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Laurel Halo Laurel HaloQuarantine

8.3 / 10

La colaboración de Laurel Halo con James Ferraro y Oneohtrix Point Never en el séptimo volumen de la serie FRKWYS parece haber sido premonitoria en el sentido de que los tres se han afianzado en los últimos meses como los grandes nombres de la música electrónica más audaz e inquieta en Estados Unidos, auténticos renovadores de la estética e intenciones de la música de sintetizadores. Por supuesto, este ascenso a una liga superior, llegando a un público más amplio aún a costa de dividir opiniones, se debe a que los tres han publicado a continuación sus obras más reconocidas: Far Side Virtual en el caso de Ferraro, Replica en el de Daniel Lopatin, y ahora nos llega este intrigante “Quarantine” de la mano de Laurel Halo, con el que se va a desprender con facilidad de la etiqueta de hipster house que se le había aplicado con motivo de su interpretación del techno y del house en “Hour Logic”, su anterior y celebrado EP, puesto que poco de lo que hay en “Quarantine” se podría bailar. Ni rastro queda, tampoco, de ese hypnagogic pop al que se le asoció por sus conexiones con Daniel Lopatin, como por ejemplo aportando su voz al primer EP de Games, el que fue el antecesor del LP de pop de Daniel Lopatin y Joel Ford. Borrón y cuenta nueva, pues, para la de Brooklyn, aunque está claro que “Quarantine” es la culminación de su trabajo anterior en un sonido plenamente suyo.

Al igual que ocurre en la ilustración que aparece en la portada, obra de Makoto Aida, el sonido de este “Quarantine” es de una belleza envenenada. Las adolescentes suicidas de esa ilustración encajan con el tono general de un disco que, sin renunciar a bellos atisbos melódicos, resulta áspero y crudo. El título del álbum ya apunta la sensación de aislamiento, de faltarte el aire que se tiene mientras escuchas estas canciones, una sensación de incomodidad subrayada en algunos títulos como “Airsick”, “Carcass”, “Tumor” o en la muy comentada línea de “MK Ultra” en la que hace referencia a la necrofilia, que Halo suelta de manera despreocupada.

En lo que se refiere al sonido, en “Quarantine” abundan las texturas digitales rugosas, como una versión tensa y amenazante del ambient. De hecho, los momentos más oscuros de este disco me han recordado a la visión correosa del ambient ofrecida por Aphex Twin en “Selected Ambient Works Vol 2”, en el que por ejemplo temas como “Carcass” encajarían a la perfección si les quitásemos la voz –que suena, en esta ocasión, retorcida y torturada, enfrentándose directamente al oyente al situarse en primer plano en la mezcla–. En entrevistas ha hablado de intentar hacer sonar a su voz como una línea de sinte agresiva, y seguro que es el elemento que más echará para atrás a algunos oyentes, a pesar de que cumple su función como pico de tensión. Todos estos elementos hacen que la escucha de “Quarantine” sea emocionalmente intensa, aunque esta tensión se ve continuamente contrarrestada o saboteada por pequeños destellos melódicos, como el loop de piano en “Airsick” o la luminosa melodía de “Thaw”, que se abre paso entre una masa de sonido digital crujiente y gélido… ¿o son las capas de ruido las que sabotean los intentos de Halo por acercarse al pop?

“Quarantine” es un disco que destaca por la densidad de su sonido, como si de un momento a otro sus vaporosas capas se fuesen a solidificar. Sin embargo, casi todos los temas hacen equilibrios para sostenerse sobre estructuras pop más o menos reconocibles. En todos ellos se hace patente un trabajo microscópico en el que se superponen sonidos cercanos al ruido y otros más abiertos y luminosos, una tensión que recrudece el impacto emocional del disco y niega cualquier acusación de preciosismo o de cercanía a la estética new age, empleada por otras aventureras del sinte contemporáneas como Motion Sickness of Time Travel.

“Quarantine” es la banda sonora de esas noches en las que la ansiedad y el pánico impiden conciliar el sueño, así como de la incomunicación urbana a pesar de las oportunidades de conexión que ofrece ese no-espacio que es internet. Halo mira a la cara a los miedos contemporáneos y retrata la tensión existencial en la era digital. Al igual que ocurre en “Replica” de Oneohtrix Point Never –de hecho, “Light + Space”, la canción que cierra el álbum, podría haber estado en “Replica” perfectamente–, Laurel Halo consigue aquí llevar la estética de sintes bañada de sonido digital a nuevas dimensiones emocionales. Sin miedo a explorar el lado deshumanizador de la electrónica, Halo acaba logrando un sonido emocionante en su desolación. Tanto Halo como Lopatin y Ferraro se encuentran en un momento envidiable, visionarios con estéticas intransferibles a las que disco a disco están dando una forma cada vez más nítida. A ver quién da el siguiente paso.

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