Pink Friday Pink Friday

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Nicki Minaj Nicki MinajPink Friday

6.8 / 10

Nicki Minaj Pink Friday CASH MONEY RECORDS

En teoría, “Pink Friday” tenía la misión de responder a las dudas que encerraba el personaje de Nicki Minaj desde su salto a la popularidad, hará cosa de un año, vía mixtapes y decenas de cameos y colaboraciones en algunos de los discos clave de la geografía urban reciente. Por un lado, asomaba una MC creativa, original y personal, como en el caso de su aparición en “Monster” ( Kanye West), donde la diva era capaz de codearse e incluso desbordar a Rick Ross o Jay-Z; por el otro, una futura estrella pop de ambición masiva que sabía cómo tocar las teclas precisas del mainstream; incluso en una tercera vía se intuían sus posibilidades como nuevo emblema R&B en clave de inminente relevo de Rihanna. Las tres principales facetas de su personalidad artística habían surgido de forma aleatoria a lo largo de estos meses, pero era necesario comprobar cómo la neoyorquina podía domarlas y canalizarlas con orden y coherencia en el marco de uno de los debuts más esperados de la temporada.

Así de entrada, “Pink Friday” contiene esas múltiples variantes de su discurso, quizás encajadas de una forma menos sólida y convincente de lo que podíamos esperar. Por ejemplo: su instinto más esquizoide y callejero sale a flote como el gran puntal expresivo de su fórmula y protagoniza los mejores momentos de todo el álbum. Primero, esa turbulenta y fascinante “Roman’s Revenge”, con beat de Swizz Beatz, en la que, como ya sucedía en “Monster”, su desdoblamiento de personalidad al micro, o esa facilidad para crear alter egos también en el flow, el léxico y las letras, claramente inspirada en Busta Rhymes o RZA, consigue dejar en evidencia a su compañero de canción, en este caso el propio Eminem. Su estrofa probablemente sea el gran highlight de todo el disco, y ese es un dato bastante definitorio de su propuesta. Otro instante en la cumbre: “Did It On ‘Em”, producida por Bangladesh –autor de “A Milli”, de Lil Wayne–, recupera esa idea algo desdibujada en estos momentos de conciliar el hip hop y el R&B con un sonido de trazo más complejo y experimental –cualidad que también atesora “Roman’s Revenge”, por cierto–, y deja claro que cuando Minaj enseña su cara más hip hop y lanza guiños y concesiones a las calles su apuesta deviene brillante e intimidante. Y en menor medida también brilla en “Here I Am”, respaldada por una producción extraña y melancólica de Swizz Beatz, una vez más, que consolida y realza la aportación más rap del lote.

Menos brillante y atractiva e indudablemente más kitsch, predecible y vulgar es la Nicki Minaj superestrella que aspira a facturar hits totales. “Check It Out”, producción de will.i.am a partir de un sample de “Video Kill The Radio Star” de The Buggles; y “Your Love”, beat de Papi Justifi sobre un sample de “No More I Love You’s” de Annie Lenox, tienen todos los números para funcionar en las listas de ventas, pero nacen de una idea creativa que Diddy ya patentó cuando se hacía llamar Puff Daddy e intoxicaba el hip hop comercial de mediados y finales de los 90 con remedos rapeados de viejas canciones de los 80. Suena zafio, a pop-rap sin inventiva, facilón y efectista, y rompe con esa línea más intrincada y retadora de otras producciones escondidas en el álbum. Por ejemplo, “Blazin’”, de Kanye West, también juega a revisitar los 80 en clave hip hop, pero con un sample de Simple Minds tratado y manipulado para crear una canción nueva con personalidad propia, sin necesidad de aplicar un corta y pega tan primario y rudimentario.

Y por último, cuando se lanza a un territorio más R&B los resultados son bastante dispares: “Right Thru Me” y “Fly”, aquí con la ayuda de Rihanna, funcionan realmente bien como medios tiempos azucarados destinados al público femenino, pero “Dear Old Nicki” y “Save Me” parecen lugares comunes de relleno sin chicha ni historia en el contexto del disco. Como si sobraran. En líneas generales, la sensación es que Nicki Minaj intenta abarcar demasiados frentes a la vez y no sale bien parada de todos ellos, o cuando menos no aporta ese plus de creatividad, novedad y personalidad que se le podía adivinar en sus apariciones previas. Minaj muestra sentido del humor, ingenio y un talento más que meritorio para construir sus rimas, también cuando inventa nuevas personalidades y adapta sus recursos a ellas, pero su ímpetu y fuerza quedan algo frenadas por una idea general del disco, pero también artística, que no acaba de centrarse del todo. Musicalmente apuesta bien y con una actitud apabullante cuando se dirige al público masculino, pero no deslumbra ni fascina cuando presuntamente hace lo propio con la audiencia femenina, donde su propuesta es más corriente y estándar de lo que podíamos imaginar. ¿Ha nacido una estrella? Todo apunta a que sí, pero su disco de debut no aclara una duda importante: ¿una estrella de qué?

David Broc

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