A La Quinta Hoguera A La Quinta Hoguera

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Fasenuova FasenuovaA La Quinta Hoguera

8.3 / 10

Fasenuova  A La Quinta Hoguera DISCOS HUMEANTES

La portada y el título de este esperado álbum de Fasenuova me recuerdan a “El Regreso Del Nativo”, novela de Thomas Hardy en cuyas primeras páginas se describe cómo los habitantes de una zona rural inglesa encienden hogueras en los montes con motivo de la celebración de la noche de Guy Fawkes. La intención de Hardy es la de dar a la novela el adecuado tono lúgubre y fantasmagórico al subrayar el origen pre-cristiano de este rito. De un modo similar, la portada de “A La Quinta Hoguera” funciona como una perfecta puerta de entrada al particular universo sonoro de Fasenuova, con esas dos siluetas recortadas que miran hacia el interior de un óvalo en el que se ven, difuminadas, otras siluetas frente a un resplandor de un rojo intenso, posiblemente procedente de una hoguera, que cubre una luna igualmente roja, un color que también destaca en las primeras páginas de la novela de Hardy como símbolo de las pasiones humanas.

Oscuridad y paganismo son las dos primeras ideas, por tanto, que vienen a la mente al ver esta portada, y que se confirman al escuchar los siete temas que componen el disco de este dúo asturiano que se ha ido gestando con extremo cuidado durante años y que ahora por fin se publica. El paganismo es algo evidente, sobre todo en las alucinadas letras, que abundan en referencias a montes, ríos, bosques o mares y que transmiten una sensación de la naturaleza como una fuerza poderosa y subyugante, reflejada en la música a través del carácter ominoso de los sintes y el tono solemne de buena parte del disco.

El aire de ritual pagano también permite establecer conexiones con gente como Demdike Stare o, en algunos momentos puntuales, con los aspectos más oscuros del catálogo del sello Ghost Box, además del folk post-industrial de Current 93. Al igual que todos ellos, Fasenuova logran una especie de folk ocultista por medios electrónicos, en los que la creación de ambientes enrarecidos pero plenamente disfrutables suponen la clave de lo atractivo de una estética sonora que parece recrear los paisajes asturianos de abrupta geografía, puntuados por restos arqueológicos pre-cristianos como los dólmenes del Monte Areo cerca de Gijón y marcados en el último siglo por el impacto industrial, especialmente significativo en la cuenca minera de donde proceden ellos.

Fasenuova parten de improvisaciones para hacer el viaje a un formato de canción que –como en el caso de los neoyorquinos Gang Gang Dance, quienes han hecho un giro parecido de la improvisación al formato canción en los últimos años– les hace ganar en concisión y eficacia. El disco se abre con “Rojo Y Ne”, y desde los primeros segundos quedan claras las principales características de su sonido: ritmos imaginativos y de texturas rugosas, casi táctiles, sintes que oscilan entre los drones y riffs cercanos al rock, algo de dark ambient, algo de baile, mucha creación de atmósfera inquietante mediante manipulación de frecuencias y las letras evocando imágenes muy visuales al tiempo que dándole vueltas a frases poéticas o, directamente, entrando en el terreno de las palabras inventadas. “Vamos A Bailar A La Noche” y “Yo Te Imito” son dos auténticos órdagos, con ese motorick a lo rock cósmico alemán propulsando riffs de sinte primitivo nacidos de drones que recuerdan a Suicide. La invitación a bailar en las letras y el ritmo de ambas canciones subraya el aspecto celebratorio de su música, lo que les impide caer en la morbidez contemplativa gótica y les distancia del catálogo de un sello reciente como Blackest Ever Black en el que, por lo demás, encajarían a la perfección temas como “Amar Es Bailar” o “Cuando Venga El Halcón”, con su tono más contemplativo, su densidad atmosférica y su ritmo lento y pesado. El tema titular, tiene un comienzo muy Throbbing Gristle y ofrece un desarrollo dominado por sombríos y majestuosos sintes planeadores, mientras que de “Cachito Turulo” destacan un ritmo infeccioso e implacable, y el registro surrealista de sus letras.

En los últimos meses han salido muchos discos que han entablado una conversación sobre la estética de los sintes analógicos, recuperando y prolongando ideas iniciadas en los años ochenta. Estos discos de Dylan Ettinger, Oneohtrix Point Never, Hype Williams e incluso el último de Kode9 & The Spaceape representan una de las opciones estéticas más interesantes del presente musical. “A La Quinta Hoguera” es una estupenda aportación a esta conversación, más allá de que sea una casualidad que la coyuntura musical les favorezca, puesto que Fasenuova tienen una larga trayectoria a sus espaldas, con varios cambios de nombre incluidos y orígenes en la música industrial. Como dije al principio, “A La Quinta Hoguera” es el resultado de un proceso minucioso durante el que fueron perfilando poco a poco sus ideas musicales hasta dar con este álbum mayúsculo, sorprendente e imprescindible.

Iván Conte

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