Permanent Vacation. Selected label works nº 1 Permanent Vacation. Selected label works nº 1

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Varios VariosPermanent Vacation. Selected label works nº 1

8.1 / 10

Permanent Vacation. Selected label works nº 1 PERMANENT VACATION

Imaginemos una fórmula musical –en analogía con las fórmulas químicas– en la que existieran compuestos como ‘balearic disco’, ‘Alemania’ y ‘2006’. ¿Cuál de todos estos compuestos sería el inestable? ¿Dónde existe el riesgo? Se podría pensar que ‘balearic’ y Alemania, por aquello del frío y la rectitud teutona, podrían ser elementos contradictorios –hasta que se repara en que en la antigua Prusia siempre se ha hecho dub y downtempo con elementos afro y que no se puede juzgar a nadie por la cuadratura de su mandíbula–, pero donde rechina la fórmula de verdad es en la fecha. Echando la vista atrás recordaremos que, en 2006, Berlín y el resto de la escena –Permanet Vacation son de Hamburgo, que es casi lo mismo– era una concentración inagotable de sellos y DJs alineados con la actualidad del minimal techno, un ejambre de crujidos y ritmos 4x4 comprimidos, digitalizados, enfriados, intercambiables. Berlín, en tanto que capital y centro neurálgico de la escena teutona, se estaba llenando de canadiense, suizos, norteamericanos e incluso de otros alemanes –sellos paradigmáticos del techno-con-clicks como Perlon se estaban mudando ahí, en busca de oxígeno para salvar el negocio–, y el dominio del techno, en este su año de máximo apogeo, era capaz de asfixiar cualquier otra iniciativa que se saliera de esos apretados márgenes.

Así, Tom Bioloy y Benjamin Fröhlich seguro que lo tuvieron difícil para comenzar con un sello en el que se despreciaba cualquier contacto con el techno frío y anguloso. Ellos venían de la larga tradición disco, de escuchar italo y odiseas sintéticas fechadas en los años setenta en Canadá, Francia o Suiza; allí donde otros entendían el mundo como un amanecer de ketamina en un after, en Permanent Vacation soñaban con cruceros por el sistema solar a lomos de una humilde Enterprise. Y arrancaron el sello con una mixtape de clásicos olvidados e incipientes producciones que hurgaban en los primeros instantes del revival cósmico, publicaron también el “Camino del sol” de los brasileños Antena –con remixes de Joakim y Todd Terje–, y lo que pudo haber sido un suicidio acabó por ser una de las primeras fisuras en la coraza del minimal. Cuando no parecía haber alternativa, en Permanent Vacation la ofrecieron nítida y sencilla: tempo house, maximalismo armónico, arpegios, sol y brisa fresca. No iban contra nadie, pero se volvieron necesarios.

Tres años después, la consolidación de Permanent Vacation como sello puntero de la nueva escena disco es evidente: mientras todos aquellos sellos de minimal que impedían ver el bosque han ido despareciendo –los oportunistas, como las ratas, son las primeras en abandonar el barco cuando éste se hunde–, o se han pasado al horripilante mundo del comercio digital, aquí se sigue planchando vinilo de buen gramaje, se van descubriendo artistas, se ficha con criterio – Sally Shapiro, por ejemplo, ya hace un año y medio que es artista de la casa– y se pueden permitir lanzar esos recopilatorios que reúnen, para quien no es DJ, o fetichista, o audiófilo, lo mejor de la casa en CD. Este es el primero, aunque sea incompleto: cubre de la referencia 18 en adelante ( “Axis shift”, de Lexx), en especial cuando comenzó a cambiar el diseño de las galletas de los maxis y se optó por esos colores pastel difuminados, envueltos en leves círculos, tan de los años setenta, en la línea del logotipo del sello Vertigo.

Podríamos repasar el doble CD tema por tema, pero en realidad sería redundante: el hilo argumental es el mismo, y las diferencias entre temas no son especialmente destacadas: algunas ponen el acento en lo vocal –las canciones de Sally Shapiro, lógicamente, como el “I’ll be by your side” que remezcla Tensnake, o el “Don’t turn it off” de 40 Thieves, con el clásico latiguillo de las viejas canciones disco; también hay una colaboración exclusiva entre los jefes y Kathy Diamond en “Tic toc”–; otras abundan en las señas de identidad de lo baleárico –capas ambientales prolongadas, arpegios de sintetizador o de guitarra electrificada, congas suaves–. Desde el “Balearic incarnation” de Dolle Jolle al remix que firma Superpitcher de “Iridium” ( Lullabies in the Dark), de los remixes de Holy Ghost! para Panthers y Only Fools and Horses al tratamiento house descarnado que aplican Hercules & Love Affair en el “Falls” de Bostro Pesopeo, lo que incluye “Permanent Vacation. Selected label works nº1” es un viaje agradable y pulsante al cénit de la música disco, a los orígenes del house y al centro del revival baleárico-espacial.

Juan Pablo Forner

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