Port of Morrow Port of Morrow

Álbumes

The Shins The ShinsPort of Morrow

7.9 / 10

Aunque en los tiempos que corren no resulte extraño escuchar algo así, James Mercer asegura sentir cierta animosidad hacia la raza humana y cero voluntad por comprometerse permanentemente con nada. Durante los cinco años transcurridos desde que fuera nominado a los Grammy por “Wincing The Night Away” y llevara a Sub Pop a lo más alto de Billboard, su personalidad parece haberse retorcido un poco. Después de aventurarse junto a Danger Mouse en Broken Bells, el hawaiano disolvió a los Shins originales fundados hace tres lustros y ahora vemos rostros diferentes en las fotos de promo. En su actual Mercer House, como reza el dominio de su web, encontramos a un nuevo equipo formado por Richard Swift, Joe Plummer (Modest Mouse), Yuuki Matthews (Crystal Skulls) y la guitarrista de Beck Jessica Dobson. Bajo el brazo traen este esperadísimo “Port Of Morrow”, un disco que como todos los de este Lewis Carroll del indie entra directo a los pulmones cual gran balón de oxígeno.

“Port Of Morrow” es su trabajo más comercial hasta la fecha pero –suspiro de alivio aquí– también una entrega barnizada con una buena capa de su flamante hermosura pop. Nuestro protagonista, en realidad, no sabe escribir discos malos. Siempre consigue hacer de sus Shins del momento los mejores posibles. La cosa consiste en prepararse la artillería emocional en el cuaderno (el corazón, la reputación como letrista) para luego buscar a alguien que le ayude a perfeccionar la exuberancia musical que burbujea en su cabeza (la técnica, el talante de músico aguerrido). Si “Chutes Too Narrow” fue la conquista de Phil Ek y “Wincing The Night Away” se beneficiaba del experimentado toque Joe Chiccarelli, parte de los créditos de este álbum van para Greg Kurstin, quien ha trabajado con un ejército de féminas: Kylie Minogue, Britney Spears, Sophie Ellis-Bextor, Lily Allen, Gwen Stefani, Ladyhawke y Little Boots. A Mercer siempre le ha tirado el electro y en varios pasajes del álbum se regodea en la alta fidelidad de la producción como un niño con juguetes nuevos, pero son más interesantes otros secretos que cuenta sobre la producción: dice, por ejemplo, que muchas de las conversaciones mantenidas con Kurstin mientras grababan trataron sobre la vanguardia berlinesa de los 70 y grupos como Faust, destapándose así una serie de memorias alemanas que se cuelan en cortes como el titular o en esa “40 Mark Strasse” bautizada en honor a cómo los soldados de la base aérea de Ramstein donde vivió de pequeño llamaban a la calle de las putas (anécdota que, por cierto, recuerda a aquella de Lennon explicando su “Ticket To Ride” como referido a las fulanas de Hamburgo). Lo curioso de esta conexión germana es que inocula la infancia del autor como influencia a través, precisamente, de su paternidad. Vale, sus canciones siempre han perseguido la eterna juventud pero ahora es más fácil que antes imaginar a un hombre maduro que siente nostalgia por volver a ser niño otra vez, y que se asegura influenciado en la escritura por sus hijos. Un hombre que ya ha cumplido los 40 y que se acuerda, o eso parece, de cuando tenía 12 en “Fall Of ‘82” y nueve en “Simple Song”. El vídeo de este último tema fantasea directamente con otro tipo de herencia: la que Mercer dejará a unos “hijos” que no son otros que los nuevos miembros del grupo.

Bellamente titulado “Port Of Morrow” como si buscase recalar en un futuro cercano, el cuarto trabajo de The Shins suena tan delicioso como sus predecesores. Apacible y estimulante, primoroso sin resultar cargante, dominado en todo momento por ese cantar tan británico y manierista que a veces se le va hasta Sting y con el que planea sobre coros oceánicos, arreglos classy y guitarras que no se cortan con los solos y que parecen, en general, un gran muestrario de lo psicodélicamente boogies que fueron los 60s y los 70s. Algunos ya han fruncido el ceño alegando que la producción empaña deliberadamente la lente para ocultar una magia que dicen perdida, y puede que haya algo de eso, servidor hasta lo encontraría aceptable, pero la diferencia no es tan pronunciada como algunos quieren ver. Más bien, lo que hay que celebrar es cómo “Port of Morrow” ensalza las virtudes de su autor, aquellas con las que escribió el folk celeste de “Oh, Inverted World”, con que estilizó definitivamente su carrera a partir de “Wincing The Night Away” o las que alimentaban el frenesí del que sigue siendo su mejor título, “Chutes Too Narrow”, cuyo espíritu se recupera en parte aquí, por ejemplo en la ya conocida “Bait And Switch”. Otro avance demoledor y carta maestra es “Simple Song”, con esa fuerza huracanada deudora de The Who, aunque puede que la que mejor ejemplifique el tono desprejuiciado del álbum sea la retocadísima “Fall Of ‘82”, con mil ADNs pop hibridados que jugar a adivinar.

En el lado opuesto, y como Mercer había anunciado, resulta que el álbum cuenta también con una fuerte carga introspectiva. Le ha quedado más emotivo y menos bizarro que otras veces. Eso sí, esta vez al contrario de lo que había avanzado, no se ha podido resistir a incluir baladas como “For A Fool” (medio lastrada por su querencia Wilco), ni fugas romanticonas tipo “every single story is a story about love” ( “40 Mark Strasse”) o “love is the ink in the well when her body writes” (en esa “September” cercana al Beck de “Sea Change”), ni sus habituales citas cultivadas, como la de Pontus y los mares griegos de la antigüedad que aparece en esa misma “September” gracias a una preciosa metáfora marina. También suman puntos “No Way Down”, reflexión sobre el declive industrial en Estados Unidos, y la muy Radiohead “Port Of Morrow”, las cuales nos recuerdan, completamente cegado lo digo, que el brillo de los de Albuquerque sigue prácticamente intacto.

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