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Álbumes

Memory Tapes Memory TapesPlayer Piano

7.3 / 10

Memory Tapes  Player Piano CARPARK

Cuando editó “Seek Magic” allá por octubre de 2009, Dayve Hawk no cabía en sí de gozo. Al debut de Memory Tapes, piedra de toque de la ubicua chillwave, le llovieron infinidad de piropos y él no se cortó un pelo a la hora de prometer una continuación para antes de que finalizase el año. El caso es que, por activa o por pasiva, “Player Piano” ha acabado retrasándose casi dos años y, una vez escuchado, a uno sólo se le ocurre achacar su demora a factores coyunturales. Factores que señalan este momento como el idóneo para reinventar de nuevo su estilo y que reafirman la conocida tendencia de Hawk a mutar constantemente sus directrices artísticas, ya sea bajo el nombre de Memory Cassette o de Weird Tapes. Da la impresión de que para la edición de “Player Piano” Hawk ha querido dejar pasar el tiempo prudencial suficiente hasta que remitieran las décimas de la fiebre hipnagógica. Algunas de sus declaraciones al respecto no pueden resultar más esclarecedoras: asegura que allí donde el primer álbum “trataba sobre un tipo de visión romántica de los soñadores, este versa sobre el momento en que te das cuenta de que el sueño es lo que te separa de la cama”. Difícil explicar mejor las cualidades implícitas de un trabajo a priori más espabilado pero menos dado también a la ensoñación y las ilusiones.

A grandes rasgos y salvando momentos puntuales, el repertorio de “Player Piano” no tiene la fuerza inherente de su predecesor. Su pegada es distante, distinta. Comparado con el celebrado debut del proyecto, ni logra transmitir sensaciones IDM igual de arrebatadoras ni consigue resguardarse bajo aquel aura de disco ecléctico y a la vez unitario que hacía de “Seek Magic” tan valiosa presentación. Siguiendo con la excusa metafórica del sueño y la vigilia, podríamos ilustrar sus diferencias con esta imagen: allí donde la electrónica de duermevela de “Seek Magic” se quedaba colgada de la madrugada, en “Player Piano” ya ha amanecido y ahora la música salta efusivamente de la cama dispuesta a encarar el nuevo día. Se le ha lavado la cara pero quedan legañas en el rostro, y se han perdido por el camino elementos clave como el embrujo, la amplitud de miras y la profundidad compositiva.

En pos de la comercialidad, dirán algunos, pero tampoco es eso. Aún restan momentos que huyen de lo obvio como “Offers” y la bucólica “Humming”, las menos preocupadas por el qué dirán. Hawk no ha cejado en su empeño por dibujar con sus canciones lugares especiales, distintos, y explica que las aspiraciones de los nuevos temas, “no han sido las de escribir canciones que sonaran como esa que escuchas en la radio, sino que sonaran al momento en que escuchaste aquella canción en la radio”. Su habilidad a la hora de barnizar los temas con reluciente brillantina sigue intacta, y se agradece que se haya retado a sí mismo a moldear flamantes singles pop (la Motown, los girl groups de los sesenta y el doo-wop ya han salido a relucir como referencias de estilo en alguna que otra entrevista). Sin embargo, en el balance final se echa en falta algo de magia, más intriga, cierto misterio. Casi todos los rincones explorados parecen conocidos, menos remotos, y los tesoros como “Wait In The Dark”, “Sun Hits” o “Today Is Our Life”, más que cofres escondidos que hay que luchar por encontrar, aparecen situados en coordenadas comunes fácilmente alcanzables con un golpe de vista.

Cristian Rodríguez

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