Pyramids of Space - Pyramids of Space Pyramids of Space - Pyramids of Space

Álbumes

Pyramids of Space - Pyramids of Space

7.5 / 10

Al escuchar Pyramids of Space es posible sentir cómo cae encima de uno todo el peso de la historia de la música electrónica británica. Esto -porque hay que referirse al artefacto como 'esto', pues no se sabe nada ni de quién lo hizo, ni cuándo, ni dónde, ni bajo qué circunstancias- es como la apertura de un agujero negro en pleno proceso 'retromaníaco', un túnel interdimensional hacia algún punto pasado de la tradición. Por una parte es frustrante: no hay ninguna información verificable; por la otra, es un misterio estimulante, se corre el riesgo de que te engañen, aunque la música sea rabiosamente de verdad.

Lo único que se puede saber sobre Pyramids of Space es lo que indica el Barón Mordant en la nota de prensa que acompaña a esta cassette de edición limitadísima -no más de 50 copias- y que, gracias a la providencia, también circula en un lote de 22 mp3s muy bien masterizados: el responsable de Mordant Music indica que esta música se produjo en algún lugar de Cornualles entre 1992 y 1996 -sólo conocemos tres productores importantes de la época criados en esa zona de Gran Bretaña: Luke Vibert, Tom Middleton y Richard D. James-, y que ha permanecido oculta hasta hoy. Todo lo demás, es especulación.

Si a alguien pudiera corresponder, sería a Richard D. James, pero sólo por aproximación. También tiene mucho de The Black Dog: intelligent techno con trazos detroitianos típico del que editaba Warp precisamente entre esos años, 1992 y 1996. Pero el material etiquetado como Pyramids of Space es lo suficientemente limpio y poco agreste como para ser algo de Aphex Twin o alguno de sus alias -Polygon Window es el que más se le acerca-, y además demasiado bueno para haber permanecido oculto durante tanto tiempo. Y tampoco se adapta por completo a la estética de The Black Dog: hay momentos casi jazzy ( Low Tide), aunque otros parecen perfectamente calcados de las sesiones de grabación de Bytes, como Construct, un portal dimensional que conecta el Londres futurista con el Detroit clásico.

Uno a uno, los 22 cortes de este ¿álbum? ¿objeto? remiten a ese tipo de época y sensibilidad. Si forma parte de algún engaño -por ejemplo, que Pyramids of Space sean los propios Mordant Music, jugando a copiar una época entera-, no nos enteraremos. Si pertenece a un archivo hasta hoy escondido, deberíamos alegrarnos por la recuperacion y lamentarnos por todo el tiempo que esta música ha pasado en las zonas oscuras de la historia. Esto es a la IDM lo que Lewis al AOR: un enigma.

Puesto que la información es restringida, lo mejor es centrarse en la música en sí. Salvo algunas piezas que se extienden por encima de los cinco minutos, Pyramids of Space consiste en un despliegue de viñetas sintéticas casi siempre localizadas en la zona más plácida y onírica del techno a la manera inglesa. La textura tiene esa simplicidad y claridad de lo analógico, y en ningún momento parece sobrecargada: es, definitivamente, música hecha con pocos medios, levemente improvisada, quizá hecha por experimentar más que por editar, y descartada por razones que se nos escapan. Quizá quien la hizo consideró que no estaba suficientemente madura, que era una vía para el aprendizaje en vez de un argumento para irrumpir en las tiendas.

Melodías como la de Simultaneous, de una ingenuidad típica de la época, podrían sustentar este argumento: aunque hoy luzcan con el fulgor de la nostalgia, en el fondo es un track a medio cocer, todavía con algunos detalles por pulimentar. Pero es esa indefinición entre el esbozo y la emoción la que mejor le viene a Pyramids of Space. Además, dentro de la secuencia de 22 cortes se advierte incluso una evolución en el tiempo: Long Lost Brother juega con patrones drum'n'bass -de ser genuina, tuvo que ser creada, necesariamente, entre 1995 y 1996, bajo la influencia de Goldie y Bukem-, KBT tiene un swing propio de ciertos proyectos de Neil Ollivierra o Carl Craig, e imágenes inesperadas como Photon -un esbozo ambient al estilo Selected Ambient Works II pero con una guitarra jazz que podría haber tocado Pat Metheny-. En Further Out hay un toque exótico, arabizante, que hace sospechar: podrían ser Mordant Music, nos la podrían estar metiendo doblada, porque a partir de ahí el material se hace más raro, más inestable ( Electron, Frequency, Randomize), hipotéticamente hipnagógico, incluso con un sonido de peor fidelidad ( Spatial Geometry, Outer Reach).

Finalizado el trayecto, queda una doble sensación: la de la angustia por un tiempo perdido, irrecuperable, quizá todavía rebosante de tesoros como los que puede haber en las tripas de una pirámide (del espacio), y la del confort que aporta esta rareza, curiosidad o ejercicio de estilo, tan variado y azaroso que no puede más que brillar dentro de su alucinante irregularidad.

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