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8 / 10

Sergio Pérez García, además de estar enamorado de su guitarra, siempre ha sido un yonqui de la chatarrería analógica. No destripamos ningún secreto si decimos que para él los obsoletos teclados Korg son pura metadona. Aunque no ha sido hasta ahora que junto a su pareja, Luciana della Villa (la bajista de Sibyl Vane, que también le acompañaba en los esputos punk de Thelemáticos), ha decidido renunciar a las premisas de su currículum previo para salirse por la tangente con el mejor proyecto de su ya dilatada carrera, que al final se ha llevado Canada. Pegasvs no inventan nada nuevo. Ni lo pretenden. Pero zambulléndose en las estructuras más pop del krautrock (llámese a partir de ahora krautpop), el dúo se posiciona como los primeros de la clase en el terreno de la arqueología electrónica de los 70s con un disco que es más adictivo que el polvo de ángel. Partiendo del repetitivo ritmo motorik que popularizaron Neu!, la templanza de los Stereolab de mediados de noventa, y referentes del pop sintético como Gary Numan (que asoma la cabeza en “No Volverá” para dejarnos claro que “Are Friends Electric?” sigue siendo vanguardia más de 30 años después de su estreno), Pegasvs nos agarran de las pelotas para que les acompañemos a un pasado no tan remoto en el que el hombre, a diferencia de ahora, dominaba con precisión las primitivas tecnologías que estaban a su alcance.

Destripar el disco canción por canción carece de sentido. “Pegasvs”, en el poco más de media hora que dura, debe entenderse como un todo, un viaje retrospectivo que se vale de las mismas baterías sampleadas ( “Atlántico” y “Sobre las Olas”, por ejemplo, están cortadas por el mismo patrón melódico) y el reciclaje de recursos a lo largo de sus nueve temas. ¿Y no aburre o acaba haciéndose cansino?, podría preguntarse más de uno. Pues no, para nada. Ese contraste entre la abrupta agresividad de sus melodías y el meloso acento argentino de Luciana atrapa desde la primera escucha con una colección de temas que suenan a hitazos absolutos sin pretenderlo. Quienes se volvieron locos ante aquellos tres avances sonoros titulados “La Melodía Del Afilador”, “Atlántico” o El Final De La Noche amaran por igual las inéditas “Inmortal” o la pesadilla reverberizada de “Sol de Medianoche”. Con permiso de John Talabot, ya tenemos el segundo candidato a mejor disco nacional del año.

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