Piano Nights Piano Nights

Álbumes

Bohren & Der Club of Gore Bohren & Der Club of GorePiano Nights

7.8 / 10

La idea de jazz electrónico nunca ha terminado de funcionar en cuanto alcance popular: la ortodoxia del jazz la rechaza mientras su barco se hunde silenciosamente sin que a nadie parezca importarle demasiado, y la electrónica nunca ha tenido un espacio de privilegio para un género que, en esencia, viene con ideas prestadas de otro bando. Así, salvo excepciones puntuales como “Jazz in the Bassbin” (Carl Craig como Innerzone Orchestra), “The Man with the Red Face” (Laurent Garnier) o algunos momentos de Roni Size, la música de baile y el jazz han vivido en terrenos próximos, pero bien delimitados. Las corrientes más horizontales han superado trámites parecidos: muchas veces el elemento jazz era tan discreto que acababa diluido en un generoso hectolitro de ambient, y era tan exagerado que sólo servía como downtempo o chill-out de medio pelo para los bares de yuppies. Como Cataluña dentro de España, el jazz no ha sabido encontrar aún su encaje dentro del mapa electrónico global.

Una excepción es Bohren & Der Club of Gore, que durante 20 años ha estado funcionando como banda de jazz pero alejada del circuito que les pertenecía por orígenes y trayectoria. Pero este es un jazz siniestro -sus álbumes suelen ser de portadas negras, con ilustraciones de cráneos o simbología esotérica-, y ellos lo definen con el prefijo ‘doom’: la música se desarrolla con una lentitud pesada, reproduciendo los tics más reconocibles del soft-jazz más sentimental, y decorándola con ligeras resonancias en los espacios vacíos, de hálitos y ecos. Como se ha dicho del colectivo alemán en más de una ocasión, lo suyo es como un remix extendido y en innumerables variaciones, como si fuera un ejercicio de reconstrucción dub, de un tema instrumental de Angelo Badalamenti: los elementos son sencillos -un saxo lánguido, una percusión estática en la que resuena sólo el chasquido de las escobillas, una nota de piano cada 30 segundos y una suave capa ambiental-, pero con un efecto de grandeza, relajante en el sentido menos hippy de la expresión, una música tranquila y sencilla que llena enormes espacios, que infunde paz y abre la mente. También se ha dicho de su música que es como una prolongación de la “Rachel’s Song” de Vangelis para la banda sonora de “Blade Runner”, algo que “Piano Nights” contradice en parte.

Porque aquí el piano es un instrumento que compite de igual a igual con el saxo: las melodías están resumidas a un simple pellizco y los ambientes están ampliados con la resonancia sobria del piano. Si los discos anteriores de Bohren & Der Club of Gore se iban desnudando de capas e iban matizando el maximalismo inicial, “Piano Nights” es prácticamente la radiografía de la ropa interior del jazz atmosférico: denso como una nube de humo, pero igualmente envolvente e imposible de capturar, una música que se extiende más como perfume que como sonido, y que a pesar de parecer anecdótica, está llena de significado. Nunca serán aceptados por el jazz y se quedarán en la esquina de la electrónica experimental, esperando turno. Y de mientras, Bohren & Der Club of Gore seguirá siendo una de las maravillas menos conocidas de la música de este siglo.

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