Paul's Tomb: A Triumph Paul's Tomb: A Triumph

Álbumes

Frog Eyes Frog EyesPaul's Tomb: A Triumph

7.6 / 10

Frog Eyes  Paul’s Tomb: A Triumph

ABSOLUTELY KOSHER

No estoy seguro de si me gustaría tener a Mr. Mercer como profesor de inglés en el instituto. Por un lado sería molón compararlo con Philip Seymour Hoffman e imaginárselo como lo vimos en Happiness (lo cual daría pie, sin duda, a millones de leyendas urbanas sobre sus incapacidades socioafectivas), pero por otro, daría un cierto repelús, un tufo a alma corrompida, a psicodelia mental, que probablemente no haría más que infundir un aura de respeto (y silencio sepulcral) en el aula de este profesor de inglés (en la vida real) que es la voz de Frog Eyes. Aunque hablamos de un respeto ganado a base de meter miedo por su manera de cantar con gorgoritos de ultratumba y música de carnicería (interpreten esto último como quieran). No son un grupo de fácil escucha, eso está claro. Y no iban a cambiar para éste “Paul’s Tomb: A Triumph”. ¿Por qué? Son sus señas de identidad. Vástagos lejanos de la vida paranoica de Joe Meek, consecuencia de musicar mundos radiactivos, como hacen Xiu Xiu, la banda empezó a caminar tras la disolución de la primera banda de Mercer, Blue Pine, con el reclutamiento de Spencer Krug (de Sunset Rubdown y Wolf Parade). Luego vinieron las colaboraciones de Dan Bejar (de Destroyer y The New Pornographers) para el supergrupo Swan Lake, que probablemente no ha hecho más que publicitar el disco del que hablamos ahora.

A base de reverbs, falsetes de tobogán, avalanchas sonoras y baterías secas y bombeando como un corazón artrítico, Mercer se pone la careta de profesor de inglés de los de poner ceros y se viste de gentleman como Nick Cave para lanzar su peculiar verborrea o diarrea vocal, desagradable, pesadillesca, un eco del averno que, sin embargo, termina produciendo adicción. La clave es un morreo sensual con lengua de Captain Beefheart con The Ramones en la peor esquina del peor bar de carretera que os podáis imaginar (y regentado por Crime And The City Solution). Y, obviamente, después de eso, uno no puede volver a casa sintiéndose muy feliz que digamos. Encontramos rabia en “Odetta’s War”, desolación en la épica “A Flower In The Glove”, a los Bad Seeds en un funeral en “The Sensitive Girls” y a un Tom Waits pasado de coca en “Rebel Horns”, donde a veces oímos a Mercer, y a veces ladridos de dobermann. Hay suciedad en “Styled By Dr. Roberts” y la fundación del neosatanismo rock en “Violent Psalms”. Salvo la maravilla agridulce (y también corrompida) “Lear In The Park”, que es instrumental, el resto de temas son progresiones vocales desde el delirio sobre bases negras como el alquitrán.

Pero no hay que asustarse. A pesar de lo oscuro, hay un margen en la cuneta para que podamos coger de la mano a Mercer y nos dejemos llevar por sus tics y sus falsetes microscópicos como si en lugar de estar con un fantasma paseáramos en plena noche con un amigo imaginario que nos confesara todos sus pensamientos y emociones y no tuviera mejor terapia que la de hablar, hablar y hablar y nosotros escuchar, escuchar y escuchar.

Jordi Guinart

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