Persona Persona

Álbumes

Mokira MokiraPersona

8.3 / 10

Mokira  Persona TYPE

La imagen icónica de “Persona” (1966), la que para una buena parte de cinéfilos es una de las aportaciones más decisivas de Igmar Bergman al séptimo arte, es la de los bustos entrecruzados de sus dos actrices protagonistas, Liv Ullmann y Bibi Andersson –nada que ver con aquel hombre de Ceuta que antes de cambiar de sexo se llamó Manolo Fernández–: cabezas griegas, de narices respingonas y la tez clara, serenas y marmóreas en el fotograma en blanco y negro. Que Andreas Tilliander haya escogido “Persona” para titular su nuevo disco bajo el alias –o sea, bajo la máscara; máscara en griego es ‘persona’– de Mokira indica una afinidad completa con la película de su sueco paisano, aunque no hay que ver mayores conexiones más allá del gusto de Tilliander por un tipo de cine reflexivo, que explora valores humanos, que apela a la sensibilidad y al mundo interior antes que al entretenimiento escapista o la excitación de la retina por la vía del espectáculo. Tilliander puede ser un personaje polivalente en esto de la electrónica –un día le hace un mastering a un extraño a cambio de unos cuantos euros, al otro le da por el baile nervioso–, pero desde que trasladó a Mokira al sello Type con el soberbio “Album” (año 2004; ha llovido), está claro que ha hecho de este seudónimo, conscientemente, su bandera por la abstracción, por la refinación del ambient.El primer Mokira en Type sugería un estudio minucioso de los procesos dub y techno de Vladislav Delay: era una larguísima suite de crujidos analógicos, de ambientes con carga magnética y de bombos abortados, comidos por una introspección congelada; como la cena del Dómine Cabra en el tercer capítulo de “El buscón”, aquella música era ‘eterna, sin principio ni fin’, que es lo que corresponde a todo buen ambient, ser el río o la nube, estar y pasar y nunca irse. “Persona”, aún compartiendo el mismo gusto por la sutil permanencia, está formado a partir de otros principios. Se intuyen los restos de una pasión anterior por el sonido de la escuela Chain Reaction, se oyen aún los ecos lejanos de un dub serpentíneo, de color gris metal, ahogado en unas aguas casi bajo cero, pero no deja de ser un final del camino y un punto de partida para el otro. Admite Andreas Tilliander que, en estos últimos años, se ha dado al buen vicio –o capricho, porque no es malo ni perjudica a su salud– de coleccionar sintetizadores antiguos. También dice el sueco que, como le ocurre a mucha gente, su oído está más fascinado por el espacio entre planetas que el resquicio que queda entre dos bombos, y por tanto “Persona” suena más cósmico que según el libro de estilo de Pole o Scion. Este punto de partida es, en efecto, la clave de todo.Más que cósmico, “Persona” es espacial: hay una dedicatoria a Jason Pierce y Pete Kember en el libreto interior – “gracias por firmar mi camiseta, Jason, y perdón de nuevo por interrumpir tu concierto”–, una manera muy directa de decirnos que admira mucho el trabajo de Spiritualized, de Spectrum y, sobre todo, del dúo que unió a Pierce y Kember en los años ochenta, Spacemen 3. Luego llega “Oscillations And Tremolo”, pieza quinta en una suite de pulsos, atmósferas cargadas y extensas longitudes de vacío, y la influencia que hasta entonces sólo se había advertido tímidamente estalla de pleno: es, en efecto, un homenaje al space rock de grano grueso y trazo analógico directo de Spacemen 3. ¿Cósmico? No exactamente: antes y después de ese ensayo tímbrico con osciladores antiguos y sintetizadores del cámbrico lo que se intuyen son los inputs que otorga el escuchar mucho a Harmonia en casa –en los discos en los que también estaba Brian Eno, claro es–, pero también a Flying Saucer Attack y a esa pareja con barba y faldas con la que, quién sabe si queriendo o sin querer, Mokira está compartiendo espacio, Delia Gonzalez & Gavin Russom, también agazapados entre las sombras que dejan las interesecciones entre sonido kosmische y el no atreverse a soltar el beat. Hay caminos que se hacen al andar. Lo que no sabía el poeta es que hay caminos que se hacen al flotar y sin que el tiempo transcurra. Y el camino de “Persona” es de aquellos que invitan a uno a olvidarse del reloj, incluso de lo que ocurre más allá de la ventana, envolverse en un nirvana con forma de burbuja y recorrerlo con frecuencia. Para allá que me voy, id con dios.

Javier Blánquez

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