Pop Ambient 2012 Pop Ambient 2012

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Pop Ambient Pop AmbientPop Ambient 2012

6.3 / 10

Pop Ambient

Si hoy es 30 de enero –o una fecha próxima, que no sé cuando me publicarán la crítica–, entonces esto es la serie “Pop Ambient” de Kompakt, posiblemente la franquicia más regular y duradera que existe en el mercado electrónico. Lleva en pie desde 2001, once años nada menos, coincidiendo con los meses de invierno y aplicándose unas coordenadas fijas: sonidos envolventes y oxigenados, de una docilidad absoluta, planteados para que quien los escuche flote, se relaje, se evada de este mundo de preocupaciones, pero –ahí estuvo en un principio la gracia de la serie– alejándose de los patrones hippies y haciendo valer su origen post-techno dentro de la familia Kompakt. No es new age, aunque lo pueda parecer. Hay matices, aunque no se distingan a primera escucha. El primer volumen “Pop Ambient” se editó un año después del álbum “Pop” de Gas, quizá la obra ambient más influyente de la década pasada, y aquel trabajo de Wolfgang Voigt ya era un manifiesto estético en sí mismo, con sus melodías oblicuas, la recuperación de la idea primigenia de chill out como forma de reposo tras el desgaste en la rave, su densidad ambiental y esa fuerte carga de experimentación con texturas.

A lo largo de estos once años largos, “Pop Ambient” ha mantenido unas constantes fijas –artistas que se salen de los patrones de la música de baile para explorar aquella zona en la que la fuerza de la gravedad no existe– y eso ha dado a la serie una coherencia, y una personalidad alejada del negocio principal del sello, que es la música de club, sin la cual no se hubiera podido mantener fresca todo este tiempo. También se han ido dando cambios sutiles que la han mantenido viva y sin el peligro de estancarse, como cuando en 2009 entraron en el espectro de las recopilaciones artistas con una vena dark o acústica –Tim Hecker, Sylvain Chauveau, Marsen Jules, The Fun Years– que permitían una aproximación a la misma materia desde un ángulo distinto. Y durante tres entregas más, “Pop Ambient” fue esa mezcla equilibrada entre el ambient cristalino de los cachorros de Kompakt y los modernos compositores a caballo entre el piano y el sinte que emergían de la última generación neoclásica. El problema es que “Pop Ambient 2012” rompe esa dinámica y regresa al punto de partida, y este nuevo volumen, aunque narcótico en extremo, parece una reculada, un retiro derrotista a una idea ya superara. Es como volver a 2001 sin plantearse a valorar todo el camino que se ha recorrido. Resulta frustrante, porque además la mayoría de los cortes se parecen sospechosamente entre sí.

Posiblemente Wolfgang Voigt, haciendo valer su papel de selector, haya querido proponer una especie de flujo eterno de sonido, de modo que entre el “Manifesto” de Mohn –el propio Voigt con The Modernist– y “The Loyalty Lies Long Forgotten”, una nueva aportación de bvdub a la colección, no se aprecian cambios apenas, y de entrar en la corriente de audio oceánico la sensación es la de saberse desorientado, a la deriva, perdido en un cauce cósmico. Entendido así, quizá me replanteara la nota de “Pop Ambient 2012” y le subiera unas décimas –la escucha con auriculares es toda una experiencia, te sientes anulado cuanto más volumen le subes–. Pero me temo que no es ese exactamente el plan de Voigt, pues no hubiera añadido entonces las aportaciones de Marsen Jules – “Swans Reflecting Elephants” son variaciones de ruptura rítmica con batería y piano, como un jazz muy suave– ni la de The Field en su nuevo alias Loops Of Your Heart, que se dedica a desmenuzar pequeñas muestras de guitarra pastoral en “Riding The Bikes”. Desviada la corriente principal, “Pop Ambient 2012” adolece más que nunca de su mayor peligro: fomentar el relax por sí mismo antes que la experiencia sensorial del vacío (salvando el trágico “For Martha” de Simon Scott); es un disco que no apuesta por perder al oyente, sino por traerlo de vuelta tras una hora de masaje y sauna, liberado del estrés. Y si la nueva ruptura estilística propuesta por la serie es trabajar con pellizcos rítmicos de jazz como en el “Richmodis” de Triola, entonces hay una cosa clara: esto es un callejón sin salida y se impone una nueva reinvención.

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