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Cooly G Cooly GPlayin Me

8.1 / 10

Cooly G tuvo su oportunidad de dejar una profunda huella en el desarrollo del UK Funky entre 2009 y la primera mitad de 2010, cuando Hyperdub le lanzó al estrellato –dentro de los confines del efervescente underground, entiéndase– y planchó sus dos 12”s de estreno, “Narst / Love Dub” (junio 2009) y “Up In My Head / Phat Si” (agosto 2010). En el segundo, Merrissa Campbell ya empezaba a usar la voz y también a rebajar el tempo de los beats; de este modo, indicó cuál tenía que ser su camino, que ya se alejaba entonces de la recreación del house y el garage clásicos que acometía Roska y de la enfebrecida percusión de Lil Silva, encontrando una oportunidad en los puntos en común que han existido tradicionalmente entre el breakbeat y el pop desde los tiempos de Massive Attack y Goldie hasta hoy. Era el momento de desarrollar esa opción y, quizá, firmar un clásico, pero “Playin Me” llega dos años más tarde de lo previsto: entre un álbum y un hijo –que finalmente han sido dos–, Cooly G ha optado por la maternidad, por crear una familia antes que una obra, y ese tipo de decisiones ni se discuten ni se enjuician.

La publicación del álbum, una vez ha pasado la peor parte del despertarse a media noche para cambiar pañales, demuestra que Cooly G no había perdido de vista su idea y que llevaba tiempo preparándola: son doce cortes –once de ellos originales; justo al final se rescata “Up In My Head”–, y en todos ellos se adivina que la semilla ya estaba plantada desde hacía dos años, y que sólo necesitaba tiempo para que fuera creciendo, puliéndose y alcanzando su madurez. A la vez que ha criado dos hijos también ha mimado en su tiempo libre un álbum que es como una tercera criatura para ella. Si tiene un problema “Playin Me” no es tanto el enfoque o la dirección, sino el desajuste en el tiempo: en 2010 habría batido a Ikonika (seguro) y a Darkstar (posiblemente), las dos grandes bazas de Hyperdub en aquel año, y se habría adelantado decisivamente a Laurel Halo, además de situarse junto con King Midas Sound como la artista que mejor habría sabido leer la conexión espiritual entre el downtempo británico de los 90s con los tiempos melancólicos de la actualidad. “Playin Me” no es un trabajo calmado ni mucho menos –cuando entra el bajo de la pieza titular, que late como un corazón a punto de estallar tras un ataque de nervios, y que al final parece un interludio de Orbital antes de lanzar un bombo furioso, todo el cuerpo tiembla–, pero en su conjunto resalta la luz y la felicidad, a la vez que domestica la rabia y la oscuridad. Al fin y al cabo, es un trabajo marcado por el amor de madre.

Se puede opinar que el discurso de Cooly G empieza ya pretérito – “He Said I Said”, justo en la entrada, es una balada con acelerones subterráneos que se mece entre notas ondulantes y una capa de niebla mientras entona como una diva soul narcótica, situada peligrosamente en la frontera con la coffee table music, o música para echar la siesta, como ocurría en aquel tercer LP de 4 Hero, “Two Pages” (1998)–, pero eso es sólo una parte de “Playin Me”, una división que, en efecto, bordea la autocomplacencia en la versión que hace de “Trouble”, el hit lacrimógeno de Coldplay, por mucho que lo retuerza y lo vuelva wonky, pero que alcanza la excelencia en “Landscapes”. Y luego están los momentos en los que Cooly G tira de archivo histórico y se lanza por toboganes de bass zigzagueante como “What This Wold Meeds Now” o recupera la estética del himno jungle para momentos de máxima comunión en “Come Into My Room”, que recicla las intros eufóricas de Omni Trio o Goldie –notas de piano cristalino, sintes como hojas de oro, voz flotante– evitando siempre que entre el break frenético, por dos veces abortado, quedándose sólo con el dulce y evitando la furia. Títulos como “Good Times” o “Sunshine” denotan esa lagrimilla de nostalgia –aunque sea una nostalgia escuchada en discos de segunda mano, y nunca vivida en primera persona–; nostalgia por un tipo de música de club que no se entendía sin el equilibrio de lo femenino y lo masculino.

Si este disco hubiera visto la luz en 1998 habría sido en un sello como Talkin’ Loud: clásico y futurista, humano y cibernético, elegante hasta la médula, con el consabido riesgo de hacerse demasiado ‘adulto’ por momentos, excesivamente apegado a un relax de domingo por la mañana –es lo que ocurre en “Trying”–. Aunque cuando la cosa se pone fea en “What Airtime” –el momento más funky house de todo el álbum, allí donde los breaks se rebelan y los bajos hacen piruetas de rave en ebullición– y en la psicodelia casi hindú –Talvin Singh en el siglo XXI– de “It’s Serious” (a medias con Karizma), hay suficiente contrapeso para dejar “Playin Me” en un eficiente equilibrio: por un lado, un disco que quiere ir más allá del club (¿post-dubstep familiar, como una producción de Pixar pensada para DJs con hijos? Puede ser), pero también un disco que desea ir más allá del presente y entroncarse en una larga tradición –la que va del lovers rock jamaicano al 2step pasando por el drum’n’bass líquido– donde la substancia femenina imagina una alternativa humana y emocionante para la música de baile. Al final, no ha sido una oportunidad perdida, sino una segunda oportunidad bien aprovechada.

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