Quest For The Sonic Bounty Quest For The Sonic Bounty

Álbumes

Horsepower Productions Horsepower ProductionsQuest For The Sonic Bounty

6.1 / 10

Horsepower Productions Quest For The Sonic Bounty TEMPA

En la portada aparece un pirata con una especie de loro mecánico en el hombro. Sus manos están a punto de cerrarse sobre una joya codiciada. Su mirada es inhumana, cadavérica, como la de los secuaces de LeChuck en “The Secret Of Monkey Island”. Un pirata en una portada de Horsepower Productions, y un título como este “Quest For The Sonic Bounty”, sólo puede significar dos cosas: o el grupo pionero del dubstep ha salido del bando de los buenos para enrolarse en la nave de los malvados sanguinarios, o, por el contrario, lo que les mueve es el afán de tesoros y de riquezas, más el ánimo de lucro que la sed de sangre. La historia nos explica que debería ser esto último: la aparición de Horsepower en el año 2000 en la escena UK Garage vino marcada por un discurso de marcada intención experimental que, a la altura del álbum “In Fine Style” (Tempa, 2002), se posicionó como el discurso más avanzado del momento en el underground inglés: donde unos sólo hacían chillar a divas histéricas y otros diseñaban líneas de bajo con el grosor del tronco de una secuoya, el trío londinense inspeccionaba la textura de sus sonidos bajo la lente de un microscopio y los modelaba con cuidado, con el mismo tacto con el que un joyero pule las aristas de una piedra preciosa. Sería razonable, por tanto, que seis años después de “To The Rescue” (Tempa, 2004), Horsepower viniera a recuperar el botín y a dejarse iluminar por el resplandor frío del oro.

Pero no. Este pirata no busca riquezas, sino rebanar cuellos. Es un matón curtido en la lucha a espada con cicatrices en el 80% de su cuerpo, y ha venido a presentar batalla. Era otra opción posible: el núcleo duro de Horsepower Productions ya no lo componen los tres miembros originales que dieron forma a clásicos del garage experimental como “Fist Of Fury” o “Gorgon Sound”. Nasis y Lev Jnr siguen formando parte del proyecto –en realidad, Horsepower no es un grupo en sí, sino un colectivo de entrada y salida libre, una comuna artística sin la carga squatter de la palabra en cuestión–, pero quien carga con el peso de todo es Ben “Benny Ill” Garner con la ayuda puntual de Jay King. Y aunque algunos rasgos distintivos de antes se siguen apreciando claramente, “Quest For The Sonic Bounty” ha perdido el brillo de las producciones originales. Se les nota desgastados o fuera de contexto; siguiendo la estela de jóvenes productores con ideas frescas en lugar de estar abriendo camino –lo mismo debieron sentir vacas sagradas del jungle como Roni Size o Andy C cuando les vieron llegar a ellos con un clásico entre las manos en 2002–. Se les nota, además, encajonados en una fórmula de fuerza e impacto, esa que consiste en forzar los límites del retumbe del bajo. Horsepower han buscado el camino de la sombra en perjuicio del de la luz, y aunque nunca muerden con la rabia de los viejos amos del sonido wobblestep –los primeros Caspa & Rusko, algunos de los cortes en los “Skreamizm” de Oli “Skream” Jones–, sí que van con la pierna por delante para segar tobillos y marcando bíceps cuando alguien mira. En cierta manera, la idea de unos Horsepower arrolladores invita al rechazo. Ni siquiera “To The Rescue”, que ya indicaba un descenso del cuidado en los acabados finales, era tan romo como este tercer álbum completamente fuera del zeitgeist.

Por otra parte, despachar “Quest Of The Sonic Bounty” como un disco de dubstep musculoso y sin inspiración sería incorrecto. Porque no es un disco rave, ni tampoco el equivalente a Pendulum en la actual escena bass. Es un disco de influencia dub poderosa, tan filo-jamaicano como las producciones de Digital Mystikz, con aroma a ganja intoxicante y con el latido del corazón acelerado. Hay detalles que no deberían sonar extraños: una colección de producciones con fraseos ragga, steel drums ( “18th Special”, la abisal “Kingstep”), samples robados de películas antiguas y una cámara de eco que retumba como un tambor de guerra ( “Poison Wine”). Pero incluso en esa aceptación sin reservas ni adulteraciones del origen jamaicano de esta historia –muy en sintonía del inminente “Scientist Launches Dubstep Into Outer Space” que editará Tectonic–, Horsepower parecen seguir yendo a rebufo (incluso remezclando a Lee Perry en “Exercising”). Todo lo que demuestran aquí ya estaba mejorado en diversos vinilos de Pinch, Mala y Loefah; incluso en este año, el “Return II Space” de Digital Mystikz ha sabido ir más lejos en la profundización y reciclaje futurista de un dubstep que, pese al vigor house de los jóvenes cachorros, todavía se mantiene fiel a la vieja escuela sin sonar a antigualla. La conclusión es que, un buen día, Horsepower nos mostraron cuál era el camino hacia delante, y hoy nos están indicando el de regreso. ¿Es eso lo que queremos?

Javier Blánquez

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