Police Water Police Water

Álbumes

Gary War Gary WarPolice Water

7.1 / 10

Gary War Police Water SACRED BONES RECORDS

Si hoy pudiera compartir un café y un bagel con Gary War, me gustaría preguntarle si lee libros de ciencia-ficción. Más exactamente, me gustaría saber si conoce la obra de Olaf Stapledon y, en concreto, la que fuera su primera novela, “Last And First Men”. Si él respondiera afirmativamente –y no sólo afirmativamente, sino con un entusiasmo desmedido de fan–, llevaría la conversación hacia el concepto de ucronía y a los ensayos –que tienen más de ficción que de estudio riguroso, como no podía ser de otra manera– que intentaron, a finales de los años 80, predecir el futuro a partir de hechos objetivos del presente y probables dinámicas de cambio (en las antípodas de Nostradamus y cerca de la psicohistoria imaginada por Asimov). Si fuera así, entonces Gary War hablaría por los codos y no sólo se confesaría fan de la serie de televisión “Cosmos”, que entre sus capítulos dedicados al Sistema Solar advertía de los peligros de una guerra nuclear, sino que también estaría al corriente de “A Short History Of The Future” de W. Warren Wagar, el más fascinante libro de historia posible aunque improbable, un resumen de lo que sería la evolución del hombre, la política, la economía y la sociedad mundial de 1995 a 2200. Le preguntaría todo esto porque sus discos –en especial “Horribles Parade” (2009)–, más que a hipnagogia, es decir, a recuerdo borroso de una infancia temprana, suenan a imaginar una evolución paralela de la música con un punto de ingenuidad y utopía. No son de los que echan la vista atrás, sino hacia adelante (pero desde el pasado). No le interesa recuperar feelings de antaño, sino imaginar escenarios para el mañana en los que las posibilidades son muchas. Su futuro es abigarrado y un poco disparate, pero también lo eran esos libros y nos siguen pareciendo encantadores.

En comparación con otros artífices del resurgir de la música synth en Nueva York –en un extremo, James Ferraro y su caótico amontonamiento de guitarras despachurradas, drones tropicales, sonidos sampleados de la televisión y escalas virtuosas de teclados histéricos; en el otro, el romanticismo italodisco y pop de Games–, Gary War está en un punto intermedio que aparentemente le resta puntos por poco atrevido (veremos que, en realidad, no es así). Ese “That We Can Play EP” de Games roza la perfección melódica, es una fantasía retro coherente en la que el sonido está maravillosamente limado; es un vinilo que transmite luz y felicidad. Los lanzamientos home-made (en CD-R, cassette y vinilo limitado) de Ferraro por su parte son un atracón de desorden, como una leonera de adolescente. Gary War es caótico hasta cierto punto a la vez que tan perfeccionista como Daniel Lopatin –50% de Games, también responsable de Oneohtrix Point Never–, sin llegar a la obsesión de un control freak. Aun evolucionando hacia un sonido limpio en comparación con “Horribles Parade”, “Police Water” ni consigue ser tan delirante ni tan alcohólico como lo que está entregando al underground su competencia directa.

Pero Gary War se hace querer y, al final del día, sus creaciones, que parecen monstruos cosidos a pedazos, se revelan como equilibrados experimentos de pop exultante en el que los ritmos tribales dejan paso a los teclados con halo de láser y sonido que se estira como la cola de un cometa. Me imagina al viejo Gary planteándoselo de esta manera en su home studio de Brooklyn: situarse mentalmente en los años 80 que tanto le fascinan, entre John Foxx y Thomas Dolby –y con deseos nada disimulados de emular también a Steve Strange o Gary Numan, con el que comparte nombre además de gusto por la materia plástica y sintetizadores poderosos–, y desde ahí imaginar un futuro posible. Un futuro en el que los puntos de partida musicales son el post-punk y Kraftwerk, pero en el que no aparecen –porque su ecuación ha de ser forzosamente incorrecta– variables en forma de hip hop, Madonna o cualquier otro accidente mainstream. El sueño de Gary War es el de ciudades de neón bulliciosas en las que llueve ácido y la gente se mueve desorientada aunque con bonita ropa de azul eléctrico, y sus nuevos temas siguen yendo por ahí: un “Blade Runner” barroco, sin pies ni cabeza. “Police Water”, que ya es un título muy de sci-fi a lo Douglas Adams, es un festín de Oberheims y Junos del que ya hemos tenido noticia este año en material tan intrigante como el productor de Austin llamado S U R V I V E: ataque frontal de synth y una idea soterrada del pop. De hecho, es complicadísimo entender qué canta Gary: entre el vocoder con textura de latón y lo baja que está grabada la voz, suena más a una mosca atrapada en un altavoz que a un ser humano con sentimientos y necesidad de comunicación.

Está lleno de buenos momentos este mini álbum –un EP de media hora que abrirá el camino al LP real de Gary War en primavera–, y entre ellos me quedo con el tramo central: “On It’s Head” (aquí ya hay que dar la vuelta al vinilo cuando se acaba el surco), “Grounds For Termination” y “Sirens”. El CD incluye dos temas más, pero en el fondo son un bonus envenenado: suenan más post-punk, con guitarras de maqueta de Joy Division, con una producción lo-fi que araña la pared del oído. Sí, da más minutos y expone la parte más próxima a Ferraro de War, pero una vez te has duchado bajo su lluvia corrosiva de viejos sintes y sentido el extraño hedonismo que llevan implícito, ir hacia las sombras se hace más complicado. Si hoy pudiera compartir un café y un bagel con Gary War, también me gustaría preguntarle si el futuro álbum, que empezará a producir el mes que viene, será todo como “Born Of Light”, la apertura. Si dijera que sí, entonces le daría un abrazo y las gracias.

Tom Madsen

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