Presents The Nothing Special. Fabric 58 Presents The Nothing Special. Fabric 58

Álbumes

Craig Richards Craig RichardsPresents The Nothing Special. Fabric 58

7.8 / 10

Craig Richards  Presents The Nothing Special. Fabric 58 FABRIC

Decir que Fabric es el mejor club del mundo es como asegurar que Leo Messi le da mil vueltas a Cristiano Ronaldo. No hace falta apuntarlo: todo el mundo lo sabe. Tanto respeto, tanta admiración, tanto consenso no se lo gana uno danzando alrededor de una hoguera en pelotas y cantándole a los dioses de la buenaventura. Esto se consigue picando piedra, llegando el primero a todo, anteponiendo la calidad a la cantidad, ejerciendo de lanzadera para nuevos estilos (no apuntándose a ellos, como muchos hacen) y poniendo el cuello donde otros no se atreverían ni a meter el meñique.

De eso sabe mucho Craig Richards, eterno DJ residente y director musical del templo londinense. Estuvo allí desde los albores de la franquicia y todavía sigue al frente del barco, irradiando exactamente la misma cantidad de energía que su imponente bajel electrónico. Las ecuaciones no mienten, Craig Richards es Fabric y Fabric es Craig Richards, es decir, la abundancia de vida en los pastos electrónicos de la capital británica a lo largo de los últimos diez años se debe, en parte, a los carteles confeccionados por el experimentado alquimista y también a sus sesiones –no olvidemos que la primera compilación de la casa está firmada por él, así como el doble CD de Tyrant pinchado conjuntamente con su antaño inseparable Lee Burridge–.

Es normal, por lo tanto, que el volumen 58 haya despertado tanta expectación. Expectación holgadamente colmada, pues “The Nothing Special” consigue triunfar como viaje sonoro por las constantes bailables más puras y tradicionales que han definido el dancefloor de Fabric desde su alumbramiento hasta la actualidad. Craig Richards desempolva su maleta favorita, está claro, y despliega velas en un set de tech-house líquido con algún que otro sofoco deep y guiños de toda suerte: desde Chicago a Detroit pasando por la Inglaterra intelligent de la edad dorada, mojando la puntita de los dedos en aguas ácidas y minimalistas. Un festín que se debe engullir poco a poco, y cuyo sabor se acentúa a partir de la segunda y tercera escucha.

En esta tesitura, la veteranía de nuestro hombre se nota, y mucho; 18 años metido en este juego no son baladí. Estructurando la trama con paciencia, sin apresurar los acontecimientos y a un ritmo de pulsaciones muy comedido, el Richards pincha música de baile atemporal, para escuchar, para degustar. Sutil, elegida con tiento y amiga de los detalles, la sesión se abre a una variedad notable de 4x4 y despliega sus mezclas con formidable cadencia y suavidad. Y lo mejor es que Richards se saca del sobaco una colección de oldies que para muchos ya estaban sepultados en el olvido. Comienza la sinfonía techonide ni más ni menos que con Two Lone Swordsmen, vuelve al 97 y recupera a House Doingz (homenaje claro a su amigo Terry Francis), no duda en recordarnos lo bueno que era Gemini, desempolva el “Leaving Ground” del sueco Joel Mull –13 veranos la contemplan–, resucita a G-Man, nos recuerda en definitiva que el pasado importa, pero sabe combinar lo viejo con lo nuevo (ahí está el “Lotos Eaters” de Semtek, por ejemplo) de tal modo que no se aprecia la separación temporal entre unos tracks y otros. Sade no podría decirlo mejor al respecto de la técnica y el criterio de este calvo magistral: smooth operator.

Óscar Broc

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