Prismic Tops Prismic Tops

Álbumes

Dimlite DimlitePrismic Tops

7.6 / 10

Dimlite  Prismic Tops NOW AGAIN RECORS - STONES THROW

En los últimos años, el hip hop instrumental ha dejado de ser un apéndice unidireccional –y muchas veces yermo– del rap para convertirse en uno de los huertos más fructíferos y florecientes de la campiña electrónica. Mutaciones virológicas de cepa wonky han infectado los ganglios de las nuevas hornadas de productores que operan en las islas británicas y en los garajes más oscuros de Los Ángeles. De todos modos, no sólo en los calderos californianos, británicos y escoceses se ha cocinado esta embriagadora sopa de psicodelia futurista. Rincones a priori aislados de esta vorágine de b-boys marcianos como Suiza –país de vacas, tetas generosas, relojes y chocolate con leche– también han sentido el peso del nuevo beatmaking.

Dimlite es el responsable de poner este país en el mapa del nuevo hip hop instrumental. Y no es flor de un día. Lleva haciéndolo ya desde hace unos cuantos años, antes incluso que muchos otros de los que ahora se llevan los laureles y fanfarrias. Desde 2003, Dimitri Grimm ha dibujado un camino impecable hacia la excelencia, con gemas (remezclas incluidas) de un poder visionario que, aunque ahora se perciba menos dada la masificación de nuevos beatmakers, merece un profundo respeto. “Rumbox Weathers” (2005) y “This Is Embracing” (2007), sus dos primeros LPs, han servido a Grimm para suavizar los contornos de un universo inimitable y licuar con mimo un estilo que ha explotado en las siete pistas de “Prismic Tops” como la siniestra y devastadora bomba que los Predators esconden en su brazalete.

En estos momentos de saturación de nouveau hip hop y wonky bastardo, uno debe más que nunca agudizar el olfato para separar la comida rápida del caviar y, sobre todo, uno debe más que nunca apreciar ejercicios tan fascinantes y personales como el de Dimlite. Ensalzarlos. Darles relevancia ante la avalancha de supuestos nuevos talentos. Y aquí hay beluga, no unos jodidos aros de cebolla, que nadie se olvide. En algo más de media docena de desarrollos de imposible categorización y espíritu jazzístico, Grimm juega con texturas acuosas sin miedo a que se le escurra el sonido de entre los dedos, pisando con seguridad implacable y gran bravura en la sintetización de ritmos peligrosos, lodazales de experimentación en los que muy pocos se atreverían a aventurar. Manosea los beats como plastilina, los hace maleables, laxos, oscilantes, pero sin perder el rumbo, con una coherencia que le aleja de cualquier consideración de pedantería o intelectualismo mal aplicado.

El latido crepuscular con voz de helio robótico de “Sun-Sized Twinkles” –una mezcla de Madlib, Flying Lotus y Prefuse 73 sobrada de estilo– es una carta de presentación sin equívocos: el suyo es un planeta distinto a todo lo demás. Volvemos a escuchar su voz en “Elbow Food”, pero esta vez empapada de un tono funerario y envuelta en una producción de funk psicótico que progresa, muta, y adquiere formas caleidoscópicas. La psicodelia entra suavemente, sin obturar los sentidos, apoderándose del legado de Mouse on Mars y J Dilla en “Rump Studies” y, sobre todo, en “Kalimba Deathswamp / Kurt Feelings”, cinco minutos de orgasmo sincopado que huele a silicio y carburante espacial. Los glitches, las cajas de ritmos asincronizadas y las atmósferas lisérgicas alcanzan su máxima expresión en “Vomit (O.D.N.)”, pero donde quizás cobran mayor expresividad es en los 80 segundos de “Can't Get Used To Those”, esto es: latin soul cibérnético ultraconcentrado para fans de Dudley Perkins. Lo mejor es que el material de este álbum-no-álbum –está formado por los mejores descartes de un trabajo originalmente titulado “Prismic Valuta Rising” que su sello de aquel entonces, SonarKollektive, se negó a publicar– no es más que una chispa del incendio que está por venir, y servidor ya tiene ganas de arder en su extraño infierno: el mejor larga duración del suizo alienígena está cerca. Muy cerca.

Óscar Broc

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar