Posthuman Posthuman

Álbumes

JK Flesh JK FleshPosthuman

7.7 / 10

Ah, el infierno, tan caliente, tan espeso, tan apestoso. ¿Qué tendrá, que nos encanta? ¿Alguna idea sobre el hilo musical que podría sonar allí abajo? Justin K. Broadrick lleva un carrerón de casi un cuarto de siglo currándoselo para deleitarnos con ambientes viciados hasta lo irrespirable, manejando texturas oxidadas y ritmos odiosos, así que su currículum debería ser revisado por el diablo cuando llegue su hora. Su obsesión por darle musicalidad a sentimientos con tan mala reputación como la brutalidad, la soledad, la desolación, el odio y el dolor le han llevado a infectar casi todos los palos, ya sea en solitario, bajo tal cantidad de seudónimos que a veces es difícil seguirle la pista, o bien en compañía de otros enfermos ilustres, como The Bug y Alec Empire. Este 2012 no sólo será el año en que nuestro antihéroe resucite y dirija a la horda de bárbaros de Godflesh hacia un San Miguel Primavera Sound desprevenido. También ha recuperado el primitivo alias JK Flesh para un nuevo proyecto en solitario donde se vuelca en su lado más electrónico pero que, según ha matizado a Metal Hammer, tiene más que ver con la música física y violenta que marcó sus orígenes que con sus últimos experimentos con el shoegaze arenoso y melódico de Jesu o el ambient fantasmal y, a su manera, melancólico, de Pale Sketcher.

“Posthuman” (editado en formato digital, CD y doble vinilo por el sello 3by3, volcado en la “electrónica provocativa”) es ya por eso un disco de éxito, porque consigue, tal y como se propone, coser las dos mitades de la cabeza del pobre Justin, que hasta ahora han colgado separadas a ambos lados de su cuello y que han funcionado espectacularmente bien siempre de forma autónoma. En su densísimo caldo flotan, fundamentalmente, las pesadas aleaciones de Napalm Death y Godflesh (guitarras arrastradas, ecos industriales, voces guturales: ahí están los tres primeros temas del disco, elegidos con mucho olfato como adelanto: “Knuckledragger”, “Idle Hands” y “Punchdrunk”) rebajado con el hip hop hondo y apocalíptico que practicó junto a The Bug en Techno Animal. (Apocalíptico porque aquel inolvidable “The Brotherhood Of The Bomb” que firmaron entre ambos, junto a un montón de raperos caníbales, quería ser la banda sonora de la humanidad tras un holocausto, pero de una humanidad sucia y hambrienta que se come a sí misma como pirañas que boquean en un pantano: ésta es la imagen que dejaba aquel disco). Pero no nos despistemos: siguiendo con el caldo sonoro de este “Posthuman”, dando consistencia como una capa de pringue, está el dub, el dub y siempre el dub, manchándolo todo, distorsionando los sonidos hasta disolverlos.

A partir del cuarto corte, “Posthuman” varía levemente los ingredientes en el caldero, y lo que emana de ahí es polución electrónica ( “Earthmover”) y un drum’n’bass brumoso (magnífica “Underfoot”) que recuerda a la aventura de Broadrick en Curse of the Golden Vampire con Empire, pero también a los horrores que hemos vividos gracias a otros pesimistas maravillosos, como The Third Eye Foundation. A saber: ritmos rotos casi asfixiados bajo toneladas de ruido de guitarras ( “Devoured”), ecos procesados industrialmente y dub por un tubo ( “Dogmatic”, la más dubstep). Es precisamente “Posthuman”, el magnífico tema que da título al disco, el que mejor nos muestra a este Broadrick sin miedo extrayendo una electrónica que parece salir de una refinería de petróleo, manipulando con las manos manchadas un incontrolable magma oscuro que brota de algún sitio insano y que salpica todo a su contacto, hasta desembocar en ese tormentoso cierre del disco que es “Walk Away”. Hmmncantador.

“Posthuman” es un disco notable con un mérito que no deberíamos pasar por alto. A estas alturas de carrera, Broadrick no tiene una única corte de fieles: tiene tantas capillas como proyectos musicales. Bajo el alias de JK Flesh y con “Posthuman” bajo el brazo, debería poder reunir en una sola hermandad a todos esos feligreses que, hasta ahora, han estado por ahí dispersos, a veces incluso enfrentados, y unificar su culto. Un proyecto musical que es capaz de asumir en una misma tradición a Black Sabbath y Public Enemy, Throbbing Gistle y Cannibal Ox, Atari Teenage Riot y Salem.

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