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Katy Perry Katy PerryPrism

5.3 / 10

Katy Perry nunca ha sido una artista de discos ni de concepto alguno, sino más bien una hábil explotadora de singles que ha sabido escoger sus mejores bazas para estirar las ventas hasta el infinito en el momento adecuado. Y en esta ocasión no iba a ser menos, aunque va a tener jodidamente difícil volver a superar el récord que consiguió con “Teenage Dream”: igualar a Michael Jackson colocando cinco singles de un mismo álbum en la cima del Billboard Hot 100. Obviamente, “Roar”, con su mensaje de superación azucarado y ese estribillo gritón pensado por y para agradar a cualquier hijo de vecino desde el primer minuto, lleva desde agosto siendo un éxito monstruoso (tanto que hasta ensombreció el lanzamiento de “Applause” de su competidora directa, Lady Gaga). No obstante, la Perry y su equipo de productores (tres cuartas partes del pastel se lo reparten los legionarios Max Martin, Dr.Luke y Cirkut) no es que se hayan comido mucho la cabeza al apostar por el mismo patrón sobado de siempre.

Justo cuando dio carpetazo a su relación con Russell Brand, Perry aprovechó algunas entrevistas para advertirnos de que de cara a este “Prism” iba a dejarse querer por las redes de lo ‘darks’ e iba a probar suerte con canciones más oscuras de lo habitual. Del dicho al hecho ya sabemos que hay un trecho, así que literalmente se ha pasado por el forro aquella advertencia y lo que tenemos al final es un disco de la Perry típico y tópico, que empieza con fuerza y va desinflándose sin remedio invitándonos a abandonar la escucha cuando se pone más melodramática de la cuenta. Ni Sia, acostumbrada a sacar petróleo de las artistas mainstream más intensas gracias a sus letras, consigue que “Double Rainbow” sea un número memorable, por ejemplo. Y lo mismo puede decirse de “Love Me”, “This Moment” o esa “By The Grace Of God” en la que confiesa que contempló el fantasma del suicidio mientras estaba tirada por los suelos de su lavabo (vamos, un Carmina Ordóñez en toda regla) cuando su corazón estaba hecho trizas. Quien espere algo tan épico como “Fireworks” no le queda otra que ponerse el “Wrecking Ball” de la ex mojigata de Disney en bucle.

Pero insistimos, aunque el disco pierda fuelle y sea una tortura escucharlo de principio a fin (los tres bonus tracks de la edición especial no son tampoco para tirar cohetes), en su primera mitad sí que condensa alguna que otra canción con gracejo y hasta todo un himno que se postula entre lo más mamarracho del año. Sí, hablamos de “Walking On Air”, un tema tan noventas, tan eurobeat y con tanto sabor a chicle que está pegando duro entre el target gay-mariliendre de medio mundo. Y, es más, rascando con algo de indulgencia, en los primeros números hay decencia en clave Bollywood populista ( “Legendary Lovers” caerá como single, sobre todo, gracias a su estribillo), un tontorrón homenaje al disco-funk setentero ( “Birthday”) y alguna que otra canción que, sin ser memorable para la historia reciente del pop, cumple como entretenimiento transitorio (lo que le ocurre a “This Is How We Do”, los típicos minutos que sólo reivindicarán cuatro gatos contados).

De esa “International Smile” con la que nos viola casi al final a base de vocoders y guitarras falseadas el estilo Daft Punk no vale la pena decir nada, al igual que de esa “Dark Horse” en la que, en compañía de Juicy J, se cree durante unos minutos la Rihanna del gueto. Pero teniendo que valorar este “Prism” como un todo, lo que prevalece aquí es el nulo riesgo, los lugares comunes vistos hasta el tebeo que se arrejuntan, y el hecho de que los singles claros y efectivos se difuminan más que nunca poniéndoselo más que difícil a su equipo mercadotécnico. Sigue siendo la más divertida del cortijo pop, aunque igual de insufrible cuando se le escucha durante casi una hora.

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