Peaks and Troughs Peaks and Troughs

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Mikkel Metal Mikkel MetalPeaks and Troughs

7 / 10

Mikkel Metal  Peaks and Troughs ECHOCORD

Lo de telefonear y pedirle cita a Tikiman –o Paul St. Hilaire, que es como desde hace unos años se hace llamar, muy de pilamente, el vocalista caribeño– se ha convertido en una convención de la escena techno-dub que cada vez da más repelús y, lo que es peor, indica pocas ganas de escurrirse la meninge. Tikiman, ustedes ya saben, era quien ponía la voz en Rhythm & Sound, el alias más roots reggae de Basic Channel, y desde entonces parece como si la franquicia le correspondiera en exclusiva: los epígonos del dúo berlinés, enfrascados en la recreación del aura hipnótica y envolvente del dub latiendo bajo mudas de ambient y beats de techno reptante, cuando necesitan una voz, le llaman a él. Lo hace el danés Mikkel Metal, que le entrega hasta cuatro cortes de este nuevo LP al hombre que huele a monte –antañazo ya hubo otros para Kompakt y su propia marca, Echocord–, y en pocos días también lo hace Intrusion –o sea, Stephen Hitchell, de DeepChord– en el suyo correspondiente, siguiendo la corriente por la que también flotan Beat Pharmacy y Deadbeat. Por una parte, se comprende el alquiler: es como esa nueva figura del jazz que contrata a la antigualla que una vez tocó la pandereta y la zambomba en un disco de John Coltrane, pero por otra uno se acuerda de aquel chiste de Eugenio, el del tipo que se cae por un precipicio, se agarra a una rama, escucha la voz de Dios dispuesto a salvarle y aún así inquiere ‘pero… ¿hay alguien más?’. En el techno-dub, pues, no hay nadie más que Paul St. Hilaire para piar entre vaharadas de costo culero, aunque hay que precisar que Mikkel Metal sólo le da un papel relevante en “Jeman”, que es la primera –‘mírala cara a cara, que es la primera’, decía la sevillana–, mientras que en el resto – “Get Over”, “Visions of Life”, “Never Run Away”– se procede a un uso decorativo, se diría que fantasmagórico, de sus ripios: son frases sueltas, susurros al oído, corrientes de aire que ventilan unos esquemas techno nada imaginativos a estas alturas, pero capaces de producir las sensaciones que se esperan de ellos. Metal no ha variado en exceso su rutina: se frena cuando toca echar el bombo al galope, lo deja en un trote simpático, constante, con la cadencia y la fuerza con la que un martillo impacta contra la cabeza de un clavo, y esa sístole y diástole del beat la aromatiza de ecos, de texturas que perfuman cinco minutos de evasión cannábica, a veces con esas voces de las que hablábamos, a veces sin ellas. “Peaks and Troughs” no aporta mucho más a la enésima ola del ramo, más allá de su eficiencia y ajuste a unas reglas de estilo que parece que no las mueva ni dios. Se escucha del tirón sin apreciar bajones, pero está claro que no es Andy Stott. La chispa de la renovación no prende.

Javier Blánquez

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