Putrifiers II Putrifiers II

Álbumes

Thee Oh Sees Thee Oh SeesPutrifiers II

8.1 / 10

‘Prolífico’ es un adjetivo que suele colarse casi siempre en los textos que hablan sobre John Dwyer, una de las mentes más al rojo vivo de la fría San Francisco. Firmando como Thee Oh Sees, Dwyer ha publicado nada menos que catorce álbumes ya, habiéndose curtido también en otras encarnaciones como los seminales The Hospitals y despachado numerosos lanzamientos underground. Su incansable capacidad de trabajo y la brutal energía que descorcha con su grupo cada vez que se sube a un escenario no han sido suficientes para alcanzar el reconocimiento que se merece, nada más y nada menos que el de gurú psych-rock de nuestros días. Es un reconocimiento que apostamos que le llegará ahora, gracias a este magnífico “Putrifiers II” y que, si somos justos, le otorgaremos ex-aequo junto a Ty Segall, protegido suyo que lleva camino, si no lo ha hecho ya, de superar artísticamente al padrino. También es una condecoración que debemos colgarle en un año decisivo para el género, un año en que Segall está a punto de entregar su tercer largo, en que las mareas de California vienen y van al ritmo de los sensacionales nuevos trabajos de Fresh & Onlys, Ariel Pink o White Fence, y en el que, desde el otro lado de Estados Unidos, alzan la voz King Tuff desde Vermont.

Thee Oh Sees, decíamos, merecen un puesto de honor entre todos ellos gracias a la culminación que supone “Putrifiers II”. No sólo estamos ante su disco mejor cohesionado y tejido (no se advierte una sola costura), sino también ante el álbum en que limpian su chatarrero sonido como quien ordenase la habitación o pusiera orden en el garaje. Su habilidad para el riff certero y la manera que tienen de despachar inefables ganchos melódicos, se afinan con una puntería que venían buscando, en concreto y con afán, desde el predecesor “Carrion Crawler / The Dreamer EP” (2011), sobre cuyas bases krautrock parecen enfrascados aún temas como la fantástica “Lupine Dominus”, quizá la más salvaje de un disco mucho más tierno de lo que nos tienen acostumbrados. Además, comparado con aquel trabajo y con el inmediatamente anterior, el desvencijado “Castlemania” (2011), “Putrifiers II” muestra a Thee Oh Sees como un grupo de una versatilidad asombrosa, capaz de transmutarse en varias versiones diferentes de sí mismo según lo que pida cada corte y que también en esto se asemeja al cada vez más soberano Ty Segall.

Es fácil caer rendido a los pies de estos Thee Oh Sees remozados y conectar con el nuevo orden. Las premisas y ambiciones son las mismas pero ha cambiado ligeramente el diseño de producción (más limpia, más ligera) y las maneras tan directas con que se afrontan brillantes líneas melódicas como las del tema titular. A Dwyer se le nota relajado, divertido, presidiendo al equipo con la seguridad de quien conoce la calidad del material que maneja y desmarcándose con un genial falsete en ejemplos como esa “Flood’s New Light” de tozudez ramoniana. También sorprende gratamente el uso de cuerdas, sobre todo de las primeras. En canciones como “Goodbye Baby” las incorporan más de fondo, pero “So Nice”, por ejemplo, se sustenta toda ella sobre una sangrante viola con la que homenajean al “Venus In Furs” de Velvet Underground, influencia declarada del álbum junto a The Zombies, Scott Walker y los aislacionistas japoneses Les Rallizes Denudes. Otros nombres reconocibles son: los primeros Pink Floyd en el bello cierre de “Wicked Park”, Phil Spector en la arrebatadora balada “Will We Be Scared?” y Olivia Tremor Control en los concéntricos arreglos que adornan “Hang A Picture”, todos ellos grandes nombres de referencia para un triunfador que ha pasado, por fin, de acumular bronce envejecido a ganarse su primera medalla de plata. El oro queda ya muy cerca.

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