Plays Bee Mask Plays Bee Mask

Álbumes

Donato Dozzy Donato DozzyPlays Bee Mask

8 / 10

Chris Madak y Donato Dozzy no son músicos exactamente afines. El primero está inmerso en la restauración del estilo cósmico y su fuente original de inspiración es la tradición planeadora de finales de los 70 y principios de los 80 –con una pizca de new age en el sentido alemán de la expresión–, y el segundo respira techno a todas horas del día, aunque de tan acuoso tenga que hacerlo por vía de branquias. Sin embargo, hay algo que les une, si no exactamente la estética, sí la intención: escapar, hipnotizar, detener el tiempo, sugerir la inmensidad. El pasado otoño, se dice desde Spectrum Spools, Donato Dozzy y Bee Mask coincidieron en un festival japonés, Labyrinth en el Monte Naeba –también lo hicieron en Polonia, en Unsound, pero sin que nos conste que se llegaran a conocer–, y se convencieron de que algo podía surgir de la unión de fuerzas entre los dos. A Madak/Bee Mask, sin duda, le atraerían las atmósferas rotundas del álbum de Voices From The Lake –como una superficie de metal líquido en plena calma, en alguna luna de Urano–, y Donato Dozzy debería caer rendido ante las melodías tintineantes del americano, sobre todo las de “ Vaporware”, cara A flotante y arpegiada de un 12” para Room40 que decidieron que Dozzy podía remezclar con excelente prospectiva de resultados. Lo que ninguno de los dos llegó a imaginar es que ese remix se iba a convertir en un hilo que, estirado y vuelto a estirar, se volvería más largo de lo esperado.

Al final, lo que tenía que ser una pieza de unos diez minutos acabó multiplicando su duración por cuatro, y una simple remezcla se ha convertido en un disco completo –doble vinilo– en el que, como quien persigue una quimera o un ideal inalcanzable, Donato Dozzy reformula, reconstruye, imagina y recompone en siete variaciones distintas ese velado homenaje de Bee Mask a la música más contrapuntística y giratoria –como si fuera un púlsar en la lejanía del cosmos– de Tangerine Dream. Una y otra vez, encontraba ideas para exprimir las posibilidades de la pieza, todas lo suficientemente interesantes como para no descartarlas. La primera variación, por ejemplo, juega con efectos de lluvia –una vez más, el agua es un elemento presente en la paleta sonora de Dozzy– y la melodía de campanillas; un solo recurso sencillo apurado en casi seis minutos de ingravidez. Evidentemente, con eso no está dicho todo, y “ Vaporware 02” prolonga la exploración concentrándose, esta vez, en la amplitud de espacios, en las más definidas y diáfanas líneas armónicas, las que dan sensación de eternidad, mientras “ Vaporware 03” se adapta a las reglas de la computer music relajante, pellizcando un fragmento vocal en un glitch inmenso. Todo esto, que ocupa prácticamente todo el primer disco, es una especie de preámbulo que en “ Vaporware 04” empieza a desgranarse en sus partes rítmicas, dejando que se desarrollen a diferentes velocidades y a diferentes distancias los beats metronómicos, pacientes y nocturnos –música para conducir, como la de Cliff Martinez, pero por una autopista espacial–, que van aumentando en cuerpo y masa hasta llegar a las séptima parte y definitiva, que es casi una reescritura de la “ Vaporware” original poniendo todo el énfasis en el arabesco new age y que tanto recuerda a esa preciosidad titulada “ Blue Marlin” del primer disco de Steve Hauschildt, precisamente el dueño de Spectrum Spools y el padrino de este disco singular al que, sólo por sacarle un reproche (nada importante), le vendría bien un segundo edit en el que todos los cortes fueran seguidos, sin pausas, no como siete remixes, sino como un remix gigantesco de 40 minutos. Esta generación de artesanos del sintetizador necesita un particular “E2-E4” (Manuel Göttsching), y “Plays Bee Mask” muestra indicios de por dónde podrían ir los tiros. Mientras tanto, ahí quedan siete viñetas cósmicas del más elevado pedigrí.

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