Pretty Ugly Pretty Ugly

Álbumes

DVA DVAPretty Ugly

7.1 / 10

Hablar del género de los estilos musicales puede ser como discutir sobre el sexo de los ángeles. Aun así, si en lo que estamos oyendo prima el vigor, la firmeza, la agresividad, no podremos evitar pensar que ese estilo es masculino; si, de lo contrario, lo que vibra en nuestros tímpanos es más sinuoso, armónico, maternal, le colgaremos a aquel sonido la etiqueta de femenino. Normalmente, unos y otros vienen de la mano: el femenino da paso al masculino, o viceversa. Se alternan según moda y necesidad. El crítico Kodwo Eshun cuenta que, entre los jóvenes negros de Londres, la virilidad del roots reggae de los 70 dio paso en los 80 a la sensualidad del lovers rock porque “era imposible bailar con tu pareja un tema de Burning Spear: lo único que podías hacer era moverte y dar patadas en una especie de baile de combate, imitando las películas de artes marciales. El lovers rock, en cambio, centraba su atención en el cuerpo de la mujer”. Y justamente en la música de baile, que se centra en la corporalidad, hemos visto cómo un montón de estilos han mutado de orientación del público femenino al masculino: así, productores renegados del drum’n’bass, rico en testosterona, dieron lugar al speed garage, cargado de estrógenos, para atraer a las chicas al dancefloor. O bien al revés: la voluptuosidad del 2step fue sustituida por la tensión masculina del grime casi a golpe de gatillo. Pues bien, este “Pretty Ugly” que nos ocupa tiene como materia prima el UK Funky, que podría ser el contrapunto femenino al dubstep. DVA, más conocido como Scratcha DVA en sus matinales para la emisora británica Rinse FM, ha creado, el muy bribón, un álbum para mujeres –y mujeriegos– que sin duda las magnetizará hacia la pista de baile.

Es curioso que, con bien pocos ingredientes, DVA se las apañe para obtener un sonido que, en este disco, se muestra con muchas ramificaciones. Ahí estriba la grandeza –y los defectos, que también los hay– de su debut para Hyperdub. Tres elementos hay que capturan nuestros oídos: la rítmica, los teclados y las voces, en su mayoría femeninas. Como ya hemos mencionado, las bases llevan en su mayoría la síncopa del UK funky, de sabor inequívocamente caribeño. Ojo, no hablamos aquí del Caribe latino o jamaicano, en los que el perreo lo monopoliza todo. Nos referimos al soca beat, originario de Trinidad, ritmo más dulzón y sensual pero igualmente machacón, donde los cuerpos fluyen, no chocan entre sí, y más aún pasado por el tamiz británico: a esta cadencia se le añade algo de house y una pizca de hi tech del broken beat londinense. Siguiendo precisamente estos parámetros, DVA se dio a conocer con un rolón llamado “Natty”, la segunda referencia de UK Funky en Hyperdub, hasta entonces dedicado al dubstep (la primera fue Cooly G). Electrónica de baile tropical con un break de percusión carnavalesco que aquí resucita con tratamiento vocal en el tema “Just Vybe”. Digno de mención es también “Reach The Sun”, que empieza con un derroche de noiserío en las teclas y se pone hipnótico y sensualón a medida que avanza, gracias a sus mini fragmentos vocales. Este tema es ideal para empezar con sabrosura y elegancia una sesión de house. El segundo elemento que nos llama la atención es el uso de los teclados. Podemos decir que el londinense es diestro con estos enseres. “Polyphonic Dreams” insiste en la síncopa del UK funky combinándola con un trabajo de teclados espectacular, que a ratos suena como una lucha de espadas láser. Quién hubiera dicho años atrás que el carnaval de Notting Hill y un combate de Han Solo y Chewbacca con la Guardia Imperial tendrían un nexo común. También hay toques más finos como “The Big 5ive”, que tienen un regusto a Yellow Magic Orchestra en su faceta de jazz para androides.

Y, claro, por último están las voces: todas femeninas, excepto “Madness”, cantada por Vikter Duplaix, que recuerda a lo que hacían N.E.R.D. hace diez años. Los temas cantados –siete de doce– son composiciones de vocalistas que aparecían en las selecciones de DVA para Rinse. Jugosa es la intervención de AL, que narra una infidelidad con detalle y perplejidad: “I know that bich is here / playin’ in my bed / as if I lost her head / and now I stop and stare / ‘cause my man is lyin’ there”, todo ello acompañado por una base muy espaciosa y funky, estilo Super_Collider época “Raw Digits”. También sorprenden los tempos rebajados, como “Firefly”, junto a Zaki Ibrahim, un tema neo soul con ritmo turgente y saltón, estilo Sa-Ra Creative Partners.

En general, el álbum se disfruta mucho cuando los temas fluyen, se modulan, respiran: el espacio es vital para este tipo de música. DVA es conocedor de los elementos con los que juega y los emplea para crear música espaciosa en una gran mayoría de temas y de la manera más ecléctica posible. En eso gana. Tan solo pierde cuando sobrecarga de sonidos los temas, puesto que, con la única ayuda de las teclas, todo acaba sonando muy redundante. Por ejemplo, “Where I Belong” es un tema de procesión, de aires solemnes, como aquel “Nine Samurai” de Kode9, pero capas y capas de teclado lo ahogan todo, y la solemnidad exige silencios. Hubiera ido bien poner un sample de vientos, una percusión épica o algún detalle similar. En todo caso, una puesta de largo de gran disfrute en la pista de baile.

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