Perhaps Perhaps

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Logreybeam LogreybeamPerhaps

7.1 / 10

Ha pasado tanto tiempo desde su debut discográfico, el enigmático “It’s All Just Another Aspect Of Mannerism” que publicó en el sello Type en 2004, que habíamos olvidado por completo a Logreybeam, el proyecto personal del músico californiano Gabriel Morley. Era aquel un álbum extraño, de múltiples resonancias –neo-impresionismo, música de cámara, contemporánea–, que sobresalía por el dominio exquisito de la instrumentación en un contexto electrónico del que hacía gala su autor, personaje con asombrosa y envidiable formación académica que sabía volcar sus conocimientos en una propuesta musical alejada de la ortodoxia y la tradición. Una propuesta que, de hecho, apuntaba maneras en el circuito neoclásico que por entonces empezaba a hacerse un hueco en la escena musical internacional.

Es por ello que choca y sorprende la ausencia y el silencio discográfico de Morley en estos ocho años, intervalo en el que tan solo editó “rem.rem”, una reedición de su puesta de largo acompañada por una serie de remezclas de las canciones del mismo. Es como si no hubiera sentido la necesidad de volver a ello, como si la creatividad estuviera estrechamente ligada con su estado de ánimo. Lo hace ahora con “Perhaps”, un disco exquisito, de aspiraciones más modestas, en el que el norteamericano aparca un poco sus latidos más experimentales y oscurantistas para centrarse en un discurso de aspecto más romántico. El piano se convierte en el recurso instrumental protagonista, pero comparte espacio e intenciones con el acordeón, el otro gran elemento expresivo del que se vale Logreybeam para perfilar su discurso y para darle ese perfume propio de la Europa antigua que marca su recorrido.

Así, “Perhaps” se mueve en varios territorios de forma simultánea: las sonatas, de corte muy Satie; el folk eslavo y balcánico, en pinceladas esporádicas pero importantes en el contexto del álbum; y la neoclásica, muy en la línea de los grandes nombres del género. Todo ello traducido en composiciones breves y contenidas que esquivan como pueden la tentación de la épica y la grandeur que muchas veces parece viajar en consonancia con la escena a la que pertenece. Tres vértices bajo los que se mueve una idea reconocible, incluso predecible, de su discurso, pero que vuelve a evidenciar y plasmar la maestría técnica con la que Morley expone y da vida a sus partituras, uno de los principales puntos de interés de su planteamiento. Su delicadeza y fulgor melancólico, de proyección otoñal, quizás contrasten con la canícula y sus exigencias hedonistas, pero merece la pena encontrar un momento de abstracción personal para adentrarse en su universo de días lluviosos, cielos encapotados y recuerdos dañinos que propone Logreybeam.

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