Pink Friday: Roman Reloaded Pink Friday: Roman Reloaded

Álbumes

Nicki Minaj Nicki MinajPink Friday: Roman Reloaded

6.7 / 10

Con su segundo disco, “Pink Friday: Roman Reloaded”, Nicki Minaj se enfrentaba a un interesante problema de definición. El éxito de su debut le había dejado en una posición incierta: debía mantener, e incluso incrementar, su proyección comercial y popular sin dejar de lado algunos de los rasgos de personalidad artística que la habían llevado hasta aquí. Sus raps esquizoides, su sonido minimalista, su variedad de flows y registros y su actitud incontrolable eran argumentos expresivos y conceptuales que no podían quedar empañados por la búsqueda consciente de una estética y unas formas más comerciales, y ahí radicaba una de las grandes dudas a las que debía responder este regreso, la nueva onda expansiva del emporio Young Money en su camino hacia el dominio absoluto del hip hop mainstream del momento.

Quizás es por todo eso que el disco en ningún momento esconde sus intenciones bipolares, que en cierto modo es la manera que tiene Minaj de decirnos a todos que tiene el mismo talento para fabricar hits revientapistas y canciones de perfil experimental y que no piensa ceñirse en exclusiva a ninguna de estas dos opciones. También parece una declaración de intenciones sobre su libertad creativa para hacer lo que le dé la gana sin necesidad de responder a criterios o presiones de ningún tipo. Y para dejarlo más claro que nunca divide la grabación en dos grandes partes: la primera, de “Roman Holiday” a “Champion”, cubre hasta ocho piezas que intentan recrear esa versión más contundente, retorcida y anticlimática que caracterizaban a sus mixtapes previas al debut; la segunda, a partir de “Right By My Side” y hasta el final, se concentra en explotar hasta la saciedad su faceta más pop y bailable, aquella que ya avanzaba “Starships”. La única duda que teníamos estaba en saber hasta qué punto exprimiría esta versión de sí misma.

La primera mitad del álbum está coprotagonizada por Roman Zolanski, su alter ego psicótico e incontrolable, la faceta más de calle de la artista. En ella Minaj da rienda suelta a su lírica de batalla y se enzarza en varios episodios de autorreivindicación sin cortapisas que refuerzan su talento para la rima de confrontación. Un brillante ejemplo para corroborarlo, extraído de “Roman Reloaded”, de las mejores construcciones líricas del disco: “If I had a label I would never sign you hoes / Take you bitches to school then I Columbine you hoes / I hear the slick shit, bitch you washed / All you hoes cryin’: Christopher Bosh”. Le sobran agallas y fuerza poética. En esta tesitura no parece casual ni aleatorio el hecho de que la cantante incluya en esta primera fase del disco todas las colaboraciones vocales del disco salvo la de Beenie Man –un elenco de estrellas que incluye a Cam’Ron, Rick Ross, Drake, Young Jeezy, Lil Wayne o Nas–, en cierto modo parecen ubicadas ahí con la intención de restregarle a sus detractores y rivales su posición de éxito y reconocimiento entre los grandes nombres del firmamento.

Y a este clima más combativo se le suma un apasionante trabajo de producción. Minaj deja en manos de Hit-Boy, Kenoe, T-Minus y Blackout Movement la responsabilidad de dar con un discurso personal y complejo, alejado de connotaciones pop, que contrarreste lo que está por llegar. Todos ellos aportan sonidos intrincados y retorcidos, de difícil digestión para el público masivo, que suponen todo un aliciente para los fans más exigentes de la artista. Este tramo del álbum evoca aquellos años en los que las grandes estrellas del mainstream se permitían el lujo de incorporar producciones experimentales y complejas en sus lanzamientos, y a medida que se suceden las canciones te queda más claro el porqué de este empeño en salvaguardar su cara más inconformista e inclasificable: después de veinticinco minutos de fascinante extrañeza sonora, cuando llega “Starships” es como si entráramos en una clase de spinning dirigida por un profesor sádico e impenitente.

Es curioso que en “Roman Reloaded” Minaj rapee “So I laugh at hopefuls; Nicki pop!, only thing thats pop is my endorsement / I fuck around I have to go and reinforce the glock”, algo así como que ella se descojona con todos aquellos que dicen que se ha pasado al pop, cuando la última media hora de disco es tan empalagosa. “Starships”, “Pound The Alarm”, “Whip It”, “Automatic” y “Beautiful Sinner”, todas seguidas, y todas a cargo de RedOne, garantizan pedaleos con la resistencia de la bici al máximo, pero también algún que otro sonrojo. “Whip It” y “Starships” son las mejores del quinteto, aquellas en las que el empuje casi trance de la producción ayuda a construir dos hits inapelables, pero con el resto se abusa de una fórmula ya muy trillada, convencional y algo hortera, en la que por momentos asoma el fantasma de Katy Perry y se añade más madera a la davidghettacización del rap actual. No mejora la cosa en la recta final, centrada en otro gran tópico de los discos grandes de divas negras del momento: las baladas. En “Marilyn Monroe” y “Gun Shot” Minaj se rihanniza en el peor sentido del término y, más allá de contradecirse a sí misma, acaba dando la razón a los que tenemos claro que la artista es mucho mejor rapera que cantante.

El propósito de “Pink Friday: Roman Reloaded” queda claro, pues: contentar a todos sin ofender ni molestar más de la cuenta. La duda aquí es saber si esto responde a un gesto de valentía por parte de Minaj, que se resiste a hacer un disco entero al servicio de la radiofórmula, o si, por el contrario, esta decisión salomónica de partir el álbum en dos y delimitar bien las dos posturas no deja de ser una decisión conservadora que no la compromete artísticamente y que le sirve de termómetro. El tiempo y su tercer disco darán y quitarán razones.

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar