Plays Wagner Plays Wagner

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Indignant Senility Indignant SenilityPlays Wagner

8.1 / 10

Indignant Senility  Plays Wagner TYPE

Aunque no te fascine la ópera, es fácil que te guste Wagner: su música, como ya se ha encargado de constatar la historiografía oficial, era una pieza más en el engranaje del arte total, y cualquiera de sus títulos estaba pensado como un espectáculo integral de teatro, alta literatura y, como era obligación en el romanticismo, exaltación de la época medieval y los valores nacionales. Pero más allá de su insustituible lugar de privilegio en la historia de la música clásica, a Richard Wagner, hoy, se le puede escuchar de otra manera, muy alejada de cómo se hace en los retroalimentados e impenetrables círculos de la cultura académica. Se le puede ver como pionero de la banda sonora de cine –en Wagner la masa orquestal es muchas veces descriptiva, pre-impresionista, acentuadora de la acción y no narrativa per se– y también, por qué no, como primer antepasado del ambient. Algunas historias de la música envolvente, comenzando por “The Ambient Century” (2000), de Mark Prendergast, sitúan el primer instante en las sinfonías de madurez de Gustav Mahler, porque en ellas el sonido parecía querer desintegrarse, desaparecer en un pequeño vórtice de silencio. Pero ya en Wagner se descubría a ese Mahler: la música como un flujo de notas y cadencias muchas veces neutro, un subrayado discreto de lo que estaba pasando en el escenario, sin ninguna intención de interrumpir la acción. Música como mobiliario, como más adelante la definiría Satie.

Todo esto viene a cuento porque Indignant Senility –alias de la inquietante Pat Maherr, de Portland (Oregón), subterránea figura del dark ambient– se concentra en la figura de Wagner partiendo de esa posibilidad que dejan muchas viñetas de sus óperas: la de la música como aire viciado, como entorno inquietante, una atmósfera que puede ser extirpada de su contexto y reactualizada en una lectura tan tóxica como nostálgica. Hace un año, Maherr irrumpió en las tiendas de discos de su ciudad y se llevó a casa todas las existencias en vinilos con grabaciones de Wagner, sampleó fragmentos y, una vez tuvo hecha su selección, los dejó secar al sol, esperó pacientemente a que se agrietaran y adquirieran un tono sepia, y los pasó a una cinta de cassette que también sufrió un largo proceso de degradación del audio hasta llegar a ser lo que se escucha ahora: un mantra irrespirable de ruido granular y la intuición de que ahí debajo hay unas cuerdas robadas a “Lohengrin” o “Tannhäuser”. Aquella cinta circuló entre muy pocas manos, pero una aterrizó sobre la mesa del sello Type y la astucia y la capacidad de reacción de John Twells –hombre al que sabemos que le gusta el ambient desasosegante más que a Mickey Rourke el olor a pies– son las que nos han traído el trabajo hasta aquí, primero en dos vinilos que ya están agotadísimos y ahora en un CD que reúne todo este subyugante viaje al centro de la oscuridad.

Hay que agradecer a Type que el trasvase del audio de la cinta magnética al vinilo y al CD sea tan fiel: hay de fondo un peso de ruido estático, sucio, que Indignant Senility había considerado parte de la obra final. Ella se había tomado su tiempo en grabar una y otra vez la música definitiva de cassette a cassette para que el sonido se degradara y tuviera esa textura infernal que añade tanta personalidad y distinción al resultado final. Y es ese interés por la desintegración natural de la música la que coloca este “Plays Wagner” muy cerca del gran artesano de los loops que se desvanecen tanto en el plano real como en el surreal –o interior– de la memoria. Sí, Indignant Senility es en este caso una alumna avanzada de William Basinski –más que de Ekkehard Ehlers– y las once piezas del disco –sin título, sin cita de fuentes, sin argumento– evocan una época antigua, perdida e irrecuperable; un locus amoenus medieval no tan ameno como parece a primera vista. Wagner es sólo la excusa: sus cuerdas facilitan encontrar la textura, pero lo importante de Maherr es el acierto con que activa los resortes de la melancolía. ¿Estamos hablando de hauntology aquí? Teniendo en cuenta que el proceso de trabajo es muy similar al de The Caretaker –substituyendo la música de baile de salón por oberturas e interludios de ópera grabados en mono en vinilos baratos–, no sería inadecuado situar este disco en ese plano –y a la vez equidistante del dark ambient monocromo de Kevin Drumm–.

“Plays Wagner” produce más frío que calor. Es música bella, pero en la distancia: su escucha próxima, íntima, con los auriculares bien colocados en la cabeza, no se puede decir que sea placentera. Crea una burbuja de aislamiento, pero no de seguridad; y su termostato es incierto, ya que las sensaciones que produce son simultáneamente de amenaza y de protección. Si lo entendemos de esa manera, entonces este imponente estreno de Indignant Senility fuera de su limitado entorno de amigos podría ser como el cuarto CD que le faltó al “Sadly, The Future Is No Longer What It Was” de Leyland Kirby: el que operaría la transición lógica de la resignación nostálgica al catastrofismo, pues lo que se ve desde aquí es un cielo negro y una tierra alfombrada de cenizas. Lo que se ve desde aquí, lógicamente, es el ocaso de los hombres.

Javier Blanquez

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