Pong Pong

Álbumes

Senking SenkingPong

5.6 / 10

Senking Pong RASTER-NOTON

Fichar por un sello importante es un arma de doble filo. Por una parte, garantiza al artista una exposición mediática extraordinaria y, por regla general, unas ventas acorde con ello. Pero existe también el riesgo de que la obra sea engullida por la marca; que pese más el nombre de la plataforma editora que los méritos de la producción.

Hoy día, qué duda cabe, Raster-Noton es un sello importante. Quizá demasiado importante: coincida o no con las directrices estilísticas de sus mentores –lo cual ya es de por sí un absurdo, puesto que a estas alturas poco tienen en común los discursos de Alva Noto, Frank Bretschneider y Byetone–, a cualquier lanzamiento de la discográfica de Chemnitz se le adjudica inmediatamente la etiqueta de “sonido Raster”. Y aunque eso les pueda ir muy bien a los cien mil hijos de San Carsten Nicolai (Grischa Lichtenbergei, Pixel, Kangding Ray, el remozado Aoki Takamasa), a otros, caso de Jens Massel, alias Senking, les hace un muy flaco favor. Pese a ser “Pong” su quinta referencia en Raster-Noton, el sonido de Senking sigue sin encajar en tan peregrina categoría. Lo cual, sin ser de por sí bueno ni malo, puede resultar, dado el contexto, totalmente contraproducente para su autor, pues el segmento de público que lo acogerá en primera instancia probablemente esté buscando otro tipo de registros. Como en “List” (2007), “Tap” (2003) o “Forge” (2002), prima en “Pong” lo espacioso por encima de lo minimalista, el trazo amplio sobre el gesto apenas perceptible. Pocos clicks y menos cuts encontrarán aquí. Si hallarán, por contra, líneas de bajo importadas del dubstep, épica ambiental, bases dub, fuertes connotaciones noventeras y mucha reverb.

Desgraciadamente, la excepcionalidad del sonido de Senking en el marco Raster-Noton no es, empero, sinónimo de un trabajo excepcional. Todo en “Pong” suena a viejo, a demasiado oído y, lo peor de todo, a muy superado. Aclaremos: no es un mal disco, en absoluto. Pero la mera corrección no basta para destacar entre el aluvión de novedades que a diario inundan el mercado –aunque, tal y como está el percal, quizá habría que cambiar este término por el de “escena”–. Y, en este aspecto, de nuevo hay que volver a hablar del fenómeno Raster-Noton. Porque si fuera otro sello de menos relumbrón el que hubiese puesto este álbum en circulación, seguramente ni siquiera estaríamos hablando de él.

Oriol Rosell

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar