Personal Space. Electronic Soul 1974-1984 Personal Space. Electronic Soul 1974-1984

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Various VariousPersonal Space. Electronic Soul 1974-1984

7 / 10

La arqueología musical nunca tiene un final. Siempre hay nuevos yacimientos, vírgenes e impolutos, que excavar con pico, pala y habilidad de digger. Siempre hay una nueva oportunidad para reescribir la historia. Esta recopilación no llega a través de los canales habituales –me refiero a sellos como Numero Group, Soul Jazz o Finders Keepers–, pero alcanza una ambición muy parecida. “Personal Space. Electronic Soul 1974-1984” se centra en un momento de la historia de la música negra en Estados Unidos en la que la tecnología se empezó a volver barata y accesible, y por tanto dejó su huella en una porción significativa de la producción de aquel momento. Lo interesante de esta colección de piezas, que más recuerda a aquellas viejas colecciones de nuggets que a una exploración a fondo de un fenómeno olvidado, es que rastrea el legado de la electrónica en el soul. El soul en los 70s, en realidad, no estuvo muy marcado por la tecnología –a diferencia del funk y la música disco, que sí aceptaron con menos dificultad el uso de sintetizadores y cajas de ritmo–, y es por esto por lo que todo este material aparece como una rareza. Son básicamente intentos de hit que no tuvieron ningún éxito (comprensiblemente), y que la historia ha sepultado en su fosa del olvido.

El trabajo de Dante Carfangna para Chocolate Industries ha sido localizar un periodo concreto y sacar de él algunos de sus misterios. Estos 17 cortes se rigen por un patrón muy rígido: miniaturas instrumentales con máquinas primitivas que reproducen un sonido calmado y sedoso, como si quisieran extender el efecto erótico de “T Plays It Cool”, el mítico instrumental de Marvin Gaye en “Trouble Man” (1972) tantas veces sampleado, pinchado hasta la saciedad y paradigma último de la elegancia y la coolness de la que años después se quiso apropiar el trip-hop, y si no son instrumentales se quedan en canciones de baja fidelidad en las que la falta de medios impide crecer con la ampulosidad de los viejos stompers con riqueza de cuerdas. Este es un terreno reservado a cazadores de vinilo a los que otros yacimientos se les han quedado secos, un espacio al que sólo se accede cuando el lujoso Northern Soul de finales de los 60s ha quedado completamente esquilmado y se busca otra letra pequeña del género para alimentar la mitomanía. Ninguno de los productores y cantantes que aparecen aquí tuvieron éxito en vida, tenían que autoproducirse y autofinanciarse sus discos y fueron fracasando tan estrepitosos como aquellos aspirantes a ingresar en Motown. Cuando seleccionas cortes como “I’m A Man”, de Key & Cleary, o la más funky “Money” de Spontaneous Overthrow, es como escuchar una maqueta primeriza de George Clinton a la que le falta la ambición, los medios y el talento para alcanzar un minuto del curso del futuro.

De todos modos, entre la modestia muchas veces emerge un destello de creatividad que, marginado en su momento, se manifiesta revelador años después. Los caminos del destino son caprichosos, y en “Master Ship (Excerpt)”, de Starship Commande Wooooo Wooooo, es fácil ver –además de una influencia clarísima de Kraftwerk; el tema es de 1981– un preámbulo del synth-pop exótico de Japan, con sus escalas orientales, y ciertos rasgos del techno de Detroit. Con revelaciones así, por tanto, es como se resigue el rastro un periodo todavía oscuro de la música electrónica, que tiene que ver con las influencias europeas que desembocaron en el techno y, a la vez, el propio material americano que ya estaba dotando a su alma de una coraza electrónica. Derrick May siempre se ha referido al techno como ‘hi tech soul’, y aunque se ha considerado que sus fuentes de inspiración estaban en el funk electrónico, el pop sintético y el italodisco, no hay que obviar material como “Super Lady” de Jeff Phelps –una especie de Jimmy Edgar de hace 30 años–, la blaxpoitation de bajo presupuesto de Johnny Walker ( “Love Vibrator”), el dub-soul de The New Year ( “My Bleeding Wound”) o inesperadas slow jamz como “It’s All Over” (T. Dyson) como invisibles rastros de carmín que ayudaron, desde el olvido, a pavimentar el camino que hemos andado durante estos últimos años.

La recopilación de Chocolate Industries –un sello que siempre estuvo centrado en la conexión entre hip hop y tecnología digital, y que aquí amplía su espectro– no es reveladora en el sentido de que abre los ojos a una realidad paralela, olvidada, ignorada y capaz de cambiar las reglas del juego, que es algo que sí sucedía con las mixtapes de minimal wave en Stones Throw. Pero sí escarba una serie de temas de, entre los cuales, hay algunos que pueden convertirse en cotizadas piezas de colección –insisto en “Master Ship”, que además se cotiza a 150 dólares en Discogs; esta suerte de “Autobahn” cósmico me tiene loco–. En definitiva, buen trabajo, chicos.

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