Powell - 11-14 Powell - 11-14

Álbumes

Powell - 11-14

7.8 / 10

El ascenso de Powell a la cumbre del hype electrónico -dentro de la categoría 'raros, irregulares, escurridizos y otras hierbas'- ha sido lento en comparación con la de artistas y proyectos que, en cierta manera, se le parecen: Raime lograron hacer mucho ruido ya desde el primer EP, y con él propulsaron la fama del sello Blackest Ever Black; Objekt se apoyó en unos beats fuertes y cuando llegó su álbum en PAN, más anguloso que un cuadro de Picasso, ya estaba plenamente asentado en la escena; lo mismo puede decirse de Container o Vessel, que con los primeros álbumes -especialmente el segundo, gracias al efecto Tri Angle- ya nos habían puesto a todas en erección. El de Oscar Powell es un caso levemente distinto: hasta el pasado otoño no hubo una sensación general de que este tipo era grande, y más que por los discos -que hasta ahora se han planchado, por lo general, en ediciones limitadas en Liberation Technologies, The End of Rave y su propia plataforma, Diagonal- lo era por los sets de DJ. También le ocurría que sus primeras producciones, las contenidas en EPs primerizos como The Ongoing Significance Of Steel & Flesh (2011) y Body Music (2012), todavía tenían un punto tosco, unos bordes poco afilados -o sea, poco bordes-, una carencia de matices sutiles. Pero fue empezar a progresar, y parece como si Powell ya no tuviera límites.

Este recopilatorio de maxis es una buena muestra de todo lo dicho: de sus orígenes, de su progreso y de su potencial. Incluye, de manera desordenada, creando una nueva línea narrativa, toda su producción en 12" desde 2011, año en el que fundó el sello Diagonal en Londres -marca que, más tarde, ha sido hogar para artistas entre el techno y el noise como Prostitutes o su nuevo colega Russell Haswell-, hasta la actualidad. En total, son cinco referencias de las que sólo se ha omitido un remix de Karl O'Connor que apareció en el primer EP, y las reconstrucciones de Ancient Methods y Richard H. Kirk en Club Music Remixes. Todo lo demás aparece perfectamente documentado. Como recopilación, podría parecer que su aparición es prematura: un margen de tres años es insuficiente para hacer balance. En este caso, en cambio, no se trata de hacer balance, sino de volver a poner en valor un material que ya se ha quedado descolgado en el mercado si lo que se pretende es coleccionar vinilo, pero que se ha reafirmado a medida que Powell iba refinando el tono a su música, que a veces suena como una vomitona de ruido sinusoidal (el final de Search, sin ir más lejos), o como un ejercicio de no wave de finales de los 70 pasado por el tamiz de Pan Sonic ( No U turn), e incluso como una expedición selvática al corazón del ritmo tribal, en la línea de Cut Hands, que propone Grand Street. Sólo puntualmente el material es estrictamente 'club friendly' ( A Band). Todo lo demás es ponzoña. O ironía, incluso: el corte titulado Acid no tiene nada de ácido, es una onda gruesa que borbotea y regurgita durante dos minutos largos; Robotics no tiene nada de robótico (oh, sorpresa), y sí de percusión sobre madera podrida.

Durante todo este tiempo se ha hablado de Powell como un outsider del techno, quizá porque el maxi en el que empezó a demostrar su potencial fue Fizz (2013), su única aportación al catálogo de Liberation Technologies, pero es conveniente precisar que este material se aleja del techno tal como lo conocemos -del mismo modo en que Raime se alejan de la oscuridad tal como la conocemos-, y que su cualidad como 'material de club' consiste, sobre todo, en lo inestable de la mercancía: el DJ que lleve esto encima sería como el explorador que cargara nitroglicerina en la mochila, al más mínimo movimiento extraño podría explotarle en la cara. La música de Powell se vuelve motorik y pulsante ( Fizz) y al momento se puede conectar con los orígenes de la música industrial ( Oh no New York), puede hacer referencia a la EBM sin parecerse demasiado a aquel estilo ( Body Music), y aunque parece que la mayoría de sus referentes son los más oscuros y minoritarios de los 80, no suena en absoluto a revival: todo lo que contiene 11-14 tiene una textura y una actitud plenamente actual. Lo mejor del disco, de todos modos, no es lo que contiene, sino lo que promete: hecho el balance necesario, se sabe que lo que tiene que venir de Powell en el futuro será todavía mejor.

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