Piramida Piramida

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Efterklang EfterklangPiramida

7.7 / 10

En unos tiempos como los actuales, en los que muchas bandas noveles consiguen éxito inmediato con poca imaginación y escribiendo y grabando un disco en tres semanas, gusta que las que estén más asentadas, las que ya llevan una trayectoria sólida y definida, busquen continuamente reinventarse, no contentarse con lo que ya tienen, salir en busca de nuevos sonidos, desafíos y experiencias. Y eso es lo que han hecho exactamente Efterklang, que hasta llegar a este “Piramida”, su cuarto álbum de estudio, han recorrido un largo y ambicioso camino. Empezaron bajo el abrigo de The Leaf Label, donde exploraron con su debut las bondades de la electrónica paisajística y cálida. “Tripper” fue un trabajo maravilloso en el que se aunaban los glitches con unos arreglos orquestales que a la postre les acompañarían a lo largo de toda su trayectoria. Tres años después, en 2007, dieron con “Parades”, un LP en el que crecía la instrumentación para dar con pequeñas joyas de orfebrería como aquellas que ofrecía Patrick Wolf hace unos años antes de dejarse embaucar por la grandilocuencia. Poco después se juntaron con la The Danish National Chamber Orchestra para interpretar ese disco en directo, algo que más tarde editaron. Todo ello, entendemos, les sirvió para dar el salto a 4AD, un sello más acorde con sus aspiraciones, y ahí editaron “Magic Chairs”, trabajo en el que primaban unos arreglos bien cuidados y con el que se confirmaban como una de las propuestas más sólidas del pop orquestal.

Llegados a este punto uno se podía plantear muchas preguntas sobre qué dirección iba a tomar el ahora trío danés. Evidentemente, no iban a ofrecer un trabajo como el anterior, pero hay quien pudiese pensar que esa épica de dimensiones reducidas que asomaba con timidez en sus anteriores álbumes ahora se desatase. Sin embargo, “Piramida” recoge todos los elementos que han caracterizado la obra de Efterklang para ofrecer un trabajo mucho más intimista de lo que cabría esperar, cercano en espíritu a sus primeras obras, pero parecido en términos de producción a su etapa más reciente. La gestación de este trabajo es de las más excitantes en mucho tiempo. Casper, Rasmus y Mads viajaron hasta Spitsbergen, una isla a medio camino entre Noruega y el Polo Norte que había servido como asentamiento e instalación minera para un millar de rusos. En 1998 fue abandonada y lo que ahí queda es una ciudad abandonada en ruinas. Durante esos nueve días de agosto de 2011 recolectaron más de 1.000 grabaciones de campo que van desde tanques de gasolina gigantes hasta el piano de cola más septentrional. En relación con lo comentado al principio de este texto, su vocalista, Casper Clausen, nos comentó en una entrevista que publicaremos en breve: “Si simplemente nos sentásemos cada día en el piano y tratásemos de hacer canciones nos aburriríamos bastante. Nos gusta crear estos juegos. “Piramida” es un buen ejemplo. ‘Vayamos lejos, cojamos unos micros y empecemos un álbum’. Dice mucho de cómo trabajamos, necesitamos ponernos desafíos para crear música”.

La idea de embarcarse en una expedición sonora es francamente atractiva, y más en ese marco fantasmagórico, pero lo cierto es que resulta difícil, por no decir imposible, distinguir los sonidos que han utilizado. Nos pueden decir que al principio de “Hollow Mountain” utilizan como improvisado instrumento de percusión un tanque gigante del que hacen resonar el líquido que hay dentro, pero sin una explicación el oyente se pierde esos detalles. Afortunadamente, no es necesario un manual de instrucciones para disfrutar de “Piramida”, aunque ese documental sobre su gestación que están ultimando seguro que servirá como complemento perfecto para adentrarte del todo en esta experiencia. Porque este disco no sólo es atractivo por su peculiar producción, también lo es por sus estimulantes canciones, todas ellas cargadas de nostalgia y emotividad. Cuenta Clausen que atravesó una ruptura al mismo tiempo en el que trabajaba en este disco. Esos “Run away, run away, you are forgotten” que entona en “Apples” se refieren a esa relación rota, todo ello entre majestuosos vientos que dan al tema un toque cinematográfico, como si de la banda sonora de un gran melodrama se tratase.

En un álbum en el que contaron con colaboraciones de Peter Broderick (violín), Earl Harvin (batería), Nils Frahm (piano), The Andromeda Mega Express Orchestra (vientos) y un coro de 70 niñas, también hay piezas en las que sólo con la voz de Casper ya hechizan. En “Sedna” se mueve entre los registros altos y bajos con la misma habilidad para emocionar como Bon Iver. El principal don del LP es, pues, una gran capacidad de sorpresa y variedad, que hace que los elementos esenciales de cada corte sean distintos. Siempre encuentras algún sonido nuevo que te hace preguntarte de donde salió (¿lo que suena a lo largo de todo “Dreams Today” es el suave andar de un carro de caballos?). Fascina en “Black Summer” la manera en la que utilizan los coros, como si tuviesen las voces de unas hadas encerradas en un tarro que fuesen abriendo y cerrando juguetonamente hasta soltarlas al exterior a mitad del corte. “Told To Be Find” se apoya en unas cuerdas delicadas para tejer armonías exóticas que evocan sueños recordados a medias. El halo de misterio y aislamiento que consiguen en “The Living Layer” es maravilloso gracias un sonido que planea por toda la canción que evoca en tu mente la pacífica imagen de un submarino navegando con parsimonia por las aguas del Ártico. “Between The Walls”, entre tanta fanfarria, recupera esa electrónica de la que hacían gala en su primera etapa. Y Efterklang hacen tocar el cielo en “The Ghost”, con una sección rítmica conductora que se acerca al afrobeat (el despliegue en la percusión es asombroso) y unos metales que progresivamente reclaman más atención. La valentía, siempre que no sea loca osadía, tiene premio, y Efterklang saborean las mieles del éxito bien merecidamente.

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