queda en manos de la gravedad –mejor dicho, en la ausencia de la misma–. Sin haber tenido tiempo para echar un ojo a los títulos, “R.I.P.” te inunda de imágenes cenitales sobre ciudades futuristas o cielos grises; su sonido hace levitar, y sobre todo dejar volar la imaginación, pero no como si fuera la banda sonora de una película sobre otros mundos, sino como si fuera un sueño lúcido de ciudades maravillosas como las que aparecen en la literatura de Italo Calvino o Lord Dunsany –sin que el factor espacial o sci-fi sea necesariamente vital–. Mientras otra música es comprensible en formas y colores, Actress consigue que su techno se organice a partir de volúmenes no-euclidianos, de formas curvas e imposibles. Si a Aphex Twin le llamaron el Mozart del ambient por prolífico y precoz, a Actress le podríamos llamar el Picasso del techno: sus dibujos se reconocen, pero sus líneas y sus volúmenes desafían, con su anti-naturalidad, las expectativas del oído.

Puro cubismo, pues, el que encontramos en fragmentos ambientales –con bajo o con bombo, o con nada de eso, sólo volutas de sintetizador o rizos de sample vocal– como los de “R.I.P.” –una intro misteriosa, solemne, pero también frágil, como frágiles son los estados de duermevela–, los seis minutos de canción de cuna galáctica de “Jardin” –ruidos y arpa eléctrica–, el bajo zumbón, reptil y rectilíneo de “Shadow From Tartarus” o “Ascending”, que en un precioso contrapunto, amagando arpegios, cuaja el momento más bello y espacial de todo el álbum. Pero estos son sólo ejemplos al azar, porque si vamos tema por tema, y sensación por sensación, “R.I.P.” se eleva como un trabajo difícil de atacar por ningún flanco: es coherente, sin fisuras, sin bajadas de intensidad, feliz y cómodo en su propio mundo sonoro, tan insólito como “Splazsh” e, incluso, todavía más ambicioso en sus aspiraciones, hasta el punto de (casi) extirpar al techno que conocemos de cualquier rasgo reconocible. Cualquier productor electrónico que quiera superar esto en los próximos meses –y ser más importante que Actress en lo que queda de década–, créanselo, va a tener que sudar sangre.

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