A Place Where We Could Go A Place Where We Could Go

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Jeremy Jay Jeremy JayA Place Where We Could Go

8.5 / 10

Jeremy Jay A Place Where We Could Go K RECORDS / GREEN UFOS Está llamado a ser uno de los personajes del año. Un señorito espigado señalado por Calvin Johnson para ocupar el sitio que en otro tiempo perteneció a pequeños héroes de la farándula indie como Adam Green o Patrick Wolf. Jeremy Jay apuesta por un look ganador entre los que admiran el porte peterpaniano de Wolf y ese lo-fi desgarbado que un mal día abandonó a Green. Dice admirar a Buddy Holly y algunos ya le han buscado un padre en la persona de Jonathan Richman, pero este principito californiano parece un personaje inventado en el cine. Un antihéroe de Jean-Luc Godard lanzado a través de la pantalla para definirnos una bohemia cool y moderna, un romanticismo puesto al día. “A Place Where We Could Go” – egoísta en minutaje, generoso en sensaciones - es todo esto y algo más. Sus canciones me remiten el mismo feeling que los dos primeros discos de The Go-Betweens: mínimos elementos musicales, modestas inquietudes transformadas en grandes emociones, un talento enorme para encauzar una canción por el camino menos fácil y la firme impresión de que compone sin demasiado esfuerzo. También asoma la fantasía del Bowie de “Hunky Dory”. Palabras mayores. Jeremy Jay nos lanza un goloso anzuelo con las canciones que abren su estreno. “Heavenly Creatures” (será una de mis canciones de este año) y “Beautiful Rebel” pintan con trazos espontáneos pero firmes su fantástico y fantasioso mundo. Son sus bedtime stories. Allí están esas criaturas celestiales con “piel de porcelana, cabello rubio intenso y aspecto de cuento clásico” (¿es esa la imagen que le devuelve su espejo?). Y esos rebeldes silenciosos que jamás olvidarán los mitos que les sirvieron de molde. ¿Molde? Jeremy Jay lo ha roto con un sorprendente disco que apunta a hazañas aún mayores. Se ha salido de sus sueños y ha construido unas canciones como piedras preciosas cubiertas de arena. Ahí va otra: “Hold Me In Your Arms Tonight”. Sólo hay que rozarlas para destapar su esplendor de color ocre.

César Estabiel

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