Preteen Weaponry Preteen Weaponry

Álbumes

Oneida OneidaPreteen Weaponry

6.3 / 10

JAGJAGUWARHace un par de años acudí a un concierto de Oneida en la legendaria Knitting Factory de Nueva York y, sin ser santos de mi devoción, me rendí al talento de un grupo capaz de representar sobre el escenario las mismas obsesiones de sus discos. Oneida venían desgranando un psycho-rock contundente y machacón, pero en su noveno trabajo han radicalizado aún más sus intenciones. “Preteen Weaponry” se presenta como el primer volumen de un tríptico denominado “Thank Your Parents”, cuyo segundo movimiento ( “Rated O”) nos llegará a comienzos del segundo año. A quien se le haya diagnosticado una alergia a los temas de más de diez minutos que se aleje lo que pueda de este artefacto. “Preteen Weaponry” se estructura en tres condensadas suites ( “Part 1”, “Part 2” y “Part 3”) que se acercan al infierno cada una desde un camino diferente. Un reto a la paciencia del oyente desde el primer minuto.La primera parte se perfila como un brutal “Kick Out the Jams” (el directo mítico de MC5 y uno de los puntales de la historia del rock) dentro del actual rock neoyorquino. El sonido tiene la forma de una bola eléctrica sólo alterada por un teclado psicópata, una batería alienada y un repetido acorde de guitarra. La segunda parte cambia de referentes. Esas oleadas de noise en estado virgen recuerdan al brutal sonido en directo de Throbbing Gristle; por sus poros consiguen colarse pesadas dosis de garage-rock en estado febril. Cierto alivio es el que se siente al introducirse en la tercera y última de las jams. ¿El “Evol” de Sonic Youth? Me temo que sólo se trata de una ilusión auditiva, porque esa presunta sutileza al moldear el white noise se ve pronto atropellada por un ritmo de fórmula matemática que va hundiendo sus compases en el fango hasta desfigurarse en lo que podría ser una versión hard rock de los alemanes Can. Mientras esperamos con más temor que respeto los dos siguientes volúmenes del tríptico prometido, guardaremos el nombre de Oneida entre los que jamás tomaremos en vano. César Estabiel

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